Lo último que hice con Daniel Divinsky fue una promesa que no cumplí. En realidad, yo había ido tímidamente, con un poco de pudor, a proponerle editar yo -una periodista- un libro de él, uno de los principales editores argentinos, el que sacó a Quino, a Fontanarrosa, a Rodolfo Walsh, a Maitena y a Liniers. Un par de años antes Divinsky había aceptado mi propuesta de comentar libros para Infobae.
Era un lector inteligente, incómodo, agudo y esas reseñas ayudaban a entrar a los libros con su mirada experta. Le dije que quería reunirlas en un ebook para publicar en Leamos, la editorial digital de Infobae. Pensé que era un atrevimiento pero la idea lo emocionó. Quedé en hacerlo y mandarle un original para que viera si quería cambiar algo y escribiera un prólogo. Lo postergué, lo postergué, Daniel Divinsky murió esta madrugada, esa alegría entre nosotros ya no ocurrirá.
Estaba frágil, viejito, esa vez que nos vimos. Caminaba ayudado por su mujer, Liliana Szwarcer. Pero no imaginé que estaba enfermo. Primero, porque uno no imagina que pueda desaparecer la gente que siempre estuvo ahí. Y, también, porque era joven, mucho más joven que yo. Aunque había nacido el mismo mes y el mismo año que mi padre, era cada vez más joven que yo.
Y a esto voy: cuando yo recién empezaba y él era “el mítico editor” -siempre se burlaba de esta fórmula-, Divinsky se juntaba conmigo como se juntaba con un montón de periodistas, de escritores, de autores jóvenes. Nos invitaba a comer en lugares lindos -recuerdo un restaurante indio delicioso-, nos quería escuchar.
Sabía que su ojo y su apuesta había hecho parte de la literatura argentina del siglo XX, pero lo contaba como una casualidad: “Me enorgullezco de haber sido el editor elegido por Quino, también por Walsh y Fontanarrosa, y también de otros menos masivos pero que también me dio mucha alegría poder publicarlos”, dijo en una entrevista en 2022.
Buscaba, sin embargo, lo menos formal, el humor. Hace unos pocos años me anunció que por fin había encontrado UNA autora -o autor, no se trataba del género- que escribía con humor. Era Verónica Sukaczer.

En 2015, después de “incompatibilidades de caracteres editoriales”, acordó dejar en manos de su exmujer, Kuki Miller, la editorial De La Flor, que habían construido juntos. Se había comprometido a no editar para otros durante un tiempo, no llevarse a otro lado esa marca que era el nombre Daniel Divinsky. No se arrepintió: dio clases, escribió, siguió atento el panorama editorial con interés pero con esa mirada un poco insolente. Joven. Más joven que la mía, que podría haber sido su hija.
Yo trataba de que explicara con seriedad sus elecciones literarias y él respondía así: “En una editorial mediana o pequeña, donde el dueño es el que tiene la decisión editorial, lo que funciona es la crítica del gusto, si algo te gusta lo publicás; existe la posibilidad de que haya dos mil tarados a los que les guste lo mismo que a vos, lo compren y posibiliten que uno siga editando otras cosas. Ahora con 500 personas alcanza, porque las tiradas son cada vez más chicas”.

Siempre lo podías llamar para que te contara qué pasaba en el mundo editorial, que te chusmeara internas de la Feria del Libro, que te hablara de lo que estaba leyendo, muchas veces -eso es un editor- adelantándos a las tendencias. Recuerdo cuando me habló de un autor francés que le había gustado. Me recomendó un título: De vidas ajenas. Le hice caso y me lo llevé a un viaje. Ya saben, es un libro de Emmanuel Carrère, que después -sobre todo después de su biografía Limónov- se volvería un autor fundamental de esta época.
Joven, joven, con la mirada en el mañana, con una predilección por lo burlón, por la risa, atento a las novedades, ligado al mundo.
Se fue Daniel Divinsky, se fue tranquilo y rodeado de amor, pero no es consuelo. Se fue el joven editor que nos hizo tan felices. Tan felices por su trabajo como lo fue él. Tras tantos cambios en la industria editorial, ya fuera de De La Flor, en 2022 le pregunté si volvería a ser editor. “Sin ninguna duda. Discuto con García Márquez sobre cuál es el oficio más lindo del mundo”.
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