
El reconocido escultor británico Antony Gormley expresa su preocupación por los “lados más feos” del control estatal de China, pero dice que la implicación artística con este poderoso e histórico núcleo cultural es crucial. El artista, famoso por su obra Ángel del Norte junto a la carretera en el noreste de Inglaterra, defiende el arte como una fuerza para fomentar el entendimiento intersocial y anuncia que quiere seguir exhibiendo su obra en China.
“Es absolutamente esencial, porque el arte es un puente entre corazones y mentes, y personas que provienen de lugares ideológicos y también geográficos totalmente diferentes”, opina Gormley en una fábrica convertida en galería en el moderno distrito de arte 798 de la capital británica, antes de la apertura de una nueva exposición. Sin embargo, el escultor de 74 años expresa su consternación por “los lados más feos del control estatal”, citando la represión de minorías en las regiones noroccidentales de Xinjiang y oeste de Tíbet. También señaló las “brutales” políticas de confinamiento por Covid-19 y un giro hacia un “culto a la personalidad” bajo el presidente Xi Jinping.
La industria del arte en China ha florecido en los últimos años, dando la bienvenida a figuras de renombre mundial como Gormley, pero muchos artistas locales han enfrentado un control más estricto por parte de las autoridades. En agosto, la policía china detuvo al artista Gao Zhen, conocido por sus obras críticas hacia la Revolución Cultural, mientras que el disidente Ai Weiwei vive en el exilio desde 2015.

Influenciado por China
En un vasto almacén, Resting Place II de Gormley –que comprende 132 figuras humanas a tamaño real hechas de 26 a 30 ladrillos fabricados en China–, está en exhibición junto a cinco esculturas de hierro fundido y una selección de dibujos. Juntas, estas piezas forman la última exposición del escultor, Body Buildings –su decimocuarta en un país que visita regularmente desde mediados de la década de 1990–.
Gormley citó la antigua ciudad de Xi’an, los callejones hutong de Beijing, la medicina tradicional china y el antiguo texto filosófico Tao Te Ching entre sus influencias para la colección. “Me fascinó la diversidad de la cultura china y su sofisticación material en un período muy temprano”, contó.
Resting Place II, dijo Gormley, es en parte una reflexión sobre lo individual y lo colectivo, y el rápido crecimiento económico de China lo ha convertido en “un gran campo experimental para esta relación”. A nivel del suelo, los ladrillos apilados parecen edificios esparcidos, pero desde una altura se revelan como un laberinto de cuerpos en diversas posturas.

“Es mucho más sobre la transformación de este país de la vida en los hutongs a las torres altas, de gran densidad, de 24 pisos (80 pisos) y lo que eso significa en términos del orden social”, expresa Gormley. De sus primeras visitas al sur del país oriental, recuerda: “Lo que me impactó tan fuertemente... fue cuánto de la vida estaba en la calle”.
La China urbana desde entonces se ha convertido en una sociedad más privada, atomizada, y Gormley espera que Body Buildings permita a las audiencias reflexionar sobre cómo existen en sus propios cuerpos, en los edificios y en las ciudades. “Mi obra no es arte activista que trate de resistir o revolucionar el statu quo”, dice. “Simplemente es un intento de proporcionar una... evocación reflexiva de nuestra situación actual.”
“La democracia está fallando”
Activista o no, Gormley está preocupado por las tendencias políticas –y no solo en sistemas autoritarios–. “Vivimos en un tiempo en el que la democracia está fallando, simplemente porque puede ser manipulada por todas las formas de los medios de comunicación”, opina el artista británico.

Señala que los medios en Occidente crean cámaras de eco, y apunta principalmente a la reciente victoria electoral de Donald Trump como evidencia: “La brigada de Fox News ha triunfado al llamar ‘noticias falsas’ a todos los demás medios y crear sus propias noticias falsas triunfalistas”.
Gormley parece más optimista sobre el futuro de China: “[China] parece gestionar vivir bajo este, se podría decir, techo absoluto de control estatal, mientras permite una gran gama de libertades creativas personales.” Entre los jóvenes y en los campus chinos, Gormley ve “un interés amplio y extenso en otras culturas; otras formas de ser y de hacer”.

“Deberíamos esperar que China e India se conviertan en guías intelectuales para el futuro desarrollo de la humanidad”, opina. Tampoco es fatalista sobre la inteligencia artificial. Aunque escéptico del arte de IA, que dijo “apesta a artificialidad”, si la IA reemplaza a los humanos en el trabajo “la oportunidad de que todos se vuelvan verdaderamente creativos se vuelve realizable, eso es emocionante”.
En un mundo cada vez más polarizado, Gormley ve el arte como más importante que nunca. “Creo absolutamente que el arte es una herramienta de autodeterminación así como una herramienta... para que la gente piense sobre su condición.” “Confiaría más en los artistas que en los políticos estos días.”
Fuente: AFP
[Fotos: Jade GAO/AFP; Lee Smith/ REUTERS]
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