La escena sucede de noche, en una cafetería al costado de una ruta casi abandonada. El detective Enzo Vitello conversa con un joven camarero, y en la aparente liviandad del episodio emerge una postal de la serie italiana Dostoyevsky. El diálogo, impregnado de un tono que recuerda al cine de David Lynch, por lo absurdo y siniestro a la vez (¿qué hacer, sonreír o quedarse absorto?), se suma a una banda sonora que alterna entre el pop y la nostalgia, y detalles visuales que hacen foco en un charco de agua, cordones desatados de los zapatos o una mosca que sobrevuela una bandeja de comida abandonada.
Todo ello compone el universo de la primera serie televisiva de los hermanos D’Innocenzo, que lleva el nombre del célebre escritor ruso pero no guarda relación directa con él. O sí.
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La trama se centra en el investigador Enzo Vitello, interpretado por Filippo Timi, quien persigue a un asesino serial apodado “Dostoevskij”. ¿Por qué? Porque deja junto a los cuerpos de sus víctimas cartas en las que describe los últimos instantes de vida de cada una. Atraído por la oscuridad que percibe en sí mismo, Vitello inicia en secreto una correspondencia con el asesino, un vínculo que revela su propia fascinación por la morbosidad.
Vitello es un policía derrotado por la vida, de aspecto descuidado y actitud brusca, sumido en el consumo de drogas y casi despojado de vitalidad, salvo por la misión de capturar al asesino y el deseo de reconstruir la relación con su hija, a quien abandonó en la infancia porque esa fue la mejor manera que encontró para escapar de una pulsión inconfesable.
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Más allá de la estructura policial, la serie explora una estética árida, lacónica como las líneas de diálogo de todos los personajes. Hay paisajes de edificios en ruinas, campos desolados y seres humanos marcados por la miseria y el desamparo. La puesta en escena provoca incomodidad. Hay imágenes explícitas, físicas y emocionales, que provocan incomodidad: una colonoscopia mostrada sin filtros, un video de trío sexual interracial, vómitos provocados, drogas y una suciedad general que todo lo invade.

Dostoyevsky no cae en la pirotecnia dramática ni la búsqueda del impacto gratuito: cada uno de los seis capítulos enfrentan al espectador con una humanidad rota que ansía una redención aunque, en el fondo, sabe que será inalcanzable. Las imágenes son intensas, a menudo repulsivas, pero una cuidada fotografía -dotada de un simbolismo particular- dota a la miniserie de una extraña y seductora belleza.
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La premisa podría recordar a series como True Detective (es inevitable el contraste del sol, el calor y la humedad pegajosa del sur de Estados Unidos; al frío, la oscuridad y el viento de una nunca aclarada locación del campo italiano) o incluso The Killing. Pero se distingue de estas. El asesino rara vez aparece en pantalla; su presencia se percibe a través de las víctimas, las cartas y los escenarios que recorre, donde la cámara se detiene para expandir la tensión.

En este entorno sombrío, los únicos destellos de color provienen del abrigo amarillo sin mangas de Ambra, la acomplejada hija de Vitello, o de un atardecer sobre un campo de trigo azotado por el viento. Puede haber poesía y belleza aún en la oscuridad.
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Estrenada en la Berlinale 2024 y con una sucesión de buenas críticas y positiva respuesta del público en Europa, Dostoyevsky representa una expansión de los temas y la estética de los hermanos Fabio y Damiano D’Innocenzo, dos jóvenes e innovadores directores del nuevo cine italiano. Su enfoque ha enriquecido el género de los dramas criminales y las historias de mafia, plasmando una visión metafísica sobre estos temas, lo que se ha convertido en su distintiva contribución.
Previo a esta incursión televisiva, los fratelli D’Innocenzo se habían hecho un nombre con largometrajes como La terra dell’abbastanza (2018), Queridos vecinos (2020) y America Latina (2021). Cada una de estas películas refleja una habilidad única para entrelazar lo descarnado y lo realista que busca revolucionar y desafiar percepciones comunes sobre la criminalidad y la propia esencia de la sociedad italiana. Lo han logrado.
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[Fotos: Sky series]
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