
¿Quién dijo que para ser editora o escritora se debe venir del ámbito de las letras, exclusivamente? No es la primera vez que en esta columna participa una editora que viene de otro campo.
En el caso de Silvia Sirkis, “multifacética”, como ella misma se define. Se valió de su formación como arquitecta y diseñadora para convertirse en editora y divulgadora sobre patrimonio artístico y cultural en la infancia. En 2008, fundó la editorial Arte a Babor, que dirige hasta la actualidad y cuyo catálogo está compuesto por libros que acercan el arte, el diseño, el urbanismo y la arquitectura a los más chicos.
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Los proyectos editoriales de Arte a Babor han sido seleccionados sostenidamente por programas de cultura y educación, así como, también, incluidos en planes de lectura nacionales y para conformar bibliotecas de Argentina, México, Uruguay, Chile y Colombia.
Varios libros de la editorial son de su autoría, como El misterio de la bailarina, A Benito le gustan los barcos, un cuento para conocer a Quinquela Martin, El jardín de Monet, por mencionar solo algunos, e incluso han sido traducidos al portugués.
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Su compromiso con los consumos culturales para las infancias la condujo a integrar la comisión directiva de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil, ALIJA, entre el año 2015 y el 2017. En 2019 creo la muestra interactiva Lola Mora, viaje a un tiempo de pioneras, que con gran éxito se presentó durante cuatro meses en la Usina del Arte.
—¿Cómo se construye la identidad lectora?
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—La expresión “identidad lectora” me hace pensar en un lector avezado, que sabe el tipo de lecturas que le gustan o interesan. Porque tanto en la infancia como en la adultez, tenemos mayor afinidad y más interés por ciertos textos. A algunos les gustan las aventuras de misterio, y a otros, los libros informativos. Siendo así, para construir una identidad lectora, hay que tener experiencia, estar en contacto con distintos libros y tener el tiempo de explorarlos. Entonces, la pregunta sería cómo lograr esa experiencia lectora. ¿Por qué en la infancia querríamos leer? ¿Por qué elegiríamos ese camino más trabajoso “de entretenimiento” frente a las pantallas brillantes y llenas de efectos? Para mí esa experiencia lectora se construye si en la familia, en la escuela, entre los amigos, en el barrio, el libro tiene valor, si se habla de libros, se visitan librerías o bibliotecas, se cuentan historias y, sobre todo, si hay momentos para el libro.

—¿Crees que un libro podría despertar el interés por leer?
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—El fenómeno Harry Potter demuestra que es así. Sin embargo, para mí no se le puede pedir a un solo libro que despierte al lector que tenemos dentro. Leer es explorar, buscar y disfrutar de entrar en mundos diferentes al cotidiano. Cada tanto nos topamos con un libro que nos encanta, nos emociona, nos divierte, nos cuenta cosas que nos interesan, nos hace soñar. Ese libro para nosotros será memorable.
—De un hogar sin madre ni padre ni familiares lectores, ¿puede surgir un ávido lector?
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—Por supuesto que sí, nosotros no somos solo reflejo de nuestros padres. Además, esos padres pueden no ser lectores, pero disfrutar de la lectura con sus hijos y generar momentos hermosos en la búsqueda del libro que leerán juntos.
Los libros pueden ser una experiencia personal o no. Con los libros de Arte a Babor, que muchas veces se leen en familia, todos aprenden en su lectura. Siempre recomendamos visitar los museos cuyas obras conocieron, libro en mano. Por ejemplo, Perdidos y encontrados, para buscar y encontrar obras de arte, es también un libro para compartir. Hay lectura y hay juego.
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—Pensando en esto, ¿hay un momento para empezar a leer?
—Siempre se puede empezar a leer, pero es en la infancia donde uno se acerca y adquiere muchos de los consumos culturales que mantendrá en su vida.
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—¿Qué es ser mediador de lectura? ¿Está iigado a la educación o hay otros tipos de mediadores?
—La educación formal es, o debiera ser, un igualador en términos de formación. En la escuela debe darse el encuentro con los libros, y cuanto más diversos, mejor. La escuela enseña a leer, en un sentido muy amplio, a comprender lo que leemos, a conocer autores, a encarar textos difíciles. Leer no es fácil. Lograr la concentración y el espacio temporal para hacerlo requiere disciplina. Y si bien los docentes intentan entusiasmar, la lectura escolar no se relaciona corrientemente con la lectura por placer.
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Cuando pienso en mediadores de lectura pienso en aquellos que con su accionar logran un exitoso encuentro libro-lector. Una bibliotecaria o librera que sabe que te gusta y te recomienda libros; una tía que te lee el libro que eligió para vos. Los mediadores que son profesionales pueden acercar libros distintos y proponer recorridos lectores inhabituales, pero un mediador no profesional puede transmitir emoción.
—¿Recordás tu primer encuentro con libros?
—Mi casa y la de mis abuelos estaban llenas de libros y recibía muchos libros de regalo. Recuerdo con especial cariño Dailan Kifki, de María Elena Walsh, que me atrapó y leí de un tirón a los 7 años, y unos libros de tapa dura y formato grande en los que leí los cuentos de Andersen, los cuentos de las Mil y una noches, Corazón, de [Edmondo] De Amicis y Preguntas y respuestas sobre la naturaleza. Así de variado. El mundo en mis manos.
[Fotos: gentileza Silvia Sirkis]
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