Memoria y literatura se unen para una maratón de lectura con textos censurados por la dictadura

El encuentro se realiza este martes en la Feria del Libro con la participación de María y Paula Marull, Mauricio Kartún, Virginia Innocenti, Félix Bruzzone y Luis Gusmán, entre otros

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Libros Prohibidos en la Libreria Hernandez
Libros con memoria, una maratón de voces contra el olvido en la Feria del Libro (Foto: Adrián Escandar: libros prohibidos en la Librería Hernández)

Leer en voz alta, públicamente, durante dos horas, en una lectura colectiva que se vuelve espectáculo, homenaje y rito, es una experiencia que sucede en la Feria del Libro cada año, bajo el nombre de Maratón de la lectura. Este año, esa lectura tendrá un sentido que trasciende el simple homenaje, ya que los textos que se leerán fueron censurados o prohibidos durante la dictadura y en muchos casos sus autores debieron exiliarse si no fueron asesinados o desaparecidos. Será este martes a las 19, en la sala Zona Futuro (al lado de la entrada de Cerviño de la Rural).

Investigar y bucear en esos textos y en los detalles concretos de su prohibición, en el destino de los escritores y escritoras, en la ferocidad con que se destruyeron proyectos comunitarios y editoriales populares implica sumergirse en la oscuridad de un poder embrutecedor. La parte reparadora de toda esta historia es que la mayoría de esos textos -no todos- hoy están publicados y al alcance de los lectores.

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Actrices y actores, escritores y escritoras, editoras, fueron convocados a prestar su voz para que algunos de esos textos prohibidos vuelvan a oírse, en una firme manifestación en contra de la censura y un acto de memoria que reafirma la voluntad de decir Nunca Más.

¿Quiénes serán los lectores y qué autores leerán? Iván Moschner leerá a Griselda Gambaro, Raquel Robles a Enrique Medina, María Marull y Paula Marull a Elsa Bornemann, Félix Bruzzone a Tomás Eloy Martínez, Ingrid Pelicori a Rodolfo Walsh, Mauricio Kartún a Osvaldo Soriano, María Wernicke a Laura Devetach, Patricia Kolesnicov a Blas Matamoro, Kuki Miller a Cecilia Absatz, Osqui Guzmán a Manuel Puig, Luis Gusmán leerá su propio texto, El frasquito, Mónica Sporra a Copi, Julia Coria a Reina Roffé, Rubén Szchumacher a David Viñas, Paula Pérez Alonso a Osvaldo Bayer, Miguel Gaya a Haroldo Conti y Virginia Innocenti a Juan Gelman. Acompaña al piano Marcelo Katz, con música compuesta especialmente para cada texto y momento de la lectura.

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La selección de textos se orientó a la literatura argentina, aunque por supuesto hubo obras políticas, religiosas, clásicos de izquierda, literatura peronista, y textos de otras nacionalidades que fueron prohibidos. Tomamos como fuente la Biblioteca de libros prohibidos de la Comisión de la memoria de Córdoba y Un golpe a los libros de Judith Gociol y Hernán Invernizzi.

Libros Prohibidos en la Libreria Hernandez
Participan María y Paula Marull, Mauricio Kartún, Virginia Innocenti, Félix Bruzzone, Julia Coria y Luis Gusmán, entre otros (Foto: Adrián Escandar: libros prohibidos en la Librería Hernández)

Un plan de persecución a la cultura

El plan sistemático de represión cultural llevado adelante por la última dictadura cívico-militar se dedicó a perseguir intelectuales, incluirlos en listas negras en las que se los clasificaba en relación con su grado de adhesión al marxismo, prohibir su contratación por universidades y organismos públicos, cuando no lisa y llanamente, el secuestro y la desaparición.

El decomiso y la destrucción de cientos de miles de libros estuvo dirigido a bibliotecas populares, como la Vigil de Rosario, bibliotecas universitarias como la de la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba en 1976, o la quema de libros de editoriales, como la perpetrada contra el Centro Editor de América Latina (CEAL), en junio de 1980, en el partido de Sarandí, donde ardieron más de un millón y medio de libros y fascículos durante varios días. La editorial universitaria Eudeba, sufrió en febrero de 1977, el decomiso de 90.000 libros que fueron cargados en camiones militares sin que nunca más se supiera de ellos.

Uno de los blancos preferidos fueron los manuales escolares y los libros para chicos. Aquellos libros en los que se reflejaba la realidad social de los niños o de sus padres trabajadores, que no presentaban una realidad edulcorada, desagradaban a los censores. Autores de ficción como Laura Devetach, Elsa Bornemann, Beatriz Doumerc y Álvaro Yunque, fueron prohibidos por ese realismo o por lo contrario, por su “ilimitada fantasía”, en textos que exaltaban al derecho a la diferencia, la solidaridad entre pares o la rebelión de los de abajo ante reyes y gobernantes despóticos.

En algunos casos, los libros eran prohibidos por decreto del Poder Ejecutivo o autoridades provinciales, bajo cargos de “inmoralidad” o de “propiciar ideologías marxistas”, se ordenaba a las editoriales sacarlos de circulación o se decretaba su exhibición limitada.

Publicada en 1976, Ganarse la muerte, tercera novela de Griselda Gambaro, fue prohibida por decreto de la Junta militar sobre la base de un análisis previo de la SIDE, incluido en la edición de 2016 de la editorial Cuenco de Plata. “Es una obra asocial, dado que trata de mostrar a ésta como un lugar donde impera el híper-egoísmo e individualismo, donde no cuentan ninguno de los valores superiores del ser humano”, se le achacaba a la novela Gambaro, una obra que expone el cinismo con que el sistema ejerce violencia sobre una niña huérfana. Tres meses después del decreto, Griselda Gambaro se exilió en España. “Frente a la prohibición, primero sufrí una especie de shock y, automáticamente, se cortaron las vías de comunicación con el público”, cuenta la autora en Un golpe a los libros de Judith Gociol y Hernán Invernizzi. Tanto esta novela de Gambaro como la de Reina Roffé y Cecilia Absatz, entre otras, habían sido publicadas por Ediciones de la Flor, de Daniel Divinsky y Kuki Miller, quienes también partieron al exilio.

Varios textos ya habían caído bajo la mira de la censura antes del golpe, es el caso de Sólo ángeles de Enrique Medina o The Buenos Aires Affair de Manuel Puig, incautados por la sección de Moralidad de la Policía Federal en enero de 1974. En 1976, la dictadura confirmó la prohibición de los libros de Enrique Medina y la hizo extensiva a cuanto texto suyo apareciera. En 1974 la Policía Federal secuestra de las librerías The Buenos Aires Affair, acusada de pornografía, y la Triple A amenaza al hermano de Manuel Puig -ya que el escritor estaba de viaje- para que Manuel se fuera del país. El escritor no volvió, y desde México, Manuel Puig escribió: “Mi nombre cayó en una especie de lista negra periodística; los cables internacionales sobre mis ediciones no se publicaron más en la Argentina”. La editorial Sudamericana publicó una edición de la novela, censurada en las páginas 107, 110, 115 y 118. Instalado en Nueva York, Manuel Puig se debatía entre publicar o no El beso de la mujer araña, ya que el personaje de Valentín estaba basado en sus entrevistas a presos políticos liberados por el gobierno de Cámpora. Para disimular esa fuente, cambia la fecha de la detención de Valentín pero de todos modos, teme por su familia en Buenos Aires. La novela se publica en España: “En julio, Seix Barral publica El beso de la mujer araña. La novela es prohibida por la dictadura militar recientemente instalada en la Argentina. Varios intelectuales la leen en fotocopias clandestinas que ingresa al país Francine Masiello”, precisa la Cronología de Puig elaborada por Graciela Goldchluk, Jorge Panesi y Julia Romero (UNLP). Mientras tanto, la obra de Manuel Puig era traducida y publicada en Italia, Nueva York, Brasil, México, Hungría y Portugal. En la Argentina, un vacío de cultura afecta a toda una generación.

Libros Prohibidos en la Libreria Hernandez
(Foto: Adrián Escandar: libros prohibidos en la Librería Hernández)

Otros escritores, como Osvaldo Soriano, también partieron al exilio antes del golpe, ante amenazas de la Triple A, y publicaron en España ante la evidente imposibilidad de hacerlo en el país, sin que haya mediado una censura expresa de la Junta militar. David Viñas, también amenazado por la Triple A, integró listas negras en la dictadura y partió al exilio en 1976, donde recibió la noticia de la desaparición de sus hijos María Adelaida, en 1976, y Lorenzo Ismael, en 1980, ambos militantes de Montoneros. Blanco de la censura del gobierno de Aramburu, su novela Los dueños de la tierra, se anticipó varios años a La Patagonia rebelde de Bayer: la novela de Viñas narraba la masacre obrera de 1921, ficcionalizando una experiencia en la que su propio padre había jugado un papel relevante como juez y mediador en el conflicto. En la dictadura, las editoriales que publicaron la novela -Losada, Eudeba y Galerna- sufrieron decomisos y quema de libros. Las denuncias de asesinatos masivos cometidos por los militares desde el poder, previos al Golpe, fueron por Rodolfo Walsh en Operación masacre y por Tomás Eloy Martínez en La pasión según Trelew, y ambos autores silenciados, obligados al exilio en el caso de Martínez, o asesinado por un grupo de tareas, como Rodolfo Walsh.

Por su parte, Olimpo de Blas Matamoro, ostenta el triste galardón de haber sido el primer libro prohibido tras el Golpe del 76. Felizmente reeditado este año por Blatt y Ríos, en su prólogo el autor se pregunta por los motivos de esa persecución, ¿habrá sido, quizás, por haber dedicado la obra a un Osvaldo Luaces, editor de CEAL, asesinado un tiempo antes por los represores? Sin embargo, no habría de ser un detalle menor que Matamoro fuese el cofundador en 1971, junto con Manuel Puig y Juan José Sebreli, del Frente de Liberación Homosexual. O quizás su libro se haya topado con un censor sutil. En la estela de las Mitologías de Roland Barthes, Olimpo hace una mordaz crítica al statu quo del momento, a los medios y a la galería de famosos con que la Argentina de los 70 cristalizaba sus aspiraciones burguesas. Como Reina Roffé, también censurada por su novela Monte de Venus – primera novela lésbica, como la caracterizó Página 12– partieron al exilio madrileño sin volver nunca más al país, con la amargura que ese trasplante supone. “Nací en mi tierra, campo abierto. Vivo en España. Aquella planta se alojó en una maceta madrileña”, escribe Matamoro, autor de más de treinta libros y director entre 1996 y 2008 de la revista Cuadernos hispanoamericanos.

Mascaró, el cazador americano de Haroldo Conti, publicada en 1975 y ganadora del Premio Casa de las Américas, fue prohibida en 1976 después de un detallado -y escalofriante- informe de la SIDE, legajo 2516, en el que se interpretaban sus metáforas y simbología. Como síntesis, se expresa que la novela “propicia la difusión de ideologías, doctrinas o sistemas políticos, económicos o sociales marxistas tendientes a derogar los principios sustentados en nuestra Constitución Nacional”. Secuestrado en su casa de Villa Crespo el 5 de mayo de 1976, cuando volvía del cine con su mujer, Haroldo Conti integra todavía la lista de desaparecidos.

La Maratón de la lectura terminará con dos poemas de Juan Gelman, quien sufrió la desaparición de su hijo y logró después de años de búsqueda, encontrar a su nieta en el año 2000. Exiliado durante la dictadura, la de Gelman es una voz que resuena por su vibrante actualidad en la Oración de un desocupado y que interpela al público en el último poema, para no olvidar.

*Coordinadora de la maratón de lectura dedicada a los libros prohibidos durante la dictadura militar, que se realiza este martes 28 a partir de las 19, en la Sala Zona Futuro (Pabellón Amarillo).

La entrada, los horarios, los días

Entrada: El precio de la entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires es de $8.000 pesos de lunes a jueves y de $12.000, los viernes, sábados y domingos.

Con esa entrada, el visitante recibirá un chequelibro con el que podrá obteber descuentos en librerías cuando termine la Feria.

Ingreso gratis: De lunes a jueves desde las 20.

Fecha: La Feria continúa hasta el 11 de mayo.

Horarios: De lunes a viernes de 14 a 22. Sábados, domingos y feriados, de 13 a 22.

Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704; Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia), CABA.

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