Ataúlfo Pérez Aznar: “Una buena imagen interpela y te hace salir de la indiferencia”

El fotógrafo platense habla de su libro “Apuntes de Brasil”, señala de las singularidades de su profesión y asegura que, paradójicamente, en tiempos de abundancia de imágenes “somos analfabetos visuales”

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Ataúlfo Pérez Aznar es fotógrafo,
Ataúlfo Pérez Aznar es fotógrafo, curador, editor, investigador y docente. En 1980 obtuvo el 1º Premio del Salón Nacional de Fotografía

La noche en que fueron a buscarlos no estaban. Ataúlfo Pérez Aznar y Helen Zout, recién casados, octubre de 1976, cuando un grupo de hombres tocaron el timbre de su casa, justo no estaban. Ahí empezó la clandestinidad. Se abrazaron a la red social de compañeros y amigos y fueron durmieron en diferentes casas de La Plata. Hasta que llegó el verano. Entonces se fueron a la costa. Ahí empezaron a fabricar muñecos de paño que vendían en las playas más alejadas, como Santa Clara del Mar y Miramar.

Cuando se enteraron que esperaban un bebé, el primero, Facundo, decidieron establecerse en un lugar fijo y pasar desapercibidos. Fueron al lugar más poblado de Argentina: Capital. En el noveno piso de un departamento sobre la calle Maipú, rodeados de oficinas, convirtieron su hogar en un taller: hicieron miles de muñecos que se vendían, primero en distintos locales porteños, luego en uno atendido por sus padres. Mientras tanto, las noticias: sus amigos iban cayendo uno a uno.

De a poco empezaron a llevar a su hijo a una plazoleta cercana, a tomar un curso de francés, a intentar una vida normal. Le sacaban fotos al chiquito, muchas, también a lo que veían en esos breves paseos a la luz del día. Fueron tres años así hasta que surgió la idea de irse a Brasil. “Después del mundial, a mediados del año 1978, parecía que había menos represión”. En 1979, en un Fiat 1500, viajaron junto a algunos familiares. Siempre en carpa. Volvieron con el auto roto, arriba de un camión.

Ataúlfo Pérez Aznar en su
Ataúlfo Pérez Aznar en su departamento-taller durante los años de la dictadura militar

El libro Apuntes de Brasil (1979-1981) es la reconstrucción de ese viaje y de otro realizado en 1981, recorriendo los mismos lugares y, como fotógrafo, con la idea más clara. Antes del encierro, Ataúlfo Pérez Aznar estudiaba antropología cultural, historia y geografía. Recién cuando terminó la dictadura se pudo recibir de geógrafo. “Estábamos solos en el departamento; cada tanto veíamos a algún familiar. Entonces me puse a estudiar sistemáticamente fotografía”, cuenta Ataúlfo, del otro lado del teléfono.

¿Qué significaba ser fotógrafo en un contexto de encierro? “En ese momento solamente podías sacar fotos en La Boca o en la plaza de San Telmo, donde las cámaras eran potables. No podía ir a cualquier lado y sacar lo que me gustaba porque me agarraban de las pestañas”. Ahora, con una larga trayectoria sobre sus espaladas como fotógrafo, curador, docente y gestor cultural —fundó la primera fotogalería especializada del país: Omega—, repasa esos años y el largo camino hasta la reciente edición del libro.

Portada de “Apuntes de Brasil
Portada de “Apuntes de Brasil (1979-1981)”, de Ataúlfo Pérez Aznar

Una tarde de 1979 en Itapoá, saliendo a sacar fotos, Ataúlfo vio un hombre durmiendo en un asiento de auto. A su lado, varios cajones de adultos y dos pilas enormes de cajones para niños. “Eso me permitió entender la profundidad que tenía la muerte en el noreste de Brasil. Entonces, en el segundo viaje, fui justamente a buscar todos esos lugares. Cementerios con salas mortuorias, cosa que acá no existen. Vi que enterraban a un nene y de pronto agarraban una cruz de otro muerto y se la ponían a él”.

Publicado por el Centro de Fotografía Contemporánea en edición bilingüe, el libro se inicia con un prólogo de Amado Beçquer Casaballe escrito en abril de 1989. Sigue con una introducción del autor, firmada en 1979. Luego, la serie de 116 fotografías, todas en blanco y negro, que se dividen en dos partes: la primera, ligadas a la vida cotidiana brasileña; la segunda, con la presencia simbólica de la muerte. Y cierra con una entrevista de Silvia Mangialardi a Ataúlfo sobre aquel proceso, junto a fotos familiares.

“El tema de la muerte a mí siempre me fascinó. Y más en ese momento, que estaba a flor de pie el tema”, explica. Efectivamente, fueron dos viajes, el primero, familiar, en 1979; el segundo, Ataúlfo y Helen, en 1981. Con esas dos etapas se construye este libro. Pero si toda obra da pistas para leerse como autobiografía, entonces Apuntes de Brasil no es solo la mirada de un fotógrafo argentino en tierras cariocas, es el testimonio de una vida, el documento de una época, el registro de una tensión.

Salvador de Bahía, 1979
Salvador de Bahía, 1979

—¿Cuándo la cámara de fotos empezó a convertirse en una herramienta política?

—A pesar de haber tenido actividad política, nunca mezclé la fotografía con la política. Como me dedico a la docencia de lleno, trato de evitar que la gente caiga en eso del mensaje. Suelen ser fotos estereotipadas. Creo que lo importante es hacer buena fotografía, y si hacés buena fotografía pasás por encima de todas las barreras formales. Una buena fotografía, por más que a la gente hasta le disguste el tema, como está confirmado con grandes fotógrafos de la historia, te interpela. La fotografía tiene una fuerza a través de lo visual que, cuando es buena realmente, la gente no puede permanecer indiferente. Por eso creo que no es necesario caer en ningún tipo de panfleto, sino que sea profunda temática y estéticamente, de modo tal que resulte de interés del observador. Y eso es lo que yo he tratado de ir puliendo y profundizando a lo largo del tiempo.

—¿Para que una fotografía sea buena debería tener profundidad?

—Sí, profundidad. La profundidad de una fotografía es muy compleja porque es la confluencia de aspectos técnicos, estéticos, temáticos. Como docente, se ve permanentemente que hay mucha gente que quiere mostrar situaciones de injusticia y se quedan en la mera denuncia. Y llega un momento que la denuncia te satura como tal. Tiene un paralelismo con la literatura. De hacer una crónica periodística de una manifestación o una novela o un cuento sobre los aspectos humanos de una persona que participa en una manifestación: es distinto.

Funeraria, Salvador de Bahía
Funeraria, Salvador de Bahía

—Si hoy estamos plenamente sumergidos en la cultura de la imagen, si hoy todos tienen celulares y redes sociales, herramientas para sacar y exhibir, ¿cuál es el poder de la fotografía en un mundo saturado de imágenes?

—Es una situación terriblemente compleja. El mundo está inundado de imágenes, pero a pesar de eso las buenas fotos sobresalen. Porque las imágenes generales sin dudas son todas estereotipadas, sobre todo las que se ven en las redes. La gente apunta a que le pongan un like y sacan todos más o menos de lo mismo. Cada uno se saca su propio ombligo. El problema es que el ombligo te interesa a vos mismo. Hay despreocupación por los demás. Pero cuando distintos fotógrafos sacan buenas imágenes, buenos trabajos, sobresalen de toda esa lluvia de imágenes permanentes. Por supuesto que en fotografía hay que seguir analizando muchas cosas, porque como sociedad somos analfabetos visuales. Las palabras nos forman a lo largo del tiempo: la letra, la sílaba, la oración. Hasta tercer año, más o menos, de acuerdo a los programas, te daban gramática o castellano y en cuarto año pasabas a literatura. Y ese cambio es justamente el paralelo de la fotografía. La literatura es la interpretación de lo que quiso decir el escritor. Y ha desarrollado aprendizaje y capacidades para poder gozar con la lectura. La fotografía es algo similar. Para poder gozar a fondo con la fotografía es necesario ir adquiriendo una formación visual que hoy por hoy en Argentina se carece de, de ámbitos donde poder analizarlo. En Estados Unidos, en Europa, en todas las ciudades medianas hay estudios universitarios dedicados a la fotografía, o biblioteca de fotografía. Y la gente está acostumbrada a comprar libros de fotografía. Acá se hace más duro, pero igualmente cuando las fotos son buenas, y la respuesta del público es excelente.

—En ese sentido, ¿cómo es el panorama hoy, cómo influye esa falta de formación?

—Yo creo que la gente está sumergida en el aislamiento, Quizás tenga que ver con que en los últimos dos o tres años no han surgido buenos trabajos de fotografía. Hasta no es habitual lugares de exposiciones que antes eran permanentes, como el Centro Cultural Recoleta. Por suerte abrieron la Fotogalería de San Martín después de años de estar cerrada. FoLa cerró. El mismo Museo Nacional de Bellas Artes, mientras estaba Sara Facio, tenía en el tercer piso una sala exclusiva de fotografía permanente. Faltan los espacios. Hoy por hoy en Argentina se hace muy duro. En los últimos años he preferido dedicarme a la impresión de libros, porque también mis exposiciones se dan en un lazo acotado, un mes; en cambio, el libro trasciende el tiempo. Lo importante para mí de difundir el libro fotográfico. Y por supuesto, otro problema en el momento es que, producto de la crisis económica, no se compran libros. Los creadores tenemos que pelear por seguir desestresándonos. No podemos quedarnos de brazos cruzados más allá de la situación que se vive. Hay que aprovechar estos tiempos para ir produciendo. Ya llegará el momento en que resurja con más vitalidad la cultura.

Peluquero, Pelourinho, Salvador de Bahía,
Peluquero, Pelourinho, Salvador de Bahía, 1981

En 1980, con las fotos del primer viaje, Ataúlfo hizo una muestra. En 1981, integró las de ambos viajes y amplió aquella exposición inicial. “Esa muestra circuló durante los 80 y principios de los 90, por diferentes lugares del país. También en algunos países del extranjero: en Paraguay, en Cuba. Pero el libro estaba pendiente. Recién hace un año me reencontré con un diseñador que había sido alumno mío en el año 81 y me propuso hacer el libro. Iba a ser el primero. Ahora, con este, tengo doce libros”, dice.

“Brasil significó poder moverme con libertad —recuerda—, a pesar de que allá había otra dictadura. Pude sacar lo que quería, lo que realmente me interesaba. Acá no podías salir con la cámara a la calle a sacar lo que hoy saca la gente, porque la cámara era algo que te delataba. En cambio, en Brasil me pude mover libremente. De ahí que lo considero mi primer trabajo. A medida que fue aflojando la represión, empecé a sacar en Argentina. Por ejemplo en Mar del Plata: la cámara pasaba desapercibida”.

Una fotografía es una pregunta y una respuesta. El epígrafe de estos Apuntes de Brasil también. “En los tiempos sombríos, / ¿se cantará también? / También se cantará / sobre los tiempos sombríos". La frase es de Bertolt Brecht. Una pregunta y una respuesta, que es también un enigma y su resolución. En ese caso, Brecht dio vuelta la oración y le sacó los signos de pregunta. Las fotos de Pérez Aznar nos hablan del dolor del mundo y de su belleza, de lo que falta y de lo que, pese a todo, perdurará.