
La tarde del 10 de septiembre de 1943, nueve figuras influyentes se reunieron discretamente en un apartamento de Charlottenberg, Berlín, bajo el pretexto de celebrar el 50º cumpleaños de la hermana menor de Elisabeth von Thadden.
En realidad, el encuentro tenía un propósito mucho más trascendental: debatir el futuro de Alemania ante la inminente derrota de Hitler en la guerra. En torno a una mesa con té, sándwiches y un insípido “pastel de guerra”, los asistentes —lejos de ser rebeldes natos— compartían la convicción de que el renacimiento democrático del país estaba al alcance de la mano.
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Entre los presentes, Otto Kiep, exdiplomático, expresó su esperanza tras la caída de Mussolini, convencido de que Italia pronto pactaría la paz con los aliados. Por su parte, la anfitriona Von Thadden, protestante devota y exdirectora de un prestigioso colegio femenino, advirtió sobre la crisis humanitaria que seguiría al fin de las hostilidades. La anfitriona política Hanna Solf no ocultó su júbilo ante la perspectiva de la caída de Hitler, llegando a afirmar: “Lo pondremos contra la pared”.

El grupo, formado en su mayoría por miembros de familias militares distinguidas, había experimentado una lenta y dolorosa desilusión con el régimen nazi. Inicialmente, muchos de ellos vieron con buenos ojos la promesa de los nacional-socialistas de restaurar el orgullo militar y la estabilidad económica de Alemania, tras la humillación sufrida por el Tratado de Versalles. La esperanza de un retorno a los valores de Goethe y Beethoven parecía cercana.
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Sin embargo, la realidad pronto disipó cualquier ingenuidad. Cuando se hizo evidente el horror del programa nazi de limpieza racial, la pasividad dejó de ser una opción. En 1933, Kiep, entonces cónsul general en Estados Unidos, desafió abiertamente al régimen al rendir homenaje público a Albert Einstein, el refugiado judío más célebre del nazismo, lo que le valió un inmediato llamado de regreso a Alemania.
Para Von Thadden, el punto de inflexión llegó al descubrir los planes del Tercer Reich para el cristianismo: una nueva “iglesia alemana” en la que Hitler ocuparía un lugar superior al de Jesucristo.
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La condesa Lagi von Ballestrem se dedicó a ayudar a cientos de judíos ocultos —conocidos como “submarinos”— a sobrevivir los duros inviernos berlineses y a escapar a través de una red de túneles y documentos falsos. La condesa perfeccionó una forma sutil de resistencia: siempre llevaba bolsas de ropa pesada en ambas manos, lo que le permitía evitar el saludo obligatorio de “Heil Hitler”.
Lo que ninguno de los asistentes sospechaba era la presencia de un informante entre ellos. Aunque llegó al encuentro con impecables referencias, su actitud resultó sospechosa en retrospectiva: escuchaba con atención excesiva y buscaba obtener más confesiones, ya que en realidad transcribía todo para su superior en la Gestapo, el temido Herbert Lange. Como resultado, en un plazo de 18 meses, casi todos los participantes de aquella reunión terminaron muertos o encarcelados.
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Jonathan Freedland reconstruye este episodio en El círculo de traidores, una obra que, según la fuente, combina el rigor documental con el ritmo de un thriller. A lo largo de 74 capítulos breves, cada uno con un final abierto, el autor sigue los intentos de estos héroes reticentes por eludir y finalmente enfrentar su destino.

Al principio, reinó un inquietante silencio, hasta que llegaron los arrestos: un golpe en la puerta, una mano en el hombro. Dada la posición social de los detenidos, el régimen los utilizó para fines propagandísticos, organizando juicios públicos con costosos abogados, testigos y súplicas familiares.
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Todo fue en vano: Kiep fue ahorcado, Von Thadden decapitada y Arthur Zarden, alto funcionario del Ministerio de Finanzas, logró escapar de sus captores y se arrojó al vacío. El resto recibió largas condenas de prisión.
La obra de Freedland plantea una pregunta incómoda: ¿cuántos, ante la posibilidad de sobrellevar un presente político insoportable sin grandes sacrificios, tendrían el valor de alzarse, denunciar y afrontar las terribles consecuencias?
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