
Cincuenta años separan los primeros conciertos de Patti Smith en el oscuro pero efervescente CBGB de Nueva York del oropel del Teatro Real de Madrid, donde actuó para celebrar ese aniversario y liberar de nuevo los caballos, aún bravos, de su primer disco, Horses (1975).
Maestra hechicera en el arte de crear atmósferas diferentes y fluir entre ellas, la poetisa, escritora, compositora y cantante estadounidense justificó que las más de 1.600 entradas volaran para asistir a un concierto con garra, drama, sonrisas, relatos y mensajes comprometidos con Gaza, que no quiso perderse ni la española Rosalía, presente en el evento.
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El mítico disco Horses, producido por John Cale cuando este aún formaba parte de la Velvet Underground y grabado en los míticos Electric Lady Studios de Nueva York, fue un álbum pionero del punk rock, que se volvería emblemático por el componente poético de sus letras entre acordes severos de rock y por convertirse en abrigo de inadaptados y librepensadores.
Por allí estaban los poetas Allen Ginsberg o William Burroughs, y su entonces pareja, el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Era el momento para que una nueva generación tomara las riendas y atizar la cultura en general, de ahí la inspiración para el equino título.
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“Jesucristo no murió por mis pecados”
A Madrid vino con dos de los miembros de su banda original, el guitarrista Lenny Kaye (convertido casi en su gemelo) y el batería Jay Dee Daugherty, además de Tony Shanahan al teclado y el propio hijo de la cantante, Jackson Smith, como segunda guitarra.
A los pocos segundos de comenzar el espectáculo salió a escena ella, con la melena blanca suelta e indómita, entre los aplausos de un público variado, mayoritariamente femenino y coetáneo, que se puso en pie para recibirla. “Jesucristo murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”, proclamó en el emblemático y subversivo inicio de “Gloria: In Excelsis Deo”, el primer tema del álbum, prácticamente recitado en su arranque, aunque fue tomando empaque en lo musical y en la pose, el brazo en alto y una pierna posada sobre un altavoz, como en actitud de conquista en medio del alborozo general.
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Fue una declaración de intenciones ante lo que iba a ser este concierto. A sus 78 años, solo le faltó el resuello un poco al deletrear en alto las letras de ese “Gloria”, porque la descarga siguió alta, no tanto con “Redondo Beach” pero sí con “Free Money”, un galope de purasangres embravecidos por una batería vertiginosa.

Su voz, que se impregnó de peso y gravedad por los años, dotó después de otra dimensión bluesera a “Birdland”, adornada con los pequeños lamentos que Kaye dibujó a la guitarra, en un crescendo que se tornó en exorcismo al cantar “Don’t let me here, the son, the sign, the cross / Like the shape of a tortured woman”.
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Mensajes por Gaza
Cuando llegó el turno de “darle la vuelta al disco para escuchar la cara B”, recordó el origen de “Kimberly”, escrito en homenaje a su hija pequeña un día en que, mientras la llevaba en brazos por un escenario idílico de granjas, un granero saltó por los aires; pese a la dantesca escena, su hija, protegida entre sus brazos, seguía sonriendo.
“No hay nada más preciado que la sonrisa de un niño, por eso debemos recordar a todos los niños que sufren”, dijo en un mensaje que anticipó su comprometida posición ante el genocidio en Gaza.
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Después de “Break It Up”, calló hasta los susurros con su “Elegie”, el epílogo del disco, convertido en esta gira en antesala desde la que hacer aún más grande “Land”, un final de altura entre los “horses, horses, horses” y puso al público en pie. Podría haber acabado ahí el concierto, pero tras un receso, volvió con el pelo recogido en dos coletas para ofrecer temas de toda su carrera, como “Dancing Barefoot” o “Ghost Dance”.
Entre todo ese material, “Peaceble Kingdom”, que escribió en honor a la activista propalestina Rachel Corrie, asesinada en 2003 por un bulldozer israelí. “Porque la pérdida de tierra y de hogares no es algo nuevo”, ha subrayado. Aún quedaba la descarga final, la dedicatoria a su marido “y el mejor novio del mundo”, Fred “Sonic” Smith, para el que cantó “Because The Night”, el tema que coescribió con Bruce Springsteen, y, sobre todo, la necesaria llamada al empoderamiento popular en tiempos de retroceso que es “People Have The Power”.
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[Fotos: JuanJo Martín/EFE]
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