
Cuando Gabriel García Márquez quiso mostrarle al mundo cómo sonaba el Caribe colombiano más profundo, eligió la candela de la voz de Totó la Momposina, de cuyo fallecimiento se informó este martes, y quien con tambores, gaitas y bullerengues llevó durante más de seis décadas la música ancestral de su tierra a escenarios de todo el planeta.
“La música ancestral es la que llega al cielo”, dijo Totó en 2018 en una entrevista con esta agencia en Mompox, a menos de una hora de Talaigua, el pueblo del departamento de Bolívar donde nació hace 85 años como Sonia Bazanta Vides y desde donde emprendió una cruzada para preservar y expandir los sonidos afroindígenas y campesinos del Caribe colombiano.
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La cantante, referente universal de la cultura caribeña, murió el domingo a los 85 años, dejando detrás una carrera que convirtió la cumbia, el bullerengue, el mapalé y el porro en patrimonio sonoro de Colombia ante el mundo.
Sus hijos Marco Vinicio, Angélica María y Eurídice Salomé confirmaron la noticia en una publicación en la cuenta oficial de Instagram de la artista, en la que aseguraron que murió “rodeada de su familia en Celaya (México)”.
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La candela del Caribe
Totó cantaba, bailaba, improvisaba, enseñaba y defendía la tradición oral y musical afroindígena de Colombia con la misma fuerza con la que rechazaba los sonidos que consideraba vacíos.
“Yo soy ‘claridosa’, a mí no me meten cuentos”, dijo en aquella conversación con EFE, en la que criticó el reguetón y otros géneros urbanos porque, en su opinión, eran “un invento (...) para dañarle el oído a los muchachos”.
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Su voz áspera y poderosa, acompañada de tambores, gaitas y maracas, se convirtió durante décadas en una de las imágenes más reconocibles de Colombia en el exterior.
Grabó discos emblemáticos como La candela viva, Pacantó y La bodega, e interpretó canciones como “El pescador”, “Yo me llamo cumbia” y “Aguacero de mayo”, que terminaron convertidas en himnos populares.
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Pero Totó también tenía una presencia escénica irrepetible. En 2018, ya con 78 años, se subía al escenario con una vitalidad que sorprendía incluso a sus músicos.
“Estoy dando una lección”, dijo entonces en pleno concierto en Mompox antes de bailar frente al público y tomar un sorbo de una botella: “Es agua, no es ron”, aclaró emitiendo una de sus sonoras carcajadas.
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Hija y madre musical
Heredera de una tradición musical de varias generaciones de su familia, Totó dedicó la vida a preservar los sonidos campesinos y afrodescendientes del Caribe colombiano y a demostrar que podían dialogar con públicos de cualquier parte del mundo.
Su madre, Livia Vides, era cantora y bailarina; su padre, Daniel Bazanta, percusionista; y su abuelo dirigía una banda en Magangué, un pueblo de Bolívar de la cuenca del río Magdalena, como Mompox y Talaigua.
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Durante la violencia de mediados del siglo XX, su familia tuvo que desplazarse de la región Caribe hacia Bogotá, donde la casa de los Bazanta Vides terminó convertida en punto de encuentro de músicos, estudiantes y artistas que encontraban en la música una forma de mantener vivas sus raíces.
A finales de los años setenta recorrió pueblos ribereños del río Magdalena junto a la antropóloga Gloria Triana para aprender directamente de cantadoras y tamboreros tradicionales, una experiencia que marcó para siempre su forma de entender la música como memoria cultural y forma de vida.
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Reconocimiento internacional
La dimensión internacional de Totó se consolidó en diciembre de 1982, cuando integró la delegación artística que acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, después de que el escritor pidiera celebrar el reconocimiento rodeado de cumbias y vallenatos.
Tras ese viaje, Totó se instaló una temporada en París y estudió historia de la danza, coreografía y organización de espectáculos en la Universidad de La Sorbona, una experiencia que impulsó todavía más su reconocimiento internacional.
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Desde entonces llevó la música del Caribe colombiano a escenarios de América, Europa y Asia y colaboró con artistas como Carlos Vives, Gilberto Gil y Calle 13, con quienes creó el icónico tema “Latinoamérica”, convertido con los años en himno de resistencia, identidad y dignidad para millones de latinoamericanos.
En 2013 recibió el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical por su trayectoria y por su contribución a la preservación de la música folclórica.

Aunque se convirtió en una figura global, nunca abandonó el lenguaje popular ni la defensa de la música tradicional: “Apoyar el folclor de Colombia y de todas partes” era su misión para que esos sonidos perduraran “para siempre porque esos son puntos de referencia”.
Sobre cuánto tiempo seguiría cantando, Totó respondió entonces con la sencillez que la caracterizaba: “Hasta que Dios quiera”.
Su despedida de los escenarios llegó en 2022, en el Festival Cordillera de Bogotá, donde compartió tarima con Adriana Lucía y Nidia Góngora en un concierto que terminó convertido en un homenaje colectivo a la mujer que mantuvo viva la candela del Caribe colombiano.
El próximo miércoles 27 de mayo los restos mortales de la artista llegarán al Capitolio Nacional de Bogotá para “celebrar su vida y obra” en un homenaje póstumo de cuerpo presente, informaron sus hijos.
Fuente: EFE.
Fotos: Colprensa y archivo.
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