
En la escuela de actuación que formamos hace más de veinte años junto a Matías Feldman, insistimos en la búsqueda de la particularidad. Crear el “Mundo”, las reglas propias de la actuación o de una escena. En la cocina, tanto como las notas musicales o los temas que inspiran una obra de teatro, los ingredientes básicos ya están inventados. El desafío está en cómo combinarlos.
En esta búsqueda se presentan, también en común, algunos mixes de conceptos: la responsabilidad y el juego, la prueba y el error, la sorpresa y el disgusto, lo previsible y el accidente.
PUBLICIDAD

Cuando era chico me pasaba horas jugando torneos de fútbol en una habitación vacía de la casa de mis abuelos. Armaba distintos equipos con juguetes y objetos. Los agrupaba según su fisonomía o precedencia: el equipo de soldaditos, el de playmóbiles, superhéroes, fichas de dominó, de memotest, cucharitas, botones, etc. Había fase de grupos, y los clasificados jugaban un mata-mata hasta llegar a la gran final. Se jugaba sobre una alfombra (que era verde oscura, ¡como el césped!) y una bolita de vidrio como pelota. Mientras jugaba iba haciendo el relato del partido, pero también hacía de comentarista. No solo describía las vicisitudes del match sino que, también, contaba detalles de algunos jugadores, ya sea información deportiva como de la vida personal. “Batman no está en su mejor condición física, al partido anterior le generó un desgaste considerable.” “Este playmobil está en buen nivel, se lo ve entusiasmado porque acaba de ser padre.” “Si este soldadito sigue con este nivel, lo va a comprar el Barcelona.”
Vaya sorpresa me llevé cuando, algunos años después, mi gran maestro Kartun contó que Tato Pavlovsky de niño jugaba con su padre y hermano un juego similar. Cuando leí Historia de un Espacio Lúdico, del mismo Pavlovsky donde habla de esta experiencia, sentí que mi decisión de dedicarme al teatro tenía una razón de ser. La creatividad artística y culinaria hacen base en el juego.
PUBLICIDAD

Durante la cuarentena del 2020, además de aprovechar ese aislamiento para perfeccionar mis tímidos dotes culinarios e indagar en nuevas recetas, comencé a escribir Imagen velada. En principio con una mera motivación lúdica. Soltar la mano para ver hacia dónde me llevaba el material. Me impuse algunos axiomas caprichosos: diálogos cortos. Muchos personajes. Que ninguno de estos personajes sea protagónico. Una obra coral.
La imagen “velada” a la que remite el título surge de las fotos que muestran una fuga de luz, una falla, que se asemeja a una figura espectral. Como si un espíritu errante quisiera compartir otra vez un evento familiar. Ahí surgió la idea de alguien del pasado contemplando el presente. ¿Qué podía contrastar con una fiesta de gente de clase alta en un country de Zona Norte? El espíritu errante de un querandí asesinado en esas tierras en las primeras invasiones españolas. Un espíritu que contempló la génesis y la evolución del país. Un espíritu que, ante su imposibilidad de traslado, solo puede enterarse del afuera a través de las cosas que ven en televisión los dueños de la casa que habita. Este cruce de mundos habilitaba aún más las preguntas obvias sobre la constitución de nuestra sociedad. Centrándose más en las dudas que en las certezas. Por ejemplo, las diversas opiniones sobre la figura de Sarmiento.
PUBLICIDAD

Sin pudor a la ingenuidad, y en línea, sacarle jugo a las obviedades, me pregunté quiénes integran las clases dominantes en Argentina. ¿Por qué lo son? ¿Qué hicieron para serlo? ¿En detrimento de quiénes son parte de esa élite? ¿Qué consecuencias acarrea su codicia insaciable?
Por distintos momentos de la vida me inmiscuí en ese mundo. Conocí su pensamiento, su forma de hablar. El trato que tienen con sus empleados. Por eso me aventuré con cierto conocimiento de paño.
PUBLICIDAD
Una vez que tuve el primer borrador de la obra, empezó lo importante: el encuentro con el otro. Imagen velada fue una obra concebida desde el cariño y la necesidad de grupo. No solo motivados por la obra futura, sino por el contacto mismo con el compañero. Reunir a once actores y, de esta talla, no es tarea fácil. Que se lleven bien entre todos es un milagro. Desde el comienzo hubo un espíritu (valga la redundancia) de equipo. En este proyecto, que no estaba impulsado ni por ni para el dinero, las ganas de reunirse superaban al hecho artístico. El mate, los chistes, los chismes, los problemas personales, las anécdotas, algún que otro llanto o berrinche, vuelven a estos reductos humanos trincheras ante tanto embate externo.
Ya escuché a varios colegas y, confirmo, decir que el teatro, una vez más, se resignifica. Quizás no sea tan popular como algunas películas o series de plataforma, pero se vuelve un refugio. Un lugar de resistencia. El contacto con el otro sin pantalla de por medio. Escuchar la voz del otro, ver la destreza textual y física, estar expectante del fallo. En definitiva, ser parte de un rito. Primitivo, necesario. Ante el dominio inevitable de lo tecnológico, cada clase de actuación, cada ensayo, obra de teatro, danza, recital, varieté, stand up, se vuelven como pequeñas sociedades de fomento. Lugares donde el espíritu descansa y baila. Son obviedades, sí. Pero a veces, es bueno no evitar lo obvio.
PUBLICIDAD
*Autor y director de Imagen velada, que se presenta los martes 10 y 17 de junio a las 20 hs. en el Teatro Astros.
[Fotos: Prensa Imagen velada]
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Ortografía y redacción: no das más de ti, no no das más de sí
La Real Academia Española promulga normas para fomentar la unidad idiomática del mundo hispanohablante

“La Odisea” vuelve a conquistar fuera del cine: cómo el arte mostró las escenas más famosas de la película
El estreno del filme de Christopher Nolan volvió a poner la mirada en las placas, ánforas, lámparas y esculturas que cuentan desde otro ángulo el regreso del rey griego y sus encuentros más recordados

Cuando la Luna escribe el guion: el eclipse en la historia del cine
De los filmes mudos al contemporáneo, el fenómeno astronómico pasa de la fantasía humorística a la metáfora romántica y el suspenso, con escenas memorables en Camelot, en la selva maya y en relatos sobrenaturales

Los hombres que creían que algunos hombres son más iguales que otros
La historiadora Kim Phillips-Fein recorre la historia de las personalidades de EE.UU, desde nobles del siglo XVII a los magnates tecnológicos de la actualidad, para mostrar cómo las viejas defensas de la jerarquía reaparecen hoy con nuevos rostros, dinero y fascinación por la autocracia

La belleza de la semana: cuando los pintores pusieron la música en el lienzo
De Degas a von Honthorst, pasando por Ackermann: cuatro obras de siglos y estilos distintos que comparten un mismo tema, la música como acto humano, social y misterioso



