
La escritora argentina Samanta Schweblin, quien está establecida en Berlín desde 2012, fue seleccionada finalista del Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana, que en su primera edición otorga un millón de euros, por El buen mal. La autora reconoce que este volumen, más extenso que sus anteriores trabajos, le permitió alcanzar “una conexión emocional con los personajes mucho más profunda”, un cambio que atribuye a un proceso personal de menor ansiedad, según dijo en entrevista con el diario español El País.
“Siempre fui muy reticente a hablar de mis razones íntimas para escribir. Con este libro eso ha cambiado. Quizá sea mi libro más personal”, afirmó.
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“Prestar atención es el superpoder más grande que hay en la humanidad”, dijo. La autora advirtió sobre la incapacidad creciente de percibir el entorno, tanto en la vida cotidiana como en lo político: “No hay una sola vez que tome el metro y no me dé cuenta de que el 99% de la gente está mirando su teléfono. Hemos apagado el registro del entorno”.

La pregunta sobre el futuro de la intimidad en la era digital aparece con frecuencia en el diálogo. Schweblin sostiene que la posibilidad de concentrarse y resguardar la privacidad se ha vuelto un acto de resistencia. Entre las estrategias que aplica para preservar ese espacio figuran limitar el uso de redes sociales a un día a la semana, usar VPN y mantener el teléfono en silencio. Sobre el impacto de la IA en la literatura dijo: “La inteligencia artificial podría hacerlo en el futuro; sería ingenuo pensar que no. Pero todavía no ha dado ese paso. No hay manera de que dé un salto hacia afuera. Su avance está atrapado en sus probabilidades”.
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El contexto argentino está presente en el pensamiento y la producción de Schweblin, quien, aunque reside principalmente en Berlín, afirma que su universo literario continúa anclado en su país natal. En esa charla describió su vínculo con la Argentina como una “relación a distancia”, con una rutina de viajes periódicos y un seguimiento constante de la realidad política y social. “La ultraderecha tomó el poder y lo está destrozando todo. No hay una manera más suave de decirlo. Es un momento muy doloroso para mi país... Han despertado todos los monstruos del pasado y los ha vuelto a poner entre nosotros”, dijo.

Schweblin atribuye a la ola feminista latinoamericana entre 2015 y 2017 un cambio decisivo en el mercado literario regional, donde el papel de las lectoras cobró un protagonismo transformador. “El gran cambio, más que en quién escribe, está en quién lee”, sostuvo. Uno de los rasgos más destacados de la narrativa de Schweblin es la presencia de la infancia y la adolescencia como espacios de sabiduría diferencial y, al mismo tiempo, vulnerabilidad. “El niño tiene una sabiduría que no es mejor ni peor que la adulta, pero que es distinta y tiene mucho valor. Es algo que se recupera en la vejez”, afirmó.
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Respecto a la influencia de la dictadura argentina en su generación, la autora observó que ese pasado traumático se manifiesta en su literatura no solo como tema, sino como atmósfera emocional: “En mi generación, incluso cuando escribe realismo o ciencia ficción, aparece siempre un monstruo muy específico, real, invisible, escondido, que mata sin que se vea cómo. Eso fue la dictadura en Argentina, y está en toda mi generación, de Mariana Enriquez a Pedro Mairal”.

Schweblin creció en Hurlingham, en la periferia de Buenos Aires. La residencia en Berlín tuvo su origen en una beca que le permitió seleccionar una vida austera pero dedicada a su oficio, una alternativa que difícilmente podría haber costeado en Argentina debido a la precarización del ámbito cultural. “La pérdida de talento que está sufriendo Argentina es brutal”, afirmó. Su relación con Alemania también está marcada por la historia familiar. El apellido Schweblin —de origen alsaciano— y la presencia de un abuelo que emigró desde Alemania al terminar la Segunda Guerra Mundial forman parte de un relato migratorio que resuena en sus propios desplazamientos.
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El contacto cotidiano con la memoria del nazismo y las manifestaciones neonazis en Berlín se ha convertido en un elemento adicional de reflexión sobre el pasado y su persistencia: “Percibo ese pasado nazi reverberando otra vez. Vivo en una calle por la que cada dos por tres pasan manifestaciones nazis, con la policía cuidándolos por delante y por detrás”. La estructura de lo anómalo como matriz de la normalidad es una idea insistente en la obra y el pensamiento de Schweblin. “En nuestra sociedad todo es normalizable. Somos bichos que se acostumbran muy rápido a todo. Todas nuestras normalidades nacieron de una anomalía”, argumentó.

En su visión literaria y social, la capacidad de atención y la resistencia a lo normativo resultan esenciales para no sucumbir a una dinámica donde el mal se trivializa y se imprime en la vida diaria hasta tornarse invisible.
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Aena es la sociedad estatal española que gestiona los aeropuertos de ese país. El buen mal permanece como una de las obras seleccionadas en su Premio de Narrativa Hispanoamericana, cuyo fallo se anunciará el miércoles en Barcelona.
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