Treinta y un bandoneonistas de Argentina, Francia, Japón, Colombia y España, en un amplio y maravilloso arco etario que va de los 22 a los 90 años, participan en Fueyerías, un álbum que recorre la historia, el presente y la proyección internacional del tango a través de trece piezas grabadas en Buenos Aires, Córdoba, París, Tokio, Madrid y Medellín. Este monumental álbum, que se presenta en vivo el sábado 30 de mayo en La Carbonera (Carlos Calvo 299, San Telmo CABA), es el proyecto más ambicioso del bandoneonista, compositor y docente Pablo Jaurena, realizado en coproducción con el contrabajista y productor Ignacio Varchausky. Dos fieles guardianes de una tradición centenaria (y troncal) en la música popular argentina.
La génesis del proyecto se remonta a fines de 2023, cuando Jaurena regresó de Sevilla tras participar en la ceremonia de los Latin Grammy, donde su disco solista Retrato del aire había sido nominado. “Empecé a pensar en un nuevo proyecto y recordé algo que había hecho antes: grabar un single con cuatro bandoneonistas, una recreación de un arreglo de Piazzolla que yo había transcripto de oído porque no encontraba la partitura", cuenta Jaurena en diálogo con Infobae Cultura. Ese antecedente —el single “Recuerdos de Bohemia”— fue el disparador de una pregunta más grande: ¿Qué pasaría si ese formato de ensamble de bandoneones se convirtiera en un proyecto coral?
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La investigación que siguió deparó hallazgos que ordenaron el repertorio en tres ejes: rescate histórico, nuevas composiciones y nuevos arreglos. Bajo el primer vector, Jaurena se dedicó a rastrear versiones de ensambles de bandoneones que habían quedado en el olvido, ya fuera porque nunca llegaron al disco o porque su única grabación tenía décadas de antigüedad. “Me encontré con cuatro o cinco temas en ese formato que estaban un poco olvidados: registros históricos tocados por grandes bandoneonistas que nunca habían llegado al disco”, explica el músico cordobés. La condición que se impuso fue que, siempre que fuera posible, alguno de los músicos que había estrenado esas piezas participara en la nueva grabación.

Los maestros, en el centro
Ahí reside uno de los aspectos más singulares de Fueyerías: la convivencia de generaciones. El primero de los “históricos” convocados fue Víctor Lavallén, histórico bandoneonista de la orquesta de Osvaldo Pugliese, hoy con 90 años. “Le dije que había transcripto lo que él había grabado en el año 65 con Pugliese y le pregunté si no quería volver a grabarlo con colegas. Me dijo: ‘Sí, qué bueno, qué divertido sería’. Ese fue el puntapié inicial, el aval de Víctor”, recuerda Jaurena. La pieza en cuestión es “Canaro en París” nada menos, un arreglo de Julián Plaza para cuatro bandoneones y contrabajo que la fila de la orquesta de Pugliese había grabado en 1966, al regreso de una gira por Japón. Para esta versión, la música fue transcripta desde la grabación original y la partitura revisada por el propio Lavallén. Más tarde, en el archivo de Julián Plaza, apareció el manuscrito original, lo que permitió cotejar las tres versiones: la grabación, la transcripción y el papel escrito a mano.
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Otro momento de peso histórico es “Loca Bohemia”, de Francisco De Caro. La pieza tiene su origen en un homenaje televisivo a Piazzolla emitido en 1986 en el programa Badía y Compañía, donde Leopoldo Federico, Dino Saluzzi, Daniel Binelli y Rodolfo Mederos tocaron en cuarteto con un arreglo de Roberto Pansera. Nunca había existido una grabación de estudio de ese encuentro. En Fueyerías se concretó por primera vez, con la participación del propio Binelli —quien aportó los manuscritos originales— junto a Santiago Segret y Daniel Ruggiero. Jaurena se encargó de transcribir las partes que habían sido improvisadas en el set televisivo e incorporó, además, una sección de improvisación que estaba prevista en el arreglo original pero que en 1986 no se había ejecutado.
Lisandro Adrover (80 años) es otro de los maestros presentes. En “Quejas de bandoneón”, de Juan de Dios Filiberto, grabó el famoso solo de la mano izquierda de un arreglo de Arturo Penón que él mismo había registrado con los bandoneones de Pugliese en 1979. La grabación fue realizada en París, en el Conservatorio de Gennevilliers, con la participación del instrumentista francés Lysandre Donoso —quien realizó la transcripción—, Carmela Delgado y el mendocino Fabrizio Colombo.
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En “Flores Negras”, de Francisco De Caro, el álbum recupera un arreglo que Leopoldo Federico tocó en su última gira por Japón, en 2002, junto a músicos japoneses. El arreglo permaneció inédito. Para esta grabación, realizada en Tokio en noviembre de 2025, participaron cuatro bandoneonistas orientales —tres de los cuales estuvieron en aquella gira— y el contrabajista Horacio Cabarcos, integrante histórico de la orquesta de Federico y también presente en aquella gira.
Una obra de alcance global
Para Ignacio Varchausky, el disco trasciende la suma de sus partes. “Es una de las experiencias musicales más multiplicadoras e integradoras que haya dado el bandoneón en muchísimos años. Este disco es un aporte a la cultura argentina, a la cultura del tango y a la cultura del bandoneón“, afirma. Y añade: “Aquí hay un Víctor Lavallén que con noventa años toca mejor que nunca y desde él hasta los alumnos de Pablo en Córdoba hay varias generaciones de bandoneonistas que aportan su propia visión y experiencia con el instrumento”.
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El productor y fundador de la fundamental Orquesta El Arranque también subraya que el formato de ensamble de bandoneones —dúos, tríos, cuartetos, sextetos— es una tradición prácticamente desconocida. “Para los bandoneonistas es una tradición conocida, pero para el público general es realmente una novedad. No existía hasta aquí un disco que represente este tipo de posibilidad de combos entre bandoneonistas”, señala Varchausky.

El eje de nuevas composiciones incorpora obras escritas especialmente para el disco. Rodolfo Mederos (85) compuso “Un Dios hecho cenizas”, arreglo para cuatro bandoneones que grabó junto a Jaurena, Franco Bruschini y Sofía Calvet. Juanjo Mosalini aportó “Lomé”, grabada en el Conservatorio de Gennevilliers de París, donde su padre Juan José fundó la primera cátedra de bandoneón. Juan Pablo Jofré, sanjuanino residente en Corea, escribió “Before the curtains” (Antes de las cortinas), un preludio grabado en Tokio en su primera versión para dos bandoneones. Y Jaurena compuso “Paisaje cafetero”, un homenaje a Colombia que traza lazos rítmicos entre el bambuco colombiano, la chacarera y el chamamé argentinos, grabada en Medellín con Marco Blandón y el bogotano Giovanni Parra.
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El tercer vector, el de los nuevos arreglos, incluye piezas de Néstor Marconi (83), quien escribió versiones inéditas de “Che Buenos Aires” —en homenaje a su compañero de la Orquesta del Tango de Buenos Aires, Raúl Garello— y “Responso”, de Aníbal Troilo, grabada en Córdoba con alumnos de Jaurena: Gaspar Tatián, Astor Cuquejo y Felipe Etkin. El pianista y bandoneonista Claudio Constantini firmó el arreglo de “Milonguero viejo”, del gran Carlos Di Sarli, grabado en Madrid. Y “Abandono”, de Pedro Maffia, lleva la firma de Julio Pane, maestro de Jaurena durante años, quien falleció antes de poder participar en la grabación. Su hijo, Leandro “Yoyo” Pane, fue quien grabó el dúo. “Este arreglo fue escrito por Julio pero no llegó a estrenarse. Personalmente, presencié una de las jornadas de escritura de este arreglo”, cuenta Jaurena no sin emoción. En la pieza se puede apreciar, según sus palabras, “al otro Julio, el de la escritura densa y contrapuntística, en donde dos bandoneones suenan como muchos más”.

La dimensión del viaje
Para completar el álbum, Pablo Jaurena recorrió más de 84 mil kilómetros. Además de las sesiones en Buenos Aires y Córdoba, el proyecto llevó al equipo a Tokio, París, Madrid y Medellín, ciudades que él identifica como los principales polos de desarrollo del bandoneón fuera de Argentina. “Los dos centros con mayor desarrollo del bandoneón fuera de Argentina son París y Tokio. Medellín es quizás la ciudad más tanguera de Latinoamérica, por toda esta historia con Gardel y su festival de tango muy importante”, explica.
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El proyecto tiene además una dimensión audiovisual: cada uno de los trece temas del disco contará con su propio videoclip, desarrollado junto al equipo de Yael Smulevich y Tan Dun, que se irán estrenando de forma gradual (ver al comienzo de esta nota el correspondiente a “Canaro en París”). Y el registro de todos los encuentros —ensayos, conversaciones, grabaciones— alimentará un documental en producción. La presentación en vivo del 30 de mayo en La Carbonera, se anuncia, contará con la presencia de Mederos, Lavallén, Adrover, Camilo Ferrero, Ramiro Boero, Daniel Ruggiero, Sofía Calvet, Natsuki Nishihara, Leandro Pane, Astor Cuquejo, Gaspar Tatián y Cabarcos, entre otros.
Fueyerías no es solo un disco: es un acto de memoria activa. En sus trece piezas conviven el bandoneonista de 90 años que grabó con Pugliese y el alumno cordobés que acaba de encontrar su voz en el instrumento, el arreglo manuscrito rescatado de un archivo y la composición escrita para una ciudad que nunca pisó la orilla del Río de la Plata. Que todo eso quepa en un mismo álbum —y suene como una sola conversación— dice algo sobre la vitalidad de una tradición musical que, lejos de replegarse sobre su propio pasado, sigue expandiendo sus fronteras.
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[Fotos: Monique Feil; Yael Szmulewicz]
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