
La situación es desesperante. Un apagón, un golpe que se oye desde afuera, y una noche que venía normal resulta ser el comienzo del momento más extraño de la vida, de un cambio radical, de otro mundo. Así -a esta altura quién no lo sabe- comienza El Eternauta. Parte de ese mundo raro está dado porque han “muerto” los teléfonos celulares y ni siquiera los autos arrancan.

El eternauta
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Es difícil vivir sin electricidad, sin esos aparatos. Pero, además, el grupo que protagoniza esta historia necesita moverse, salir de la casa. Y uno de ellos encontrará la respuesta. Algunos autos sí funcionan. Los autos viejos. Van más allá: las cosas viejas funcionan. Por ahí viene la frase.
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“Lo viejo funciona, Juan”; dice Favalli al volante de su antigua camioneta salvadora. Pronto -seguro- habrá camisetas con esa inscripción. “Lo viejo funciona”.
La serie que produjo Netflix, y que es furor en estos días, ocurre en el presente pero está basada en una historieta que Héctor G. Oesterheld y Francisco Solano López publicaron en 1957. La tecnología, claro, era más sencilla y más mecánica. Esa tecnología, la de 1957, que en el libro no era vieja, en la serie funciona.
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La famosa frase, que ya circula y va entrando al catálogo de frase célebres argentinas, parece hablar más bien de la distancia entre la publicación de la novela gráfica y la serie. Incluso, como si algún productor se asombrara ante el éxito de la serie: “Lo viejo -esa historieta de 1957- funciona”.

Sin embargo, hay que decir que hay, en la historieta, algunas cosas de donde agarrarse. Esa primera noche de terror, después de revisar cuántos alimentos, cuánta agua tiene el grupo, Favalli mira la radio -que, se entiende, está enchufada- y, con la ayuda de Lucas, la adapta para que funcione con pilas. No durará para siempre, las pilas en algún momento se van a acabar pero se puede confiar en que en los mercados y en los kioscos quedará una buena provisión. Al principio solo oyen ruido y creen que hicieron mal alguna conexión. Luego, toqueteando el dial, llega una voz en inglés que habla de una catástrofe: en todas partes está sucediendo algo similar.
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Lo viejo que funciona, en la serie, es la tecnología corriente en la época en que se escribió la historieta. Por eso en la obra original los autos se mueven sin problemas, y también los tanques y los walkie talkies. Sólo los teléfonos caen en la volteada: ¿por exigencias de guión? ¿Para aumentar la idea de aislamiento?
“En El Eternauta, la historieta, rescatan todo lo que tienen a mano en la buhardilla de la casa de Juan Salvo”, agrega el investigador Martín Hadis, que está a punto de publicar un libro. “Y buscan suministros en la ferretería y en todos los comercios ya abandonados del barrio”. Efectivamente, el investigador confirma que la búsqueda de lo viejo no es uno de los temas de la historieta.
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Es más, en una de las batallas contra los bichos aparece un arma desconocida, letal y muy moderna, un lanzarrayos. Lo nuevo muestra su músculo y su potencia, aunque los humanos se las arreglan para hacerle frente.
Adaptaciones
¿Está mal que la serie se aparte del libro, que agregue y quite personajes, que le plantee problemas que el libro no tiene (los celulares, los autos cuyos sistemas incluyen computadoras) y lo interrogue desde allí?
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A fines de marzo, conversó con Infobae Harlan Coben, autor de muchas novelas adaptadas al formato audiovisual; entre ellas Atrapados, que se hizo recientemente en la Argentina.

“Las peores adaptaciones son las que intentan parecerse exactamente al libro”, opinó el autor. Y más explícitamente: “Si querés la experiencia del libro, leé el libro”. También contó que a James Cain, el escritor de El cartero llama dos veces y Pacto de sangre, una vez le preguntaron si odiaba lo que Hollywood había hecho con sus libros, y él dijo: “No han hecho nada con mis libros. Están ahí, en la estantería”. Coben se para de ese lado: “Es lo mismo: lo bueno o lo malo de una adaptación no cambia el libro. Eso es lo primero”.
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La serie El Eternauta no es una copia de museo de la historieta de Oesterheld y Solano López. En otro soporte, el audiovisual, la obra ya es diferente. Quienes la reciben -ayer lectores, hoy espectadores- viven en épocas diferentes. La serie, en fin, tiene otros creadores que parten de la obra original y la interpretan.

Tal vez en tiempos en que el futuro era más esperado que temido, cuando lo nuevo era la esperanza, no hubiera tenido sentido la frase “Lo viejo funciona”, o no hubiera resonado como hoy. Y eso es lo que importa. La serie, con esa frase, da en el clavo de una sensación que tiene que ver con nosotros, la de vivir en un mundo de cosas efímeras, de objetos sofisticados e hipereficientes que pueden caerse todos juntos ante un fallo. Y, a veces, de una tecnología -lo nuevo- tan potente que nos pasa por encima.
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No, todo tiempo pasado no fue mejor. Pongamos una mano en el corazón: no queremos volver corriendo a “lo viejo”. Aunque a veces lo extrañemos un poco. Aunque los mayores de 50 lo vivamos como una reivindicación. Aunque a veces esas cosas viejas simplemente, funcionen.
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