Si 2025 fue el año del regreso de Brasil a los premios Oscar con Walter Salles y su Ainda Estou Aqui [Aún estoy aquí], 2026 es el de la consolidación de la mano de Kleber Mendonça Filho con O Agente Secreto [El agente secreto].
Las cuatro nominaciones del filme de Mendonça Filho al mayor galardón del séptimo arte ratificaron la nueva era de Brasil en la escena cinematográfica internacional por segundo año consecutivo.
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El éxito de la película, que acumula más de dos millones de espectadores en el mercado interno, marcó un punto de inflexión para una industria acostumbrada a replegarse a sus propias fronteras, pero que ahora busca competir globalmente desde su propia identidad cultural.
Pero, ¿a qué se debe este auge? El gigante sudamericano, que ha exportado al mundo músicos de talla universal, aún no había conseguido poner de moda su cine de manera sostenida, a pesar de que han pasado casi 130 años desde su hito fundacional, cuando el ítalo-brasileño Affonso Segreto filmó con una cámara Lumière la Bahía de Guanabara (Río de Janeiro).
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Las tres nominaciones de Aún estoy aquí (2024) rompieron con una sequía de dos décadas sin películas brasileñas en las categorías principales de ficción tras la irrupción en 2004 de Cidade de Deus [Ciudad de Dios], de Fernando Meirelles y Kátia Lund, que fue candidata en cuatro categorías, pero se fue sin nada.
En ese tiempo, aunque sin éxito, Alê Abreu y Carlos Saldanha fueron nominados a mejor filme de animación con O Menino e o Mundo (2016) y Ferdinand (2018), respectivamente. Y Petra Costa, a mejor documental con Democracia em Vertigem (2020).
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Exaltar la identidad nacional
El agente secreto, protagonizada por Wagner Moura, pinta un cuadro de la vida en el Brasil de 1977, azotado por casi quince años de una feroz dictadura, desde la perspectiva de un investigador universitario perseguido por miembros del régimen.
Durante las tres horas que dura la película, el director no escatima los gestos para el público interno.
El diálogo está lleno de ‘brasileñidades’, con leyendas urbanas de Recife que incluso son extrañas para muchos nacionales. Sus personajes transpiran sus camisetas por el bochorno agobiante del noreste brasileño, las calles se rinden al Carnaval y suenan los vinilos de moda de la Música Popular Brasileña (MPB).
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Esta decisión de los directores de no disfrazar sus obras para que sean más fáciles de digerir por un espectador extranjero ha obligado al mercado global a entrar en el universo brasileño en sus propios términos. Algo que ha ocurrido con El agente secreto, pero también con Aún estoy aquí o muchos otros títulos.
Según la presidenta de la Academia Brasileña de Cine, Renata Almeida Magalhães, los cineastas descubrieron que la paradoja del éxito reside justamente en “redescubrir” el país “sin ser un pastiche de Hollywood”.
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“Brasil es un personaje más” y está “maravillosamente bien retratado” en películas altamente valoradas en el exterior, según Magalhães.

Una isla que rompe el aislamiento
Brasil ha sido históricamente descrito como una isla continental en una región mayoritariamente hispanohablante y acaparada por la hegemonía cultural anglosajona.
Sin embargo, el impacto de sus embajadores culturales permitió que esa frontera se disuelva. Figuras como Wagner Moura poniendo el rostro en producciones de alcance global, como la serie Narcos (2015-2016) o la película Civil War (2024), funcionaron como puente.
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Moura, que siempre reserva una frase de su discurso al portugués, no solo aporta su acento a la industria de Hollywood, sino que lo utiliza para atraer la mirada hacia el cine de su tierra.
Esa relevancia construida a lo largo de los años le dieron un lugar en la lista de las 50 personas más influyentes de los Estados Unidos, según The Washington Post, que lo reconoció como un artista que se posiciona públicamente sobre sus convicciones políticas.
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Este fenómeno permitió que directores como Mendonça Filho o Salles encuentren un terreno más fértil para contar sus historias que sus predecesores, como Glauber Rocha, referente del Cinema Novo crítico de los años 60; o Carlos Cacá Diegues, autor de clásicos como Bye Bye Brasil (1979) y Xica da Silva (1976).
Como señaló Fernanda Torres en una entrevista, estas candidaturas son pasos que contribuyen a “pavimentar la larga avenida” que comenzaron a construir otros a lo largo de los años.
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Fuente: EFE.
Fotos: Reuters/ Mario Anzuoni; Sony Pictures Classic vía AP; CINEMASCÓPIO PRODUÇÕES/ Europa Press.
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