“La cultura es un poder pero para algunos es un gran enemigo”: diez reflexiones de Joan Manuel Serrat en diálogo con Felipe Pigna

La entrevista incluyó recuerdos de los primeros años en Argentina, su historia familiar en la guerra civil española y una definición del presente: “La gente vive con desesperanza y mucho miedo a lo eventual”

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Dos hombres sonrientes de pie, vestidos con blazers, posan frente a un mapa mural de Buenos Aires y cortinas. A los lados, sillones club con cojines rojos
En diálogo con Felipe Pigna, Joan Manuel Serrat repasó su histórico vínculo con Argentina (Foto: Johanna Rambla)

“Hasta que llegué a la Argentina no tuve un encuentro con un mundo y con un territorio con el que inicié una relación que nunca pude imaginar cuando se inició, ni que sería tan larga, tan intensa, tan cercana y donde me ocurrirían tantas cosas que han sido importantes a lo largo de mi vida”. En una cordial y por momentos emotiva conversación con Felipe Pigna, Joan Manuel Serrat repasó su vínculo afectivo con el país, con la ciudad de Buenos Aires, su gente y los músicos argentinos, de María Elena Walsh a Aníbal Troilo y Astor Piazzolla.

A lo largo del diálogo, Serrat también recordó los años marcados por la censura, el reencuentro con el público argentino, sus recuerdos de infancia en Barcelona y la huella de la guerra civil española en su vida familiar (“estuvimos del lado perdedor, mi padre combatió y fue enviado a un campo de concentración. Los perdedores teníamos que soportar una conducta sospechosa, lo que llevaba al miedo”, detalló).

Además, reflexionó sobre el papel de la cultura y la educación en una sociedad democrática, y compartió su mirada sobre la infancia, la memoria y los desafíos sociales actuales en el país. “Una sociedad que dice ser democrática y donde la justicia social no existe, donde no existen como piezas fundamentales de su estructura, un derecho a la sanidad pública, un derecho a la educación pública, es muy difícil de que pueda gustarte”. Por último, reivindicó el valor del arte y el conocimiento: “La cultura es un gran poder. El conocimiento, porque dentro del conocimiento está también la cultura, pero no necesariamente dentro de lo que se llama cultura está el conocimiento”.

Serrat recuerda su infancia en Barcelona y revela el impacto que la guerra civil española dejó en su familia
Serrat recuerda su infancia en Barcelona y revela el impacto que la guerra civil española dejó en su familia

A continuación, diez reflexiones de Joan Manuel Serrat en su conversación con Felipe Pigna (el diálogo completo se puede ver en el canal oficial de YouTube del historiador).

La primera vez que oyó de Argentina

Yo no tenía familia emigrante en Argentina. Tampoco tenía familia emigrante en América con la que hubiera una relación. Luego, con el tiempo, descubrí que en Cuba hay una línea de familia de mi padre, pero esto no lo supe hasta muchos años después. Con Argentina, no... En Cataluña, la emigración se focalizaba más hacia Venezuela. Empecé a tener conciencia de Argentina por la música, por la música de los años cincuenta que podía escuchar por las radios, por algún locutor argentino que llegaba a España a hacer su vida, porque fueron realmente estrellas en España, como Pepe Iglesias “El Zorro”. El tango y la música folclórica han sido y siguen siendo muy importantes en mi educación musical.

La primera vez en Buenos Aires

Sería en el año 69. Recién se había publicado el disco de poemas de Antonio Machado, un disco que en principio la Odeón, la compañía discográfica, no tuvo mucho interés en sacar. Hubo dos personas, Juanito Belmonte, que estaba de mánager artístico, y el Beco Rota, que era vicepresidente, que casi forzaron la salida de este disco. Eran dos porteños de ley con quienes tuve una gran amistad. Ahí empecé a hacer algunos conciertos y sobre todo televisión. Lo primero que hice fue El Cinco (N. de la R: se refiere a canal 9), la televisión de Alejandro Romay, donde estaba. En esos programas empecé a relacionarme, a crecer y a aprender mis primeras raíces con gente querida y conocida, algunos que iba encontrando por el camino. Debuté con Pipo Mancera dos años después.

Conocí a gente fantástica de aquel mundo. A “Pichuco” lo conocí accidentalmente en Caño 14 y tuvimos una relación de afecto muy grande. También conocí a Goyeneche, Pugliese y Piazzolla. A Piazzolla lo conocí pronto por mi pianista, Ricard Miralles, quien se enamoró de Piazzolla y fue el gran descubridor para nosotros. Astor era una pieza aparte, alguien que aplicaba todos los conocimientos musicales que había aprendido de los grandes maestros. Otro gran personaje fue Horacio Salgán, a quien quise mucho, y Edmundo Rivero, de quien tengo grandes recuerdos.

Joan Manuel Serrat - Cantares
El tango y el folclore argentino se posicionan como pilares esenciales en la formación artística y musical de Serrat

Influencias de la cultura argentina

El tango y la música folclórica han sido y siguen siendo muy importantes en mi educación musical. El tango, por una parte, y lo que llamamos la música de provincias, por otra, fueron fundamentales en mi formación.

En las librerías de la calle Corrientes me encontré con la editorial Losada y todo el trabajo de los exiliados republicanos. Consiguiendo libros en la universidad, algunos de contrabando, de aquellos prohibidos permitidos que íbamos sacando en mi última época de estudiante. El catálogo de Losada fue muy importante para la publicación y la poesía, especialmente.

Llegué en una época de gran actividad política. Se estaban produciendo la huelga de SITRAC-SITRAM, el Cordobazo, el Rosariazo. Córdoba y Rosario eran ciudades activas, y la universidad era un núcleo de actividad política. Era la época de la búsqueda del hombre nuevo en la música, la poesía y la literatura. Aquellos años fueron muy impactantes para mí.

La censura de la dictadura militar

Creo que es un deshonor para quien ejerció la violencia, para quien ejerció el asesinato, la prohibición, la tortura, la censura. Es un deshonor para todos ellos. No venir a la Argentina en aquellos años fue una decisión personal. A mí nadie me mandó un oficio, pero yo sabía lo que les estaba pasando a mis amigos. Unos salían del país, otros desaparecían, otros podías saber que estaban en algún lado. Había una ola de terror que se instauró a partir de los años setenta y tantos, incluso antes del golpe, cuando ya se vivían años espantosos.

Preferí quedarme con los que estaban fuera porque no podía volver. Tampoco tenía contratos, no me contrataba nadie. Hasta el año 82 no tuve la posibilidad de tener una oferta de trabajo en Argentina, oferta que rechacé en ese momento. Después, cuando ocurrió el desastre de Malvinas y se anunció la posibilidad de elecciones, empecé a preparar las valijas para regresar.

Fue hermoso, muy hermoso. Había un público heterogéneo, los gritos de la gente eran para la misma gente. Fue una de las cosas más emocionantes que viví, ese encuentro tan esperado.

El valor de cantar, aun sin perfección técnica, es reivindicado por Serrat (Foto: EFE/ Aitor Pereira/Archivo)
El valor de cantar, aun sin perfección técnica, es reivindicado por Serrat (Foto: EFE/ Aitor Pereira/Archivo)

El regreso a la Argentina

Recuerdo que a esos recitales una vez fue Bernardo Neustadt y le dedicaron grandes cantitos... (risas). Yo canté “Algo personal” después de que él se fue, pero eso formaba parte de mi repertorio. Con Neustadt o sin Neustadt, lo hubiera cantado igual.

Doctorado honoris causa en Mendoza

Me sentí muy bien en Mendoza porque me trataron muy bien desde que me comunicaron la resolución de la universidad. He podido participar de un concierto de música norteña popular, donde se cantaron zambas, chacareras, cuecas y tonadas. Me invitaron a participar y fue una experiencia muy grata.

“Serenata para la tierra de uno” la elegí también para un disco que ha hecho Rosa León en homenaje a María Elena Walsh. La canción tiene muchos mensajes, algunos directos, otros subliminales y otros imaginarios entre la canción y yo. Esta serenata habla de la tierra de uno, la tierra que duele cuando estás en ella, pero que te mata cuando la dejas atrás. Eso me empujó bastante a hacerlo.

A María Elena Walsh la conocí en Argentina, compartí algún concierto con ella, todos benéficos. Recuerdo uno en lo que hoy es el Bajo, en una carpa gigante. Cantamos medio tiempo ella y medio tiempo yo. Era el año setenta y uno, más o menos. María Elena tenía una sensibilidad de lenguaje que le permitió hacer canciones infantiles que no son ñoñas para nada, trataba al niño como un individuo.

Infancia y familia en Barcelona

Tuve una familia maravillosa. No tuve un padre intelectualmente formado, pero humanamente estaba perfectamente amueblado. Era habilidoso, sabía hacer de todo: carpintero, fontanero, electricista, albañil. Nos enseñó muchas cosas y era un buen tipo, educado y correcto. No necesitábamos normas de comportamiento porque el ejemplo venía dado de fábrica. Con mi madre era el yin y el yang de mi casa. Ella era muy cariñosa, muy trabajadora, un poco exagerada como buena latina, pero muy temperamental. Cuando hacía falta poner orden, no se cortaba en soltar un guantazo.

La infancia se lleva siempre contigo porque no creces nunca. Lo último que perdemos es la niñez y la música. No nos acordamos de lo que hicimos hace diez años, pero recordamos perfectamente cómo se llamaba la lechera de nuestra calle.

Joan Manuel Serrat recibe un doctorado honoris causa en un escenario. Detrás, una gran pantalla muestra su foto sonriente y el título. Banderas argentina y española visibles
Joan Manuel Serrat recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo en marzo de 2026

Vivo en un barrio de Barcelona, cerca de la montaña de Montjuïc, en una casita con jardín, muy distinto a donde nací, una calle oscura cerca del puerto. Sigo yendo porque aún me queda algún amigo y porque la casa donde nací es probablemente la última de mis propiedades que vendería. La tengo todavía y en ella vivió mi hermano hasta que murió, también mis tíos. La voy restaurando constantemente a medida que diferentes miembros de la familia la van ocupando.

La guerra civil española

La guerra civil española fue un despropósito, el triunfo de la mentira sobre la razón. Un invento de las fuerzas reaccionarias para arrebatarle el poder al pueblo que había elegido a sus representantes. Un golpe de Estado tremendo, ilegal e ilegítimo, que le quitó el poder al pueblo para dárselo a los militares y a un dictador, un tirano.

Mi familia, por resumirlo, somos perdedores de la guerra civil. Por parte de mi madre hubo muchos asesinados, algunos murieron en combate, pero la mayor parte fueron asesinados en las tapias de los cementerios. Me dejaron una madre huérfana y con una herida que jamás pudo superar. Mi padre combatió, estuvo en el frente, cayó en campos de concentración varios años junto con dos hermanos suyos. Las víctimas de su lado fueron en combate. Los perdedores teníamos que soportar una conducta que no fuera sospechosa, lo que llevaba a una sociedad del miedo constante. Las mujeres vivieron un mundo especialmente hostil. Han sido marginadas como individuos, maltratadas psicológica y físicamente, sin defensa social. No tenían derecho a voto, no podían tener pasaporte sin autorización del marido, ni una cuenta en el banco a su nombre.

Cultura, justicia y arte en el presente

La cultura es un gran poder. El conocimiento, porque dentro del conocimiento está también la cultura, pero no necesariamente dentro de lo que se llama cultura está el conocimiento.

La cultura no es el gran enemigo, es el gran poder. Cuando la cultura la tuvieron los monasterios, así lo ejercieron. Cuando pasó a manos de las clases monárquicas y feudales, también la ejercieron. Sabían del poder de la cultura, aunque fueran incultos. El conocimiento es poder.

Hoy la gente vive con desesperanza y mucho miedo a lo eventual. Hay inseguridad respecto al trabajo y a la respuesta de un Estado que pretende desaparecer. Las leyes laborales restringen derechos y eso da mucha inseguridad a las personas. La gente vive de mal humor, con bronca. Mantener relaciones pasa por el respeto a lo que el otro piense para poder hacer de esto una conversación y no una pelea.

Cantar hace bien

Siempre hay que cantar. Especialmente no dejarse cohibir por aquellos que dicen que uno canta mal. Cuando a alguien le dicen que no canta bien, respondan: “Yo canto a mi manera, yo canto como sé”. Y como Groucho Marx: “Y si no le gusta cómo canto, tengo otra manera”. Pero canten, porque cantar es... El hombre nació cantando. Cuando naces, te cantan. Cuando mueres, te cantan. Cuando vives, te cantan. Cuando te casas, te cantan. Cuando algo ocurre, la canción está ahí. No dejemos que nos la quiten. Aunque cante el rock and roll mal, que cante.

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