Hace más de diez años que Nico [Nicolás Litman] y yo somos grandes amigos. Nos conocimos estudiando teatro en la escuela de Luis Agustoni. Desde el primer momento nos unió la pasión por nuestro oficio, el afán por hacer que conozcan lo que somos capaces de hacer arriba de un escenario o en un set de grabación. Nos ocupábamos y nos preocupábamos por querer “encontrarle la vuelta” a nuestra profesión, confiando en la autogestión. (Desde mi punto de vista, acción fundamental para ejercer nuestro oficio.)
Recuerdo que un día, hace varios años, charlando mientras caminábamos por las calles de Palermo, se me ocurrió una idea: “Tenemos que escribir una obra de teatro sobre tu vida con el Síndrome de Tourette. La gente tiene que conocer tu historia”, le dije. Nico no quiso saber nada, me sacó carpiendo. “¿A quién puede interesarle mi vida?” me respondió. Yo estaba convencido (y lo sigo estando) de la respuesta: “A muchísimas personas”.
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En diciembre de 2024, Nico me comentó que había ido a ver El equilibrista, el unipersonal interpretado por Mauricio Dayub. “Él que hace una obra así, se recibe de actor”, me dijo.
Coincidí absolutamente. Admiro muchísimo a Dayub, y esa obra (además de ser conmovedora) es una clase de actuación. Nico me llamó unos días después y me preguntó: “¿Querés dirigir el unipersonal sobre mi vida con Tourette?”.
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Ya nos conocíamos bastante, pero yo tenía la necesidad de aclararle y repetirle una y mil veces: “Soy muy obsesivo del trabajo y muy posiblemente me ponga muy hinchaquinotos”.
Me apasiona mi profesión, y hay dos cosas de las que estoy completamente convencido. La primera es que el requisito fundamental para llegar al nacimiento de un proyecto teatral es la cantidad de horas de trabajo con la que se aborda. La segunda, que resulta fundamental formar un gran equipo de trabajo.
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Luego de aclararle lo mucho que íbamos a tener que trabajar, él no lo dudó y aceptó el desafío. Eso me entusiasmó muchísimo, y sin más “peros”, yo estaba dando mi primer “sí” en el rol de director.
Lo que íbamos a contar era la historia real de mi amigo, y eso fue lo que más me motivó. Era un desafío enorme poder contar en una hora la vida de Nico. Y que no solo sea un recuento, sino que eso que hagamos mantenga la atención del espectador; que se ría, que se emocione, que se vaya pensando y que, de ser posible…, que salgan inspirados. Pese a los miedos lógicos de abordar este nuevo desafío, atravesé el recorrido muy calmo. Depositando la responsabilidad en el trabajo que haríamos previo al estreno. Para eso armé un cronograma de ensayos, y marqué tiempos de trabajos en áreas que no corresponden netamente a la actuación.
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Rápidamente, coordinamos nuestro primer encuentro. A partir de ese momento, comenzamos un proyecto creativo que duró varios meses. Encuentros con cafés y medialunas de por medio, videollamadas, un sinfín de audios de WhatsApp y un montón de horas escribiendo, borrando y reescribiendo. Durante el proceso, nos dimos cuenta de que el unipersonal no se trataba solo del Tourette. Su judaísmo era una pata fuerte dentro de la dramaturgia, el cual lo identifica plenamente, y atraviesa grandes momentos de su vida. El texto también aborda temas como el bullying escolar, la inserción laboral, la amistad, el amor, el desamor y la cotidianeidad de una familia con un hijo neurodivergente, entre muchos otros temas.
Ya con el texto en mano, teníamos la tarea de armar el resto del equipo de trabajo. Valga la redundancia, trabajar en equipo no solo es conveniente, sino que a mi modo de entender, es más placentero que hacerlo de forma individual. Compartir el proceso con personas que nutren tu trabajo hace bien. Potencia lo que se quiera hacer. Y para cualquier proyecto que encaro en mi vida, me ocupo de armar el mejor equipo posible. Por eso, una vez terminado el texto, no dudé de que tuviéramos que acercarnos a Sebastián Kirszner, referente del teatro judío en Argentina, y contarle nuestra propuesta. Estaba convencido de que tenía que formar parte de nuestro equipo.
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Con Seba nos conocimos hace un par de años por intermedio de Silvia Kanter, mi primera maestra de actuación y la directora teatral de Metenté (trío cómico que integro junto con Pedro Galván y Adriano Monferolli). Seba nos cedió generosamente su teatro, La Pausa Teatral, para que ensayemos en la previa de una de nuestras temporadas de verano en Villa Carlos Paz.
Le mandé un audio y, muy predispuesto, organizamos una reunión. Le comentamos acerca del texto y con el profesionalismo con que estábamos trabajando para abordar el proyecto. Le pasamos el material y nos comentó que luego de leer la pieza, se le piantó más de un lagrimón.
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Nos transmitió que le entusiasmaba muchísimo ver la obra montada en su sala Desde ese momento, se convirtió en el productor del proyecto, y nos ofreció su espacio para comenzar con los ensayos: “Quiero que se sientan como en su casa”, nos dijo. Y así fue. Y así lo es.
Tras varios meses de ensayos, estamos próximos al nacimiento teatral de Mazel Toc, mi primera obra en este nuevo rol. El primer estreno que viviré desde la platea como director.
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Considero que cometí algunos errores, que en definitiva me sirven como aprendizaje. Los aciertos, sin dudas, fueron gracias al equipo que formamos y al protagonista de esta historia que confía plenamente en mí. ¡Mazel tov para Mazel Toc!
*Coautor y director de la obra.
Mazel Toc se presenta los viernes a las 20:30 y los sábados a las 18:30 en La Pausa Teatral (Luis Viale 625, C. A. B. A.).
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[Fotos: prensa Mazel Toc]
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