
Quizás en Argentina no exista un arma con tanto valor simbólico como la que usó el General José de San Martín para liberar América: el sable corvo. Fue el arma que lo acompañó al Libertador de América en casi todas las batallas por la independencia. Lo compró en Londres en 1811: una pieza sencilla sin oros ni arabescos, pero invaluable. Tras su muerte, fue legado a Juan Manuel de Rosas. Y hoy, dos siglos después, está en el centro de la coyuntura. Una disputa legal entre Javier Milei y sus herederos.
El Presidente quiere que el sable corvo pase a ser custodiado por el Regimiento de Granaderos a Caballo y no esté en el Museo Histórico Nacional (MHN). Así lo dispuso en decreto 81/2026, que él mismo firmó, donde revoca un el decreto de 2015 que había restituido el sable al MHN. Los descendientes de Manuela Rosas y Máximo Terrero, que aseguran que ningún funcionario se comunicó con ellos para consultarles, solicitaron a la Justicia la suspensión inmediata del traspaso del sable corvo.
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La medida judicial persigue frenar no solo un acto “histórico de restitución” promovido por el ministro de Defensa Carlos Alberto Presti, y avalado por el secretario de Cultura Leonardo Cifelli, sino contener el impacto que, según especialistas en patrimonio, podría desincentivar futuras donaciones privadas y abrir la puerta a nuevos reclamos de restitución. Mercedes Terrero, descendiente directa de los donantes originales, le dijo a la prensa que “es completamente errada la decisión del Poder Ejecutivo”.

Lo que alertó a la familia era que se hablaba de que la entrega al Regimiento sería mediante una “teatralización”. Candela Domínguez, una de las descendientes, escribió en la Revista Anfibia que “trasladar otra vez el sable de San Martín pone en jaque el acceso público a la reliquia e implica una apropiación política del símbolo patrio. Y se plantean también dos escenarios: el sable podría estar custodiado en un ámbito militar o mantenerse en un ámbito civil y de carácter cultural, como el museo”.
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La jueza Macarena Marra Giménez, titular del Juzgado Nº 12 del Fuero Contencioso y Administrativo, es quien deberá resolver la medida de no innovar solicitada por los descendientes, entre quienes se encuentran Mercedes, Sebastián y María Rosa Terrero, junto a las jóvenes Malena Terrero y Candelaria. Si la resolución llega antes del sábado, el emblemático sable permanecería bajo custodia pública en la sede del MHN, frustrando el acto previsto en San Lorenzo, Santa Fe, con una gran comitiva libertaria.

A esto se le suma que la directora del MHN, la historiadora María Inés Rodríguez Aguilar, presentó su renuncia en desacuerdo con la decisión oficial y agradeció a su equipo, la Asociación Amigos y la Subsecretaría de Patrimonio Cultural por el apoyo recibido. Historiadores, exdirectores y académicos le expresaron su respaldo y consideraron el gesto como un acto de dignidad profesional. La funcionaria permanecerá algunos días más al frente de la institución hasta que se efectúe su salida.
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El origen del litigio se remonta a una carta de Manuela Rosas al entonces director del MHN, Adolfo Carranza, fechada el 31 de enero de 1897, donde explicitó que el “depositario final” del sable debía ser el Museo Histórico Nacional. La familia Terrero sostiene este argumento con la correspondencia entre Carranza y Máximo Terrero, y recuerda que en marzo de 1897 Nicolás Ortiz de Rozas, sobrino de los donantes, entregó el arma al presidente José Evaristo Uriburu, antes de depositarse en el MHN.
El jefe de Gabinete del Ministerio de Defensa Guillermo Madero publicó una columna de opinión en este medio donde defiende la iniciativa del gobierno alegando que este traspaso “garantiza seguridad material, coherencia histórica y continuidad simbólica”. “Devolver el sable corvo al Regimiento de Granaderos a Caballo es un acto de reparación histórica, de orden institucional y de profundo respeto por la voluntad del Libertador y por los símbolos fundacionales de la Nación”, aseguró.
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Los descendientes piensan de otro modo. Sugieren que la réplica del sable realizada por Juan Carlos Pallarols debería permanecer en poder de los Granaderos, preservando el original en manos del MHN, que este último fin de semana, para sorpresa de todos, recibió más de 3.000 visitantes, atentos a lo que se considera la “última oportunidad” de contemplar de cerca el histórico sable corvo, custodiado actualmente por dos miembros del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Mientras tanto, el Museo del Regimiento de Granaderos permanece cerrado por obras de modernización financiadas por la empresaria Bettina Bulgheroni, presidenta de la Fundación Granaderos. Las consecuencias de un eventual traslado generan preocupación en el ámbito académico y cultural, ya que podría sentar un pésimo antecedente patrimonial y desalentar futuras donaciones particulares. Habrá que ver qué pasa de acá al sábado. La disputa por el sable corvo de San Martín aún sigue abierta.
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