
Tras cerca de cinco años cerrado para someterse a una profunda remodelación, el palacete de principios del siglo XX que alberga la colección de arte del magnate del carbón y el acero Henry Clay Frick, la Frick Collection, reabre sus puertas el 17 de abril.
“¡La Frick está de vuelta!”, anunció el martes en una multitudinaria presentación a la prensa Axel Rüger, flamante director de este museo, situado en la Quinta Avenida frente a Central Park y no lejos del Metropolitan, que cuenta con obras de Velázquez, El Greco, Rembrandt, Bellini, Vermeer, Ingres, Turner o Goya.

“Es un museo pequeño, pero es una colección de piezas maestras”, dice el director adjunto y curador jefe Xavier Salomon a la AFP.
Entre sus cerca de 1.800 piezas de pintura, escultura y artes decorativas, destaca la colección de arte francés del XVIII, integrada por obras de Fragonard, Boucher, Chardin o Corot.
La renovación, de un costo de 330 millones de dólares -que incluyen la exposición de la colección en otro edificio en Manhattan durante las obras- ha permitido ampliar el museo con 10 nuevas salas en la segunda planta donde antes estuvieron las habitaciones privadas de la familia, posteriormente reconvertidas en oficinas.

Asimismo, cuenta con un nuevo auditorio de 218 asientos construidos debajo del jardín, y accesos directos a la Biblioteca Frick de Arte, fundada hace un siglo por Helen Clay Frick -la única hija del magnate-, y convertida en referente mundial para la investigación de la historia del arte.
“Ha sido como un enorme rompecabezas para reunirlo todo y hacer que funcione”, dice Salomon, que señala que muchos “elementos se han restaurado tal y como eran cuando el museo abrió sus puertas por primera vez en 1935”.
Obras que Frick nunca vio
Para encontrar el mismo tejido de terciopelo verde, que durante casi un siglo recubrió las paredes, tuvieron que viajar hasta Lyon, en Francia. La misma empresa mantenía todavía el registro de aquel primer pedido y ha vuelto a fabricar el mismo material.

“Cambiarlo todo para que todo siga igual”, recordó Salomon en la presentación, tomando prestada una famosa frase de Il Gattopardo, la obra del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
Al estilo de mecenas y coleccionistas europeos que dejaron la Colección Wallace de Londres, Jacquemart-André en París o la Galleria Borghese de Roma, Frick legó a su fallecimiento en 1919 tanto el edificio como su colección de arte para ser abiertos al público.
Frick también deseaba que su colección siguiera creciendo con obras en las áreas de su interés, recuerda Salomon. El resultado es que desde que se abrió el museo el contenido casi se ha duplicado con arte europeo que abarca los siglos XIII al XX.
“Hoy hay muchas grandes obras de arte que Frick nunca vio en su casa”, como el retrato de la condesa de Haussonville, pintado en 1845 por el artista neoclásico francés Jean-Auguste-Dominique Ingres, que es actualmente una de las joyas de su colección, o el retrato de una mujer del artista del Renacimiento italiano Giovanni Battista Moroni, que se sumó a la colección en 2023.

Para celebrar la apertura de este proyecto “hecho por gente para la gente”, como recordó Salomon, el escultor ucraniano Vladimir Kanevsky ha creado una serie de composiciones florales de porcelana que están diseminadas por cada una de las salas.
A partir del 18 de junio, el museo expondrá las Cartas de amor de Vermeer, el pintor holandés que tiene tres cuadros en la Frick. Por primera vez se expondrán juntos la Señora y la criada (fondos del museo) junto con Love Letter del Rijksmuseum de Ámsterdam, y Mujer escribiendo una carta, con su criada, de la National Gallery de Irlanda.
“Nuestro objetivo y prioridad siempre ha sido preservar y revitalizar la experiencia que hace al Frick tan único”, dijo por su parte el antiguo director que emprendió la remodelación, Ian Wardropper.
Fuente: AFP.
Fotos: Angela Weiss/ AFP.
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