
¿Qué es lo que nos lleva a olvidar algo que hacíamos? ¿Puede nuestra memoria ser tan traicionera, al punto de encontrarnos con cosas de nuestro pasado y desconocerlas por completo? ¿Existen los olvidos inducidos?
Estas son algunas de las preguntas que me hice cuando empecé a escribir las escenas de Nancy. Yo misma había estado padeciendo una amnesia profunda. Y muy lejos de temerle a lo autorreferencial, reconozco que la escritura de esta pieza fue la tarea fundamental que me llevó a reconectar con algo que había olvidado y que había sido crucial para mi vida en algún momento, o en algún espacio: la escritura misma.
El olvido -como acción interna y pasiva-, no es algo que sucede repentina y sorpresivamente; el olvido es resultado de compendio de cosas que hacemos de manera organizada para lograr olvidar. ¿¡No les parece una locura!? Y no me refiero a los olvidos mundanos, que “¡Dónde metí las llaves!”, que “¡No encuentro los libros!”, que “¡uh, hoy venía tal!”; sino más bien a esos olvidos que nos dejan incompletos, con silencios y rincones vacíos.

Un buen día, la pregunta fundacional del universo de Nancy se me clavó en la cabeza como un alfiler: ¿Qué harías si recibieras un llamado de vos misma? Y si lo creyeras posible, ¿Qué te dirías?
Entendí que este planteo no solo estaba nutrido de una ocurrencia pasajera y disparatada -de esas que son comunes en mí y que suelo utilizar como disparador para desarrollar algo más complejo-, sino que además me representaba.
Entonces sentí que la única manera de hacer que Nancy atravesara la tormenta del redescubrimiento era a través del humor; de otra forma me hubiera sido imposible contar algo tan aplastante y demoledor. Y el único espacio en donde podía alcanzar ese estado de verdad y desnudez, era en la intimidad de su propio baño.

Pero ya que exprimo exageradamente el recurso de “la pregunta”, para cerrar estas líneas -y no quemar naves que pertenecen a lo escénico-, me pregunto algo más: ¿por qué olvidamos?
Olvidar es el mal de esta época ¡Al menos que yo recuerde! Andamos en sincro con un ritmo de vida que carece de detalles. Y los detalles -alguien tiene que decirlo- son esas pinceladas de particularidad que nos permiten recordar el cuadro completo, conservar las vivencias. Vemos pasar los días de una manera tan filtrada, que sólo podemos tener experiencias limitadas. No recordamos lo que hacemos porque nuestras acciones están deshabitadas.
Pero además ¿¡cuánto podemos ocuparnos de algo que olvidamos!? ¡Parece muy sencillo! En un mundo tan sesgado por la productividad, es más fácil sostener el olvido que cualquier cosa que esté relacionada con el deseo ¡Mejor hacer lo que se debe y aquietar lo que nos mueve!
Nancy -desde lo poco que recuerda y atesora- intenta, ridículamente, hacer equilibrio sobre el elástico de su incómoda comodidad; y nos hace reflexionar sobre el hábito humano y cada vez más frecuente de autoinducirnos a olvidar.

Lo colectivo es la clave.
En el desenlace de esta pieza -que se vuelve desopilante por la manera en que Georgina Villar encarna al personaje-, nos damos cuenta de que Nancy nunca podría encontrar las piezas de ese rompecabezas nuboso y amorfo en el que vive, si no fuera por las voces que la guían. La labor de Carlos Iacono -interpretando la voz de Bernardo, su extraño compañero- y la de Gisèlle Grieco Pesce -interpretando la voz de Perla, una desconocida y misteriosa mujer que le da una valiosísima pista-, dan cuenta de la importancia de construir el relato de forma colectiva.
En tiempos en los cuales se vuelve difícil cimentar algo que esté por fuera de los moldes establecidos, la camaradería y la multiplicidad de miradas son la materia prima necesaria para poder desplegarse. En todo folklore grupal existe una complicidad creativa que permite que todas las aristas que componen la geometría de una obra se unan en una pieza común y articulada. Cada artista/integrante del equipo es parte fundamental del armado mayor. El trabajo concentrado y dedicado de cada artesano -actrices, actor, escenógrafo, vestuarista, músico, iluminador, asistente de ensamble técnico y director- va dando forma a las partes ausentes de una escena que intentamos reconstruir.
*Nancy contra Nancy se presenta los sábados 21 y 28 de Junio a las 22.30 hs en Fandango Teatro (Luis Viale 108 - CABA) Las entradas se adquieren por Alternativa Teatral.
EQUIPO: Actúa: Georgina Villar. Voces en off: Carlos Iacono, Gisèlle Grieco Pesce. Diseño y realización escenográfica: Damian Moroni. Diseño y realización de vestuario: Gisèlle Grieco Pesce. Música: Santi Martín. Asistencia de ensamble técnico general: Nicolas Gyurkovits. Producción: MoroFamily. Fotografía: Violet Lazarte. Libro y dirección: Jeanette Moro.
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