Este martes se cumplen cien años del nacimiento del emblemático novelista japonés Yukio Mishima (1925-1970), cuya figura y legado literario siguen generando controversia en Japón y son objeto de exposiciones, nuevos lanzamientos editoriales y mercadotecnia.
Candidato al Premio Nobel de Literatura hasta en cinco ocasiones, es uno de los autores nipones más conocidos y traducidos en el extranjero, aunque más de medio siglo después de su muerte hay quienes continúan cuestionando el significado tanto de su obra como de su mediático suicidio.
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Mishima escogió el ritual samurái del ‘harakiri’ para quitarse la vida, una técnica un tanto teatral que va en consonancia con el desarrollo de su vida, a la que puso fin en 1970 después de que fracasara en su intento de golpe de Estado.

Sus novelas continúan fascinando a un gran número de lectores en todo el mundo mientras que su ideario nacionalista y radical genera un rechazo mayoritario en su país natal, donde organismos públicos e instituciones culturales son reacios a organizar grandes actos en honor a una figura de la que han tratado de apropiarse voces de la extrema derecha.
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Actos modestos para conmemorar el centenario de su nacimiento
A falta de actos públicos multitudinarios y homenajes a gran escala, las iniciativas para conmemorar el centenario de su nacimiento son llevadas a cabo por entidades como las editoriales Shinchosha y Kawade Shobo Shinsha o el Museo de Literatura Japonesa Moderna.
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Shinchosha celebra actualmente la ‘Feria del centenario del nacimiento de Yukio Mishima’ en librerías de todo el país para la que han creado artículos relacionados con los libros de bolsillo como fundas, camisetas o llaveros.
Por su parte, Kawade Shobo Shinsha llevará a cabo una reimpresión limitada de la primera edición de la novela autobiográfica, ‘Confesiones de una máscara’, que sacudió la historia de la literatura japonesa cuando se publicó en 1949.
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La reimpresión de esta obra, donde Mishima exploraba los tabúes de la homosexualidad y las falsas apariencias en plena crisis de la identidad nacional nipona tras la II Guerra Mundial, estará disponible a partir del 28 de enero.
El Museo de Literatura Japonesa Moderna, ubicado en el barrio tokiota de Meguro, acoge hasta el 8 de febrero la Exposición del Centenario de Mishima que trata de reconstruir su universo, junto a la exposición de cartas inéditas del novelista y otros actos como la lectura de algunos fragmentos de sus obras.
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El novelista nipón Keiichiro Hirano y el artista contemporáneo Tadanori Yokoo se unirán este martes en una charla sobre la vida y obra de Mishima, al que ambos han seguido de cerca y sobre el que han realizado diferentes trabajos.

Una vida tan teatral como sus obras
Yukio Mishima era el pseudónimo bajo el que escribía Kimitake Hiraoka, un japonés natural del barrio tokiota de Yotsuya, procedente de una familia acomodada y con una carrera literaria meteórica que aún hoy incomoda a su país.
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Hizo su debut como novelista a los 16 años cuando publicó su primer relato en una revista literaria. Sin embargo, no fue hasta unos años más tarde cuando alcanzó la fama y el reconocimiento al publicar Confesiones de una máscara, uno de sus títulos más conocidos.
Se convirtió en una estrella de la literatura pero ante el relativo fracaso de La casa de Yoko, decidió probar suerte como actor, cantante o modelo, y se entregó a la práctica del culturismo, el kendo (arte marcial de la espada) y el kárate, facetas que impulsaron su proyección mediática.
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Selló su último manuscrito, el final de la tetralogía El mar de la fertilidad, en la que recorre la convulsa historia del Japón del siglo XX, horas antes de su intento de movilizar a las tropas para dar un golpe de Estado que terminó con su suicidio.
Como escritor dejó 34 novelas, medio centenar de piezas teatrales de géneros que van desde el kabuki y el noh hasta el contemporáneo, 25 libros de historias cortas, 35 ensayos y una película.
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Mishima triunfó en Occidente sobre todo durante las primeras décadas tras su muerte, cuando en Japón todavía era visto como un autor “maldito” tachado de enajenado, romántico o nihilista.
Hoy son pocos los nipones que dudan de la calidad de su obra literaria que fue un producto y un reflejo del Japón de su época, un país a caballo entre tradición y modernidad, y entre su espíritu guerrero y el pacifismo.
Fuente: EFE
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