
Esta belleza no es sobre una obra en sí, aunque el título así lo indique. Es sobre una historia de amor entre dos mujeres, dos artistas, que buscaron la manera de hacer una carrera siendo una: Dorothy Hepworth y Patricia Preece.
Durante siglos, muchísimas mujeres fueron relegadas de la Historia grande del arte, algunas firmaron con seudónimos de hombres para poder ganarse su lugar, otras vieron atribuidas sus obras a contemporáneos y, de algunas, apenas se conservan obras.
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Hubo también otros casos que desafiaron a las normas, como Hepworth y Preece, quienes en la época victoriana vivieron una historia de amor de espaldas a la sociedad y que combinaron sus talentos para ganarse un lugar en la sociedad y el reconocimiento.
Detrás de la imagen pública de una artista reconocida en los círculos del aristocrático a Bloomsbury Group, Ruby Vivian Preece (Londres, 1894), su nombre verdadero, fue la esposa del célebre pintor Stanley Spencer, pero mantenía una doble vida o, mejor dicho, este matrimonio era una farsa que escondía una vida marcada por la transgresión de las normas sociales y artísticas de su tiempo.
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Creció en una familia acomodada, durante la Gran Guerra, se comprometió con un oficial de la Royal Naval Reserve, aunque la relación terminó por sus ideas progresistas. Vivía en el paquete Kensington con su madre y hermana, cuando comenzó a realizar ilustraciones de moda para revistas, condujo ambulancias y se involucró en el movimiento sufragista para en 1918 unirse a la Slade School of Fine Art.
Por su parte, Dorothy Hepworth (Leicester, 1894), hija de comerciantes de calcetines, comenzó a estudiar arte en si ciudad para trasladres a la capital, donde la Slade se graduó con honores de primera clase en 1919.
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Allí se conocieron, la artista de buena familia, extrovertida y angelical, y una artista de gran talento, pero de carácter reservado. Allí se enamoraron. Juntas, y con el apoyo de los Hepworth, establecieron un hogar y estudio, primero en Londres y luego en París, donde Preece estudió con André Lhote, maestro mítico del modernismo, que tuvo como alumnos a Tamara de Lempicka, Lino Enea Spilimbergo, Henri Cartier-Bresson, Tarsila do Amaral y Antonio Berni, entre otros.

Durante los ‘20 se sumergieron en el ambiente artístico y bohemio de los años veinte. Influenciadas por el modernismo francés y el círculo de Natalie Barney, regresaron a Londres en 1925, procurando evitar el estigma social que recaía sobre las parejas lesbianas, y a menudo se presentaban como hermanas.
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La dinámica entre ambas era singular: Hepworth, prolífica y tímida, creaba las obras; Preece, carismática y sociable, las exhibía y vendía bajo su propio nombre. Articularon así una historia de colaboración secreta e identidades intercambiadas única.
Con esta estrategia, motivada tanto por la necesidad económica como por la personalidad de cada una, engañaron a coleccionistas y críticos, incluidos Virginia Woolf, Duncan Grant, Augustus John y Clive Bell, quienes elogiaron la supuesta profundidad psicológica de los cuadros de Preece.
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El pintor Augustus John llegó a afirmar que era una de las seis mejores artistas femeninas de Inglaterra, mientras que Vanessa Bell, también pintora e interiorista y hermana de Virginia, opinó que la artista era “dotada y muy seria, y necesita mucho estímulo”.
En 1928, ambas se instalaron en Cookham, donde trabaron amistad con el renombrado Stanley Spencer y su esposa, la también artista Hilda Carline. La relación entre Preece y Spencer se tornó compleja: él, fascinado por su personalidad, la agobió con regalos y atenciones, se divorció de Carline y le ofreció su propia casa a Preece.
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En 1937, Spencer y Preece se casaron, aunque ella nunca abandonó a Hepworth ni mantuvo relaciones sexuales con su esposo. Preece, de hecho, viajó con Hepworth a St. Ives tras la boda, mientras Spencer permanecía en Cookham. La convivencia resultó insostenible: Preece expulsó a Spencer de la casa y se negó a concederle el divorcio, aunque continuó recibiendo pagos de él. Tras la muerte de Spencer, en 1959, insistió en ser llamada Lady Spencer y reclamó una pensión como su viuda.

La obra artística atribuida a Preece, en realidad, era fruto del talento de Dorothy Hepworth. Las pinturas, estilo modernista, destacan por el uso de colores vivos, pinceladas audaces y una sensibilidad especial en la representación de la figura femenina.
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La influencia del postimpresionismo francés es evidente tanto en la técnica como en el enfoque compositivo, tal como se puede ver en Figuras interiores, una obra de 1935, que se encuentra en la Glynn Vivian Art Gallery.
Si la contraponemos con el Autorretrato de Spencer (arriba), se presentan dos abordaje de la intimidad diferenciados. Mientras en una se revela una situación de la rutina, de diálogo, de encuentro, casi como un paisaje de lo cotidiano que se abre; en la del pintor, en cambio, se apuesta por un desnudo frontal, casi como una toma de posición sobre esa posesión, pero a la vez es un retrato donde el artista, de espaldas, observa desde una postura incómoda, las miradas no se encuentran, incluso él parecer observar a una tercera persona, por fuera de la escena.
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La colaboración y el secreto de la pareja se mantuvo durante casi cincuenta años, hasta que, tras el fallecimiento de Preece en 1966, se reveló la verdadera autoría de las obras. Sim embargo, Hepworth nunca expuso bajo su propio nombre, firmando siempre como Preece, incluso tras la muerte de su compañera.
La vida de ambas mujeres estuvo marcada por la necesidad de ocultar su relación y su colaboración artística, en un contexto social que no toleraba la homosexualidad ni la disidencia de género.
La muerte de Preece en 1966, a los setenta y dos años, en Maidenhead, y la de Hepworth en 1978, a los ochenta, cerraron un ciclo de casi medio siglo de vida y trabajo conjunto. Ambas reposan bajo una misma lápida en el cementerio de Cookham.
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