
El escritor británico Ian McEwan ha exigido que los derechos al suicidio asistido en el Reino Unido se amplíen de manera progresiva a las personas que padecen demencia, subrayando el impacto devastador de esta enfermedad tanto en los afectados como en sus familiares. Sus declaraciones coinciden con la inminente posibilidad de que el proyecto de ley sobre la muerte asistida quede bloqueado en la Cámara de los Lores, tras enfrentar más de 1.000 enmiendas, situación que ha generado desconfianza entre los legisladores favorables a su aprobación y ha llevado a algunos a considerar su avance como “casi imposible” antes del cierre de las sesiones en mayo, según relató McEwan a la audiencia del evento público realizado en la iglesia St Martin-in-the-Fields, en Londres.
El propio McEwan reconoce el sufrimiento extremo que enfrentan quienes atraviesan las últimas etapas de la demencia, apoyándose en su experiencia personal: su madre Rose, su cuñado y otro familiar cercano fueron afectados por la enfermedad. “Cuando mi madre estaba en una fase avanzada y no podía reconocer a nadie, estaba muerta y viva al mismo tiempo. Fue algo terrible. La carga sobre los más cercanos es también parte del daño radioactivo de todo esto”, sostuvo.
Durante esa intervención, en el marco de la serie Conversation que organiza la emblemática iglesia londinense, el autor de Expiación criticó los intentos de obstrucción a la ley de muerte asistida. Y se mostró atónito por la “intensa y sistemática oposición” de quienes, a su juicio, pretenden dificultar los avances legislativos. “Me gusta cuando algún obispo dice en la radio: ‘Es la punta del iceberg’, y pienso que sí, es la punta del iceberg, porque hay grupos que están excluidos de esto, como las personas con demencia. Todo se reduce al dolor físico”, afirmó McEwan.

La legislación en debate legalizaría el suicidio asistido en Inglaterra y Gales para adultos con una expectativa de vida menor a seis meses, una restricción que, a juicio de McEwan, deja fuera a quienes más lo necesitan. “No pedimos mucho”, argumentó, proponiéndose como patrono del grupo Dignity in Dying. Al ser consultado sobre si impulsaría una enmienda para incluir a los pacientes con demencia, respondió: “Gradualmente, sí, lo haría. Pero creo que requiere mucha más reflexión y la idea de las voluntades anticipadas”.
Ian McEwan rememoró palabras de su madre: “Solía decirme: ‘Si llego a estar realmente mal, me gustaría que terminaras conmigo’. Pero claro, eso sería cometer un asesinato en las circunstancias actuales. Imaginen estar en el estrado y decir: ‘Bueno, ella lo decía cuando estábamos en la playa hace 20 años…’”.
La preocupación del escritor por el deterioro de las capacidades cognitivas también se refleja en su obra literaria más reciente, What We Can Know (Lo que podemos saber) donde la demencia constituye uno de los ejes centrales. Ya en novelas anteriores como Lecciones y Sábado había explorado el impacto de esta enfermedad.
En su participación, McEwan abordó otros asuntos de actualidad. Anticipó que escribe una nueva novela inspirada por el debate sobre la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años, vigente en Australia y en posible discusión en el Reino Unido. El autor expuso su escepticismo sobre la influencia de internet en la niñez y adolescencia: “Empiezo a desear que internet no existiera. Recuerdo con nostalgia los años 70, cuando uno de los grandes lujos de la civilización –la soledad– era abundante, y hoy se ha erosionado, dando paso a tantas cosas oscuras. Trato de escribir una novela sobre esto. Sobre la desaparición de la infancia, o la sensación de que la infancia está bajo custodia”, explicó. Se manifestó partidario de restringir el acceso a las redes sociales.
El cambio climático es otro pilar de What We Can Know, cuyo argumento se sitúa en parte en el año 2119, cuando Gran Bretaña se ha convertido en un archipiélago tras ser sumergida por el aumento del nivel del mar. McEwan se refirió a la situación global: “Nunca he visto el mundo en peor estado”, manifestó, aunque confiesa mantener “una pequeña dosis de optimismo de que vamos a salir adelante”. El novelista describe la atmósfera emocional de su obra como un equilibrio entre la desesperación y la esperanza. Si se tienen hijos y nietos, “se desea que el proyecto humano sobreviva”, planteó.
No obstante, advierte sobre una tendencia general en las personas mayores: “Para dar sentido a sus vidas, muchos piensan: ‘con mi final, todo terminará – après moi, le déluge’. El pesimismo de la vejez es una fuerte barrera contra la claridad de pensamiento”.
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