John Malkovich habla de la literatura de Roberto Bolaño y de la música de Astor Piazzolla: “Como dijo Faulkner, ayudan a la gente a soportar y prevalecer”

El icónico actor estadounidense dialogó con Infobae Cultura sobre ‘El Infame Ramírez Hoffman’, una obra basada en un relato del escritor chileno y con música del compositor argentino, que pondrá en escena el 27 de marzo en el Teatro Ópera de Buenos Aires

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Desde New Orleans, John Malkovich
Desde New Orleans, John Malkovich dialogó con Infobae sobre la obra 'El Infame Ramírez Hoffman' que presentará en Buenos Aires el 27 de marzo

John Malkovich es famoso, tanto como para que una película se titule Siendo John Malcovich (en Argentina se la conoció como ¿Quieres ser John Malkovich?). Porque para empezar, están sus películas. Hizo más 90: mainstream, indie, cine de autor europeo, de mala calidad, literarias, autorreferenciales, muchas malas y unas cuantas clásicas. Pero él dice que ni siquiera le gustan las películas (leer al final de este texto). Pero ahí están: Refugio para el amor, Relaciones peligrosas, En la línea de fuego, El amigo americano, La muerte de un viajante, El imperio del sol. La lista podría continuar.

Con formación clásica de teatro, este hombre de 77 años se ha embarcado en proyectos más “artísticos”: arte, teatro, fotografía y también, colaboraciones con músicos clásicos. Este es el caso: el icónico actor vendrá a Buenos Aires para presentar el 27 de marzo en el Teatro Opera El Infame Ramírez Hoffman, un espectáculo que une literatura, música y actuación, basado en textos de Roberto Bolaño, con el acompañamiento de la pianista franco-rusa Anastasya Terenkova, Andrej Bielow en violín y Fabrizio Colombo en bandoneón.

En diálogo con Infobae Cultura por videollamada desde su casa de Nueva Orleans (“no he estado aquí en más de un año, pero sí, a veces vivo aquí. Estoy en la carretera casi constantemente”), John Malkovich se ve y se escucha exactamente como John Malkovich. Aborda cada frase con perfecta dicción -una dicción precisa y deliberada-. Elabora cada frase casi sin repeticiones ni interjecciones. A veces, tiene un ligero titubeo y hace una pausa. Es realmente bueno haciendo pausas: siempre se sabe exactamente dónde se encuentras la conversación, y nunca se cae en la torpe tentación de volver a hablar antes de que él haya terminado.

John Malkovich anticipa su espectáculo "El Infame Ramírez Hoffman"

—La obra que va a presentar en Buenos Aires vincula música, literatura ¿y política latinoamericana?

—No estoy seguro sobre la política, pero ciertamente literatura y música, o incluso diría música y literatura. El infame Ramírez Hoffman es el último personaje de un libro llamado Literatura nazi en América del gran escritor y poeta chileno Roberto Bolaño, quien para mí fue uno de los grandes escritores del siglo pasado: murió muy joven, a los 53 años creo, y fue en gran parte un desconocido durante su vida. No publicado ni apreciado. Leí Literatura nazi hace años (creo que probablemente se publicó en los noventa o quizás a principios de los 2000 después de su muerte). Creo que aparentemente es un libro en que él, de alguna manera, modeló sobre todos a sus amigos, que eran de izquierda; pero todos con, digamos, obsesiones literarias muy extrañas y, quizá algunos de ellos con creencias profundas en ideologías bastante tontas. Y en ciertas ideologías que han demostrado ser bastante asesinas a lo largo de los siglos. Este describe una de esas, una de las más flagrantes. Esencialmente, Literatura nazi, para quienes no lo han leído, es básicamente 40 (creo) falsas esquelas de falsos nazis que no existieron en la vida real. Todos ellos con, llamémoslas, obsesiones idiotas de un tipo u otro. O incluso obsesiones literarias comprensibles y con cierto talento, aunque generalmente bastante mal aprovechado o, como mínimo, mal utilizado. Así que decidí que esto sería una buena prosa para adaptar el libro completo a una colaboración musical de música clásica, y así lo hice. Pero luego me di cuenta de que si hacía todo el libro, que pienso que es casi una novela corta (tiene 243 páginas o algo así, y muchas son medias páginas), la representación demandaría, ya sabe, siete noches de 90 minutos. Era simplemente imposible de realizar y organizar.

Me di cuenta de que no iba a ser factible y decidí que solo tomaría la última parte de la novela, El infame Ramírez Hoffman. Es el personaje más fuerte de todos modos. Es la prosa más potente, la más humana. Es la reflexión más perturbadora y trágica sobre los seres humanos y cómo llegamos a donde estamos. Así comenzó la pieza. Esa es la génesis de la obra.

—Bolaño es un autor muy relevante en América Latina. ¿Cómo se acercó a su trabajo? ¿Leyó algún otro libro suyo, tiene algún favorito?

—Si... 2666, Los detectives salvajes, Estrella distante, Nocturno de Chile… Y El Tercer Reich… Creo que es el último publicado, sobre las vacaciones de una pareja alemana en la Costa Brava, para resumir. Creo que Bolaño es un gran, gran escritor. Me parece hilarante, triste y humano.

—En esta obra hay música de Piazzolla, ¿verdad?

—Sí. Pero no solo eso. Hay mucho Piazzolla, está Desyatnikov, también música clásica moderna: Max Richter, Auerbach. Barroco también, todo tipo de música.

—Obviamente, como argentino tengo que preguntarle sobre Piazzolla. ¿Conoce su música, ha escuchado sus discos? Aquí se lo discutió mucho durante mucho tiempo sobre si lo suyo era o no “tango”...

—Creo que esencialmente el libro de Bolaño es un libro sobre el talento desperdiciado, el talento irresponsablemente desperdiciado. Y cuando digo eso, me refiero a talento que no siente una deuda con la gente a la que tiene que llegar. Creo que la música de Piazzolla llega a la gente a la que debe llegar. Es lo opuesto al desperdicio. Como dijo Faulkner sobre la buena escritura, ayuda a la gente a soportar y prevalecer. No puede haber suficiente belleza en el mundo. Si es tango real o no, está mucho más allá de mis atribuciones. Soy solo un oyente. Pero sí, conozco bien su música y creo que está bastante bien representada en mi obra. Y creo que es perfecta para esta pieza porque es una música de impulso y reflexión. Es música de pérdida. Es música de espacio. Es música de posibilidades y sueños y fracasos, que es el estado nativo del hombre.

John Malkovich describe sus sensaciones al escuchar la música de Astor Piazzolla y su relación con la ciudad de Buenos Aires

—Hace 10 años vino a Buenos Aires para una obra que incluía textos de Ernesto Sábado ¿Por qué lo eligió así?

—Me gustó mucho Buenos Aires. Y a Sábado lo elegí, bueno, me llegó de una manera un tanto indirecta... Me lo recomendó una joven estudiante de un doctorado, que quería que yo formara parte de su tesis. Le dije que sí, me recomendó ese libro, y me encantó. Y cuando una pianista rusa vino a mí y me dijo –ella quería hacer una pieza diferente de la que ya habíamos hecho juntos, y yo no quería seguir con esa obra por varias razones–, le dije: “Bueno, si quieres hacer una pieza, hagamos la nuestra. Dime qué quieres tocar y hacemos una obra”. Entonces me dijo que quería tocar el concierto para piano y violín de Schnittke, el gran compositor de la era soviética. Lo escuché varias cientos de veces y dije: “Bien, si quieres hacer una obra, pondría esto con una pieza de una novela llamada Sobre héroes y tumbas, una parte llamada “Informe sobre ciegos”. Y trata sobre una especie de pequeño ex-anarquista, lunático, mentiroso y sociópata, y también fantasioso excepcionalmente perezoso, llamado Fernando Vidal Olmos, quien cree correctamente que los ciegos gobiernan el mundo. Pero no habla de los ciegos reales, de la gente que llamamos ciega por tener discapacidad visual. En realidad, sabemos exactamente de quienes habla: de los que gobiernan el mundo, sean quienes sean. Y eso me pareció extremadamente divertido y muy triste.

Y además prodigioso… Curiosamente, tiene una gran similitud con El infame Ramírez Hoffman. También es un prodigioso desperdicio de posibilidades, de talento, de inteligencia, de una especie de obsesión. Porque es demasiado perezoso para estudiar realmente. Pero no lo es para obsesionarse. Es decir, todas las pistas lo llevan a él y refuerzan su creencia. No le interesan las otras pistas ni leer la borra del café o del té. Le interesa reforzar su creencia de que está siendo perseguido, lo cual por supuesto es cierto (en el sentido de que representa a los seres humanos). Además del hecho de que nuestros principales perseguidores somos nosotros mismos, o los humanos entre nosotros. Y el hecho de que sea un prodigioso desperdicio de talento y aliento lo comparte con el infame Ramírez Hoffman. Y la música de “Informe sobre ciegos”, la de Schnittke, tiene una revelación tras revelación. Y pensé que era perfecta para este personaje que tiene pensamientos profundos sobre la condición humana, pero que ha desperdiciado totalmente su vida, ha perdido completamente el sentido de vivir y sintió. No tiene absolutamente ninguna responsabilidad ante su talento. Así que creo tienen eso en común.

John Malkovich cuenta la historia inicial de la película "Quieres ser John Malkovich?", dirigida por Spike Jonze

—No muchos actores tienen una película que lleve su nombre y apellido en el título como ¿Quieres ser John Malkovich?...

—Porque no hay muchos actores llamados John Malkovich (se ríe).

—Cierto. ¿Cómo se sintió cuando le acercaron el guion de una película así?

—Me lo envió mi socio productor, uno de ellos, Ross Smith. Me pareció brillante. Me pareció hilarante. Me pareció un texto espectacular de una voz nueva y muy original. Le pedí a mi socio productor -teníamos un acuerdo con su estudio en ese entonces, Castle Rock, donde Rob Reiner era uno de los involucrados. Yo quería dirigirla, y solo pedimos que fuera la historia sobre otra persona: sobre él, Charlie Kaufman. Charlie leyó eso y dijo que no le interesaba. Que no quería cambiarla. Y obviamente a mí no me interesaba dirigir una película llamada ¿Quieres ser John Malkovich?. No pensaba que fuera importante que fuera yo, en lo más mínimo. Creo que podría ser sobre cualquier persona. Pero Charlie no lo sentía así, por razones que ni siquiera se tomó la molestia de explicar. Pero dijo que no, que estaba contento de que nos gustara pero no quería cambiarlo. Y le dijimos: “Bien. Buena suerte”. Y luego, años después, Francis Coppola me llamó y me preguntó si podía ir a reunirme con un joven cineasta llamado Spike Jonze, y yo dije: “Sí, claro”. Fui a París y conocí a Spike, y él quería hacerla. Le dije: “Bueno, si consigues el dinero y un buen elenco, llámame. Ya veremos”. Y consiguió ambas cosas, e hicimos la película.

Pero yo no la considero muy diferente de todas esas otras películas interesantes, de las que no hay muchas, y de las que yo he estado involucrado en muy pocas. Porque la mayoría de las películas no son tan buenas, ¿sabes?