Megan Maxwell visitó nuevamente Buenos Aires en la Feria Internacional del Libro y lo hizo presentando una propuesta diferente a todo lo que había publicado antes: Viajando con Megan Maxwell, un libro que no es solo una guía de viajes, aunque lo parezca. Desde Santorini hasta Nueva York, desde las calles de Edimburgo hasta el sol de Los ángeles, el libro recorre los paisajes que le robaron el corazón y que dieron vida a sus novelas.
La escritora de romántica —de madre española y padre estadounidense, con más de 50 novelas publicadas— ya había estado en Argentina el año pasado, después de una década de ausencia. Este regreso, entonces, no fue una sorpresa sino una confirmación: el vínculo con el público argentino tiene peso propio. “Las primeras sorprendidas fuimos nosotras al ver que nos habían invitado el año pasado y este año también”, admitió Maxwell en una entrevista durante la feria a Infobae.
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Esta edición de la Feria del Libro, que se extendió del 23 de abril al 11 de mayo en La Rural, Maxwell estuvo acompañada, como el año pasado, por su hija y también escritora Sandra Miró.

Un libro que nació para los lectores
Viajando con Megan Maxwell tiene una historia de origen clara. Durante años, los lectores de Maxwell le preguntaban por los lugares que describía en sus novelas: qué cafés frecuentaban sus personajes, qué vistas la habían inspirado, cómo eran esos rincones que ella nombraba con tanta precisión. La respuesta fue este libro.
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“Lo pensé y dije: ‘Bueno, pues puedo hacer una guía de viajes incluyendo lugares de los que yo hablo en mis novelas, donde haya estado o donde quiera estar’”, explicó la autora. El resultado es un texto en primera persona que mezcla anécdotas personales, direcciones secretas y una filosofía de vida: “Viajar, como enamorarse, siempre tiene un punto de locura”.
La diferencia con sus novelas, señaló Maxwell, es sutil pero real. “Aquí la diferencia es que yo estoy contando algo que he hecho yo y la otra estoy contando algo que ha hecho un personaje.” La escritura fue disfrutable, dijo, y la intención es concreta: que quien cierre el libro tenga ganas de hacer las maletas. “Conocer mundo culturiza y abre la mente muchísimo”, afirmó.
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El deseo femenino como eje
Hay un hilo conductor que atraviesa toda la obra de Maxwell, independientemente del formato: el deseo femenino. En sus novelas románticas, las protagonistas no esperan que les den un beso; lo piden. No esperan que las toquen; actúan. Para Maxwell, eso no es una postura política sino una necesidad narrativa que refleja algo que debería ser obvio.
“El deseo femenino es algo que ha existido y va a existir toda la vida. La diferencia es que antes, por el hecho de ser mujer, tú no podías manifestar lo que te podía apetecer o te podía gustar”, dijo. “Pienso que el deseo femenino es algo que existe y que hay que darle voz”.
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En sus presentaciones en Argentina, Maxwell notó un cambio en el público que la sigue. Las mujeres llegan con más seguridad, hablan de sexo con menos rodeos, y los hombres —cada vez más presentes en sus firmas— reconocen que sus novelas les abrieron conversaciones que antes no tenían con sus parejas. “Vinieron varios y me decían: ‘No nos has ayudado a que mi mujer o mi novia esté más desinhibida a la hora del sexo, sino que nos has ayudado a hablar de sexo, que antes no hablábamos’”, contó.

Esa naturalidad con el tema tiene raíces familiares. Maxwell creció en un hogar donde su madre le habló de sexo con normalidad, sin tabúes, con el objetivo de que tomara sus propias decisiones con información. “Mi madre siempre me dejó muy claro que yo tenía que decidir lo que tenía que hacer siempre, pero con cabeza”, recordó.
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Además, contó una anécdota que arrancó risas: a los 19 o 20 años le pidió a su madre que la acompañara al ginecólogo para empezar a tomar la pastilla anticonceptiva, no porque tuviera relaciones en ese momento, sino porque sabía que en algún momento las tendría. Su madre lo apoyó sin dudar. La abuela, en cambio, era otra historia: cada vez que entraba a la habitación y veía las pastillas en la estantería, reaccionaba con desaprobación y hacia la señal de la cruz. De hecho, mientras Maxwell contaba la anecdota replicó el gesto. “Mi madre es lista”, zanjó. “Lo que hacia era para protegerme y hablarme con claridad”. Esa misma lógica la trasladó a la crianza de sus hijos y, de alguna manera, también a sus libros.
Lo que viene: bodas, guerreras y una novela sin Navidad
Maxwell tiene la agenda llena. Para junio llegó a España Ríete de las bodas, una novela que nació de una incomodidad que lleva años acumulando: la doble vara con la que se juzga a las mujeres maduras que salen con hombres jóvenes. “Me motiva escribir eso ahora mismo. Me ha motivado escribir esa novela desde un punto de vista de una mujer madura, que creo que tengo todo el derecho del mundo a salir con quien me dé la gana y acostarme con quien yo quiera, sin que nadie me tenga que decir nada”, afirmó.
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El mensaje que quiere dejar es directo: “Chicas, si veis a una mujer con un chico joven, aplaudidla, no le echéis piedras.”

Además, ya trabaja en un nuevo libro previsto para noviembre. Este año no habrá temática navideña —algo que sus lectores podrían esperar después de dos años consecutivos con ese sello— aunque Maxwell no descarta volver a ese territorio en el futuro. “No es tradición, porque es que este año no se me ha ocurrido ninguno de Navidad”, aclaró con humor.
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Y hay más: para 2027 planea retomar la saga medieval de Las guerreras, una de sus colecciones más queridas. La decisión llegó, en parte, por las preguntas constantes de sus lectores. “Muchas veces no es que me influencie, pero como veo que me preguntan mucho, digo: ‘Venga, voy a escribir ese’”, explicó.
En cuanto a si Ríete de las bodas llegará a Argentina, Maxwell fue cautelosa pero optimista. “Espero que sí. Normalmente están llegando casi todos los libros. Durante un tiempo estaban llegando con cuentagotas. Ahora parece que van llegando más seguidos”.
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Con más de 50 novelas publicadas y una guía de viajes que es, a su manera, también una declaración de principios, Maxwell sigue ampliando un universo donde las mujeres deciden, actúan y no piden permiso. Y con la certeza, también, de que Argentina la espera.
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