
Con más de 20 libros publicados, múltiples bestsellers y miles de lectores alrededor del mundo, Victoria Schwab —también conocida como V.E. Schwab en sus libros para adultos— se ganó un lugar de privilegio en la narrativa fantástica contemporánea. Pero su nueva novela, Que entierren nuestros huesos en la medianoche, representa mucho más que un hito editorial: es una declaración de principios, una confesión literaria y una muestra de vulnerabilidad pocas veces vista en sus historias.
En entrevista con Infobae, Schwab habló de como esta nueva novela es su obra más personal, una historia oscura e intensa atravesada por la inmortalidad, la rabia, el hambre y la identidad queer, construida a partir de tres protagonistas femeninas en tres épocas distintas. “Nunca había escrito algo tan íntimo. Y eso me asusta”, confesó.
Un proceso creativo marcado por la intimidad y la evolución personal
Schwab, reconocida por su capacidad para crear universos oscuros y absorbentes, confesó que este nuevo proyecto representa un punto de inflexión en su trayectoria. A diferencia de sus anteriores novelas de fantasía, donde existía un “velo de protección” entre su vida y su obra, esta vez se expuso de una manera inédita, lo que le genera una mezcla de esperanza y temor ante la recepción del público.
El origen de la novela se remonta al periodo posterior a la publicación de "La vida invisible de Addie LaRue“, una obra que le llevó casi una década completar y que, según relató, le dejó una sensación de duelo creativo.
Schwab se planteó entonces cómo sería escribir un libro que pudiera “sentarse al lado de Addie”, pero que explorara el reverso de sus temas: si Addie LaRue abordaba el optimismo y la inmortalidad desde la esperanza, la nueva novela se adentra en la inmortalidad teñida de rabia y hambre.
“Pensé en qué libro podría estar al lado de Addie, conversando con ella, compartiendo estantería. Así surgió esta historia. No como una secuela, sino como su opuesto”, expresó la autora estadounidense.

La escritora también señaló que buscaba escribir una novela lésbica que no idealizara a sus personajes, sino que los mostrara en toda su complejidad, alejándose de la presión de representar a toda una comunidad a través de figuras moralmente impecables.
La construcción de tres personajes femeninos complejos
En el centro de la novela se encuentran tres mujeres: Alice, Sabine y Charlotte, cuyas historias y personalidades simbolizan, según la escritora, distintas etapas de la experiencia queer de la propia Schwab.
Alice, la protagonista moderna de 18 años, surgió de una anécdota personal sobre las advertencias de sus padres respecto a las aventuras de una noche. Schwab imaginó a una joven que, tras una experiencia así, despierta para descubrir que la otra persona desapareció y está muerta, transformando la advertencia en el punto de partida de una trama que explora las consecuencias y la transformación personal.
María y Charlotte completan el trío de protagonistas, cada una representando una fuerza vital distinta: “Alice actúa desde la razón, Charlotte desde el corazón y María desde el hambre”.
“También representan, en lo personal, las tres etapas de mi experiencia queer: fui una adolescente que no sabía quién era, luego supe quién era y sentí que estaba mal, y solo quería desesperadamente ser amada y vista, y finalmente llegué a ser completamente yo, sin disculpas. Fui de Alice a Charlotte y a María”, detalló la autora.
Schwab subrayó que su intención es dotar a estos personajes de la misma complejidad y matices que tradicionalmente se reservan para los protagonistas masculinos heterosexuales.

“Quiero que todos mis personajes tengan el mismo nivel de matices y complejidad que tradicionalmente se les otorga a los personajes masculinos blancos heterosexuales”, explicó la escritora, quien insistió en la importancia de permitir que las mujeres queer sean desordenadas, antagonistas y complejas, sin ser castigadas o vilipendiadas por ello.
La representación LGBTQ+ y la responsabilidad de la autora
La visibilidad y la representación de personajes LGBTQ+ constituyen un eje central en la obra y en la vida de Schwab. La escritora reconoció sentir una responsabilidad tanto personal como profesional hacia la comunidad queer, una responsabilidad que evolucionó junto con su propia identidad.
Schwab relató que comenzó su carrera literaria antes de salir del clóset, lo que se reflejaba en sus primeras obras a través de temas de otredad y familia encontrada, aunque entonces carecía del lenguaje para expresar su identidad.
“Después lo descubrí. Y pasé los siguientes cinco años intentando asimilarme de distintas maneras, tratando de hacer mi feminidad más pequeña, mi identidad queer más pequeña… todo más pequeño para no —en inglés decimos— ‘rock the boat’, es decir, no incomodar, no molestar a nadie. Hay mucha presión para asimilarse. Y me di cuenta, hace unos cinco o seis años, de que eso no funciona. Podés pasarte la vida intentando hacerte más pequeña, pero la única persona a la que estás dañando es a vos misma”, expresó.
En cuanto a su trabajo, la autora sostiene que su mayor responsabilidad es no reducir ni higienizar a sus personajes queer, sino mostrar su diversidad y complejidad. “¿Mis tres lesbianas representan la experiencia lésbica? No. Son solo tres personas. No hay un modelo único”, puntualizó Schwab, destacando la necesidad de romper con la expectativa de una identidad estandarizada.
La experiencia queer a través del tiempo y de los géneros
La novela de Schwab se despliega en tres escenarios principales: la España del siglo XVI, el Londres del siglo XIX y el Boston actual. Esta elección responde al deseo de la escritora de explorar cómo la identidad y el amor queer se manifiestan en diferentes contextos históricos.

María, vive en una época en la que la posibilidad de ser queer ni siquiera se contempla. Charlotte, en el Londres victoriano, es consciente de su orientación, pero vive atemorizada por las expectativas sociales. Alice, en el presente, salió del clóset y sus conflictos existenciales no giran en torno a su sexualidad.
Además, Schwab utilizó estos escenarios para anclar lo sobrenatural en la realidad, convenciendo al lector de que la magia y lo extraño siempre estuvieron presentes en el mundo. La autora sostuvo que, al integrar la magia en la historia, se vuelve real y tangible, permitiendo que los lectores se cuestionen si alguna vez estuvieron cerca de lo invisible sin notarlo.
Por otro lado, uno de los aspectos más innovadores de la nueva novela de Schwab es su resistencia a ser encasillada en un solo género. La escritora explicó que la obra puede ubicarse en la fantasía, el horror o el romance, pero que en realidad desafía cualquier definición sencilla.
“Quería escribir una historia que desafiara al género como categoría. Podrías ubicarla en fantasía, en horror, en romance… aunque no creo que sea una historia de amor. Es una historia sobre dejar de amar, lo cual, de por sí, ya es algo espeluznante”, señaló.
Propósito por encima de perfección
Victoria Schwab reconoció que, tras años de perfeccionismo, aprendió a priorizar el propósito sobre la perfección en su trabajo. “Estoy increíblemente orgullosa de haber plasmado en el papel lo que tenía en la cabeza. Estoy orgullosa de haber cumplido el propósito de esta historia”, afirmó la autora, quien espera que la novela sorprenda a los lectores y permanezca en su memoria mucho después de haberla terminado.
“Espero que, cualquiera sea la expectativa del lector, el libro lo sorprenda… que sea un libro del que no pueda dejar de pensar una vez terminado”, expresó Schwab, resumiendo su deseo de que la obra “se les meta bajo la piel”.
Con Que entierren nuestros huesos en la medianoche, Victoria Schwab no solo construye un universo literario fascinante, sino que abre una ventana íntima a su identidad, reafirmando el poder de la ficción como espacio de verdad y representación.
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