
La Bienal de Venecia, el evento artístico más antiguo e importante del planeta, abrió sus puertas para invitados - que incluyen de funcionarios a coleccionistas- antes de hacerlo para el público general, el sábado 9 de mayo, con una edición plagada de polémicas, renuncias y acusaciones cruzadas.
Más allá de esto, en lo que respecta al arte, el evento presenta una edición centrada en lo contemporáneo por sobre la reescritura de la Historia del arte, como venía sucediendo en las últimas ediciones.
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La Bienal más política
Todo evento global siempre es político. Desde la elección de los artistas a los temas que se buscan representar o a quién se pone al frente para llevar adelante estas decisiones, pero nunca la Bienal tuvo tanto ruido en los meses previos.
El primer cimbronazo llegó con la inesperada muerte de su curadora principal, la camerunesa Koyo Kouoh en mayo de 2025, por lo que le tocó al jurado internacional, liderado por Solange Oliveira Farks y conformado por Zoe Butt, Elvira Dyangani Ose, Marta Kuzma y Giovanna Zapperi, seguir las directivas para llevar adelante el evento que tiene como lema “In Minor Keys”.
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La semana pasada la totalidad del consejo presentó su renuncia en medio de una controversia geopolítica sobre la exclusión de artistas de países implicados en crímenes de guerra, lo que desató una crisis inédita y la necesidad de modificar radicalmente el modo en que se otorgarán sus premios más prestigiosos.
El jurado informó que su decisión responde a la postura oficial que el grupo había divulgado el 22 de abril: no considerar para los Leones de Oro y de Plata —los máximos galardones de la Bienal— a participantes de Estados actualmente imputados ante la Corte Penal Internacional (CPI) .
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Esta posición afectó directamente a Rusia e Israel, cuyos gobiernos enfrentan sendas órdenes de arresto internacional emitidas recientemente. En 2023, la CPI solicitó la detención del presidente ruso Vladimir Putin por presuntos crímenes de guerra en Ucrania y, en 2024, del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por acciones atribuidas a su país en Gaza.
Ante la ausencia del jurado, la Bienal anunció un mecanismo inédito para los premio: los visitantes elegirán mediante voto popular “al Mejor Participante de la 61ª Exposición” y “a la Mejor Participación Nacional”.
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“Esto es coherente con el espíritu fundacional de La Biennale, basado en la apertura, el diálogo y el rechazo de toda forma de cierre o censura. La Biennale busca ser—y debe seguir siendo—un lugar de tregua en nombre del arte, la cultura y la libertad artística”, explicaron en un comunicado desde la organización.
Este cambio de paradigma presenta varios conflictos a futuro: qué sucede cuando se corre a los especialistas en la elección, cómo será el control de estos votos y qué lugar tendra el lobby, que siempre existe, en la elección.
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El aislamiento de Rusia se concretó el 28 de abril, luego de intensas presiones de autoridades políticas y culturales europeas y tras la intervención directa del ministro de cultura italiano Alessandro Giuli. Así, el pabellón ruso permanecerá cerrado al público general durante la 61ª edición, aunque abrirá sus puertas en la previa reservada a invitados.
Además, una decisión de la Unión Europea de retirar un aporte de 2 millones de euros (USD 2,3 millones) debido a la implicación rusa afectará la financiación de la Bienal proyectada para 2028, lo que podría alterar la escala o el formato del evento.
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Por su parte, Israel, cuyo envío despertó fuertes críticas, enfrenta a su vez la oposición de casi 180 expositores y curadores, que firmaron una carta organizada por la Art Not Genocide Alliance para exigir su exclusión.
Pese a las presiones, Belu-Simion Fainaru —escultor nacido en Rumania y radicado en Israel desde la década de 1970, y representante israelí para esta edición— denunció ante Artnet News lo que considera “un precedente censurador incompatible con los valores históricos del evento”. A diferencia de Rusia, Fainaru recibió el respaldo expreso del ministerio de cultura italiano, cuyo titular conversó personalmente con él el 29 de abril.
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“Me opongo a la discriminación, el racismo y los boicots en todas sus formas. Creo en los principios fundamentales de la libertad de creación y de expresión, que deben permanecer en el centro de cualquier plataforma artística. La esencia misma del arte debe trascender la política y funcionar como un puente entre culturas, no como un instrumento de división”, dijo el artista.
La última polémica llegó el día antes a la inauguración, cuando desde la organización se anunción que Irán no participa del evento, aunque no revelaron las razones de la decisión. Sumadas a las otros conflictos, la decisión refuerza la idea de que el influjo geopolítico tiene cada vez mayor relevancia sobre los grandes eventos culturales globales.
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Sobre “In Minor Keys”
La edición 2026 da un giro radical, ya que deja atrás la reescritura de la historia del arte que predominó en años recientes para centrarse de nuevo en la producción contemporánea y en artistas de trayectoria media con visibilidad internacional creciente.
La muestra, que reúne a 111 artistas de todo el mundo, tiene como uno de los datos demográficos más sobresalientes es que la proporción de artistas vivos dentro de la exhibición supera el 90 %, dato comparable con la Bienal de 2019, bajo la curaduría de Ralph Rugoff.
En contraste, las ediciones inmediatas anteriores presentaron una orientación retrospectiva abrumadora: en 2022, bajo Cecilia Alemani, el 44 % de los elegidos ya habían fallecido; en 2024, con Adriano Pedrosa, la cifra subió hasta el 64 %, con casi 50 nacidos en el siglo XIX. Además, la cantidad total de participantes ha sido ajustada drásticamente: los 111 de Kouoh representan una notable reducción frente a los 331 de Pedrosa .
Esta edición consolida un énfasis en la contemporaneidad con la participación central de artistas en pleno desarrollo profesional. Entre los 107 creadores vivos seleccionados, 66 nacieron entre 1950 y 1980 —intervalo que agrupa a las generaciones boomer y X—, proporción que supera el 60 % y que no se veía desde la muestra de Rugoff en 2019.
Destacan nombres con presencia consolidada en la escena internacional como Nick Cave (1959), Carsten Höller (1961), Alfredo Jaar (1965) y Kader Attia (1970); junto a ellos figuran creadores con trayectorias consolidadas en sus regiones, como Godfried Donkor (Ghana, 1964), Yoshiko Shimada (Japón, 1959), Daniel Lind-Ramos (Puerto Rico, 1953) y Alice Maher (Irlanda, 1956), quienes tendrán aquí su debut global. En cambio, sólo el 4 % de los participantes nació en la década de 1990, una caída notable frente al 16 % de 2024.
La conformación geográfica del programa revela que se optó por una distribución equilibrada entre el llamado Occidente y el Sur Global. Según la comparación demográfica, la proporción entre artistas nacidos en regiones occidentales y no occidentales se aproxima al 50/50, alineándose otra vez con la tendencia de 2019.
En la muestra de Alemani en 2022, el 75 por ciento provenía de Europa y América del Norte; Pedrosa, en 2024, privilegió con igual proporción a creadores del Sur Global, tendencia que se modera con Kouoh. No obstante, los porcentajes muestran matices sustanciales: el 20% de los artistas de este año nacieron en Africa (el doble que en 2024 y más del triple que en 2019 o 2022), mientras que 15 proviene de América Latina y el Caribe —cifra menor que el 33% de 2024, pero mayor que los registros anteriores—. Los nacidos en Asia oriental o sudoriental caen al 7 %, cuando en 2019 representaban el 20%.
Los artistas de la región que participan, en la muestra central no en los pabellones nacionales, incluye a Alvaro Barrington (1983, Venezuela), Carolina Caycedo (1978, Colombia), Annalee Davis (1963, Barbados), Edouard Duval-Carrié (1954, Haití), Sofía Gallisá Muriente (1986, Puerto Rico), Leonilda González (1923, Uruguay), Ayrson Heráclito (1968, Brasil), Alfredo Jaar (1965, Chile), Natalia Lassalle-Morillo en colaboración con Gloria Morillo (1991, Puerto Rico), Daniel Lind-Ramos (1953, Puerto Rico), Maria Magdalena Campos-Pons & Kamaal Malak (1959, Cuba y 1962, EE.UU.), Guadalupe Maravilla (1976, El Salvador), Manuel Mathieu (1986, Haití), Eustaquio Neves (1955, Brasil), Guadalupe Rosales (1980, EE.UU.), Celia Vásquez Yui (1960, Perú) y Gala Porras-Kim (1984, Colombia) con un Special Project.
El repertorio total incluye 64 mujeres, 48 hombres y dos artistas que utilizan pronombres neutros, además de cinco duplas creativas, un colectivo y seis organizaciones lideradas por artistas, de las cuales cuatro tienen sede en áfrica.

Entre los casos individuales resalta la presencia de artistas negros e indígenas de Norteamérica, que representan cerca del 43 % del total de esa región. Dos expositoras han sido distinguidas con homenajes destacados: la fallecida Beverly Buchanan, célebre por sus dibujos y esculturas inspirados en la arquitectura de comunidades negras del sur estadounidense, y otra figura que recibirá una instalación santuario llamada “shrine”. Completa la lista la activista y cineasta Linda Goode Bryant, la artista Serpent River Ojibwa Bonnie Devine y Big Chief Demond Melancon, reconocido en Nueva Orleans por sus trajes de Mardi Gras.
Entre los representantes africanos figuran la escritora y performer Werewere Liking (Camerún), la pintora Keniano-estadounidense Wangechi Mutu y la artista textil Billie Zangewa (Malaui).
De América Latina destacan diecisiete exponentes, como el artista puertorriqueño Daniel Lind-Ramos, cuya trayectoria en ensamblaje y arte objetual ahora recibirá atención internacional decisiva.
Cabe subrayar que la metodología utilizada para calcular las proporciones se basa en el lugar de nacimiento y no en el de residencia, lo que puede ocultar trayectorias migratorias como la de Alvaro Barrington, nacido en Venezuela, criado en Granada y Nueva York, y radicado en Londres.

El criterio de selección, habían asegurado desde el equipo curatorial, no prioriza ni a jóvenes emergentes ni a grandes figuras históricas, sino que propone una visión del presente en pluralidad de voces y geografías periféricas en creciente proyección internacional. La única excepción relevante en términos históricos es Marcel Duchamp, fallecido en 1968, quien constituye el único artista nacido en el siglo XIX incluido en la muestra.
La revisión de los datos revela una ruptura nítida respecto a la política de reparación histórica que definió las recientes ediciones, dominadas por el afán de expandir el canon para incluir creadores marginados por género o procedencia. Si la década de 2020 repensó retrospectivamente la gran historia del arte, la Bienal de 2026 sugiere que para los próximos años el presente recupera el centro, aunque resta por ver cómo será la construcción tras las polémicas y la posible falta de financiamiento.
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