“El Oso” le dicen al muchacho: empezamos mal. La obra se llama Como bestias, ocurre en un pueblo de montaña y el tipo es llamado “Oso” será que algo de bestial tiene, que algo de bestia le ven los demás. Aunque, claro, el espectador -vamos a hablar de una obra de teatro, aunque fuertemente basada en una novela- tiene que sospechar. Algo va a pasar, seguro. La bestia ¿será la bestia? Ese hombre forzudo, raro, que no habla, que gruñe, que en alguna parte, en una gruta, cuidaba a una niña, un hombre que vivía con su madre... ¿ese es la bestia? Y todos esos que hablan de él y de qué pasó ¿son los civilizados, es decir, los buenos?
Esto nos preguntaremos durante la horita y media que dura la obra que dirige Marcelo Moncarz y que se está dando en Buenos Aires, en la sala de Hasta Trilce.

Como bestias sigue palabra a palabra la novela de igual nombre que escribió la francesa Violaine Bérot. Pero para la dramaturgia Mocarz trabajó sobre ese texto con Claudia Piñeiro. Y de la relación entre ellos surgió la idea de la obra.
“Marcelo y yo somos amigos hace muchísimos años y para todos los cumpleaños nos regalamos libros”, cuenta la escritora. “Entonces, en el cumpleaños anterior le llevé Como bestias y le dije: ‘Te lo traigo porque es uno de los mejores libros que leí, pero además porque cuando lo leas vas a querer hacer esta obra de teatro’. Y él inmediatamente quiso hacer la obra de teatro y me convocó a mí para hacer la adaptación. Fue el primer estreno mundial de esta obra".
Aunque en Como bestias haya hadas que cuidan a los niños, la historia sale de una observación de la vida real de la Bérot, que también tiene una historia particular. Trabajaba en informática, yendo de ciudad en ciudad, y un día, en un vuelo, se dio cuenta de que no era esa lo que quería para ella. “Necesitaba cambiar mi vida: Iba a perder dinero pero ganar en felicidad”, pensó. Y se fue a la montaña. Sí, a la montaña, sin electricidad y sin agua corriente. Tiró la computadora por la ventana (es una forma de decir, esto no lo puedo comprobar) y se dedicó a criar cabras y caballos. Y ahí le pasó algo que se relaciona con Como bestias: recibió a chicos de un hospital psiquiátrico y descubrió el vínculo especial que establecían con los animales. Y por ahí viene el Oso. Que, además de tener ese nombre de animal y de gruñir, los cura. En una zona rural, cura a los animales no se sabe cómo.

La novela, enconces, habla de este hombre que no habla y cura, que ha recibido a una niña que no se sabe de dónde salió y al que están juzgando no se sabe bien por qué, aunque a alguno de los que testimonian le llegarán a preguntar si la nena estaba vestida (responde indignado que sí). ¿Será el Oso el padre de la nena? ¿Será una hija oculta de Marieta, la madre del Oso? ¿La robaron?
Es un testimonio tras otro: la maestra de la escuela, un excompañero de clase, un corredor que pasaba por ahí, un ganadero, vecinos. ¿Le hizo algo a la nena en los cinco, seis años en que se hizo cargo de ella? No, está sana. La madre lo defenderá con los dientes apretados. Pero veremos si alcanza.

En la puesta, van hablando uno tras otro. Son parlamentos largos, que sostienen la intensidad y que construyen una historia hecha de muchas versiones. Están los que lo quieren, los que lo defienden, los que lo recuerdan como un niño que sufrió bullying, los que desconfían, los que lo ven como una incógnita: “No sé hasta dónde era capaz de comprender”. Y los que lo atacan: “No me creo ese rumor de que era él quien se hacía cargo de la niña. No. Eso solo pasa en los cuentos. Y aun así, en los cuentos, cuando un ogro se interesa por un niño, siempre es mala señal”.
Está, también, el impactante testimonio de una mujer violada por el bueno de su compañero de trabajo, que la impacable actuación de Yamila Ulanovsky convierte en uno de esos pasajes en que el espectador pierde el aliento: “Y de pronto, no sabes por qué, sin entender qué ha podido pasar ni desatar semejante furia, el amable compañero te empuja contra la mesa, te sujeta las manos, te aplasta la cabeza contra un montón de carpetas, te susurra al oído no te muevas, zorra, no digas nada, no quiero oírte”. El compañero sabe hablar. Que no gruñe. Que no parece un oso: se entiende hacia dónde apunta la obra.
Por momentos se escuchan gritos del joven que está encarcelado. Y llegan las palabras desesperadas de la madre: “Han encerrado a mi hijo, ¿y quieren que me calme?“, Y tambíen: "¿No entienden que lo que le da pánico es la manera que tienen de tratarlo? ¿Que está aterrorizado? ¿Que encerrarlo es lo peor que le pueden hacer? ¿Quieren que se vuelva loco? ¿Que se vuelva definitivamente loco?"
Desde la platea, duele. Ya escuchamos todo, que era una bestia, que hacía milagros, que daba miedo, que era un alma inocente. Escuchamos a todos. Creo no equivocarme si digo que hemos tomado partido.
Cómo ir
Dónde: “Hasta Trilce”, Maza 177
Horario: Lunes a las 20
Entradas: General, $22.000. Estudiantes y jubilados: $20.000 (Alternativa teatral)
Ficha
Autoría: Violaine Berot
Dramaturgia: Marcelo Moncarz, Claudia Piñeiro
Adaptación: Pablo Martín Sánchez
Actúan: Diego Albornoz, Cecilia Cósero, Jerónimo Dodds, Pablo Finamore, Daniela Flombaum, Jorge García Marino, Luis Alberto Gonzalez, Cecilia Labourt, Luz Miraldi, Silvina Muzzanti, Matías Panaro, Junior Pisanu, Marcelo Rodriguez, Lucía Saludas, Pablo Turchi, Yamila Ulanovsky Diseño de vestuario: Jorge Lopez
Diseño de escenografía: Gabriella Gerdelics
Diseño sonoro: Tom CL
Música original: Tom CL
Diseño De Iluminación: Sergio Nicolás Iriarte
Fotografía: Agus Ritell
Asistencia de dirección: Glenda Aramburu
Producción ejecutiva: Adriana Yasky Puesta en escena: Marcelo Moncarz
Dirección: Marcelo Moncarz
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