
El punto es la molécula de la línea, a partir de allí todo es posible, y es a la vez el método que se utiliza para tejer, para unir, para crear los entramados, las redes, que hacen posible lo textil o, en este caso, el tejido.
El tejido es, por otro lado, re-utilizado como término para pensar la estructura social, los pilares culturales (en su amplia acepción) y dos muestras ingresan en este mundo, desde lo físico y metafórico, con diferentes abordajes técnico e incluso en sus propuestas, pero que, ponen en evidencia, cómo lo social, lo urbano, se inmiscuye en el quehacer artístico contemporáneo: Fabril la mirada, de Lucrecia Lionti, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y Corazas para algo inmenso de Luciano Giménez, en galería Cott.

En el caso de Fabril la mirada, de Lionti (Tucumán, 1985) con curaduría de Carla Barbero en Sala 1 nivel -1 del Malba, inaugurada hace unas semanas junto a Kuitca ‘86, se trata de la primera muestra individual de la artista en un museo, en la que presenta un corpus de piezas textiles inéditas, especialmente para la muestra, así como otras realizadas entre 2012 y 2017, que revelan algunas de sus inquietudes a lo largo de sus 15 años de producción.
Cuando se desciende la escalera, lo primero que se observa es un gran lienzo negro que contiene, a modo de pizarra, anotaciones y diseños de la muestra, una especie de croquis que de manera serpenteante invita, además, a recorrer las obras colgantes a través de pasillos invisibles ondulantes, ya que se las puede observar de frente y reverso, lo que destaca tanto la materialidad, como la confección y el “dibujo” y genera a su vez una relación sintagmática con las piezas que pueden generar interpretaciones múltiples, según el camino que se elija.

En su trabajo, Lionti aborda el textil desde juegos en los que combina elementos de arte moderno como la abstracción, el uso del lenguaje escrito, artesanía tradicional y el diseño, en la que propone aproximaciones que oscilan entre lo industrial y lo artesanal, viajes constantes entre las huellas de una herencia y una mirada que no es indiferente a la postmodernidad.
En la parte central de la muestra, una serie de piezas colgantes remiten a lápidas, pero “son en realidad una síntesis de patrones de confección y prendas de vestir”, comenta Barbero, que “también dialogan con la tradición del arte concreto, una corriente artística que prioriza la autonomía de la forma y el color”.
Pero, Lionti va un poco más allá e incorpora materiales con un significado intrínseco, como el vellón de lana o la lana de oveja hilada, adquiridos de tejedoras de Tucumán y Salta, a los que combina con hilos sintéticos importados de China.

En ese sentido, las obras no buscan caer en el lugar de homenaje al que se le aplica algún arabesco contemporáneo para generar sentidos más lineales, sino que nos habla, por un lado, de una latencia: el tiempo -como una lectura de la apreciación actual del tejido tras la separación de artesanía y arte en el siglo XIX- que se transmitió con retraso hacia la red de construcciones de sentidos.
Aquella división decimonónica, perpetuada por la academia hasta no hace demasiado, es justamente el eje a partir del cual Lionti puede operar. No hay una búsqueda de solemnidad, no ingresa en el campo de una recuperación que da por hecha, sino que a partir de allí, tanto en lo material -desde la mixtura-, como en lo compositivo, propone un ida y vuelta entre lo tradicional y lo contemporáneo.
En la muestra no hay piezas que refieran a prendar de vestir completas, pullóveres o carteras como las que presentó en las últimas ediciones de arteba, sino retazos de prendas, a los que a algunos les aplica su exploración del concepto de branding, esa LL, que sintetiza en un logo sus iniciales y que refieren a marcas como la doble G de Gucci y más que nada a la doble F de Fendi, lo que “refleja su interés por las conexiones entre el arte, la moda y la industria”.

Además de su interés por la moda, LL incorpora referencias a la educación pública en su obra, ya que “utiliza tipografías escolares y materiales asociados al ámbito educativo, como pizarrones y láminas”, para explorar temas relacionados con la sensibilidad cívica y el aprendizaje colectivo.
Un ejemplo de esta conexión es el uso del aguayo, un textil andino de origen aymara que tiene múltiples usos, desde cargar bebés hasta transportar mercancías, que al combinarlos con elementos visuales asociados a la educación busca establecer un diálogo entre la tradición andina y la historia del arte moderno, creando una narrativa que trasciende las fronteras culturales y geográficas.
Entonces, en Fabril la mirada, Lionti no solo revaloriza los materiales y las técnicas tradicionales, sino que también explora temas contemporáneos como el branding, la educación y la relación entre lo industrial y lo artesanal.
Por otro lado, en Corazas para algo inmenso en galería Cott, Luciano Giménez (Córdoba, 1981) ingresa al mundo del tejido desde lo industrial, pero no en el sentido de su producción referida a la estética, sino de una materialidad constructiva, con el horneado de piezas de arcilla.

Giménez, Luan Chin, convierte esta materialidad tosca planteando obras que conviven con el mundo de la cerámica, desafiando los usos históricos de su funcionalidad, su sentido de ser en sí.
Instalado en la fábrica de ladrillos Palmar, una de las más importantes del país, el artista trabaja con técnicas como la extrusión manual y el cosido de módulos de arcilla roja para resignificar el material, despojándolo de su utilitarismo, y transformándolo en eslabones que a partir de diferentes puntos configuran tejidos móviles, piezas que son adaptables según desde donde se los cuelgue, generando así múltiples posibilidades.
“La forma que será cimiento y superficie, es multiplicada por Luciano, con gestos sostenidos. En el cuerpo del artista artesano-actante viven conocimientos que le permiten trabajar la arcilla, trabajar con la arcilla. Dialoga con ella, la conoce, conoce sus texturas, sabe cómo las temperaturas la transforman. La comprende. Piensa en su comportamiento. El comportamiento de la tierra en relación-reacción con el agua, el aire, el fuego”, escribe Andrei Fernández, en el texto de sala.

Con 16 años de “meter la mano en el barro”, en Giménez puede observarse la búsqueda constante que lo llevaron de objetos más pequeños, en los que se conjugaba cierta abstracción e incluso figuración, como las series Magma, Rojo Volcán y Calendario de agua, para luego pasar a piezas ya en gran formato, como las que presentó en el MACU (Unquillo) en 2021, a los tejidos actuales.
En estos, el artista logra crear posibilidades constructivas en estructuras que, en cuanto tejido, pueden ser a la vez revestimientos como pieles y seres orgánicos imaginarios, y a su vez muchas veces remiten a pinturas abstractas o geométricas, ocupando a partir de lo volumétrico y el juego de sombras que se generan la expansión en el espacio que se puede otorgar desde un lienzo a partir de efectos ópticos.
En ese sentido, por ejemplo, hay en los trabajos de Giménez ciertos códigos compartidos con algunas obras que se pueden ver en Benveniste/Rodríguez. Percepción e ilusión, en el Bellas Artes, y Enredo simple, la muestra que en el MACBA recorre diferentes momentos y técnicas de Cecilia Biagini.

Trascendiendo lo visual, las obras de Giménez, con sus pliegues, volúmenes y superficies, nos proyectan sobre lo territorial, creando redes complejas a partir de un elemento natural que es la base de la construcción, que otorgaron a los humanos la posibilidad de asentarse y permitieron la construcción de las civilizaciones.
Sin dudas, esta reinserción del tejido que comenzó a producirse hace algo más de una década, genera un campo fértil para repensar, desde la materialidad y la propuesta estética-conceptual, y a su vez dialogar con las tradiciones y herencias estéticas modernas.
*Fabril la mirada, de Lucrecia Lionti, en el Malba, , Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA. De jueves a lunes de 12:00 a 20:00 y miércoles de 11:00 a 20:00. Martes cerrado. Entrada general, $9000; estudiantes, docentes y jubilados con acreditación, $ 4500; menores de 5 años y personas con discapacidad, sin cargo.
*Corazas para algo inmenso, de Luciano Giménez, en galería Cott, Perú 973, CABA. De martes a viernes, de 14 a 19 hs y sábados de 15 a 19 hs. Entrada gratuita.
Fotos: Gentileza Malba y Galería Cott
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