
Valeria Tentoni se define como alguien que lee, escribe, viaja y pregunta, pregunta, pregunta, tal vez por eso trabaja en periodismo cultural –actividad que relató en el libro de no ficción El color favorito (Gris tormenta, 2023)–. Muy ligada a esta tarea edita el blog de la editorial y librería Eterna Cadencia, Eterna Cadencia Blog, del que se desprende el podcast Máquinas de escribir.
Nació en 1985, en Bahía Blanca, pero vive en Buenos Aires con dos gatos, Tigre y Nube. Publicó los libros de poesía Batalla sonora, Ajuar, Antitierra, Hologramas, Piedras preciosas, Pirámide y Emociones lentas, reunión de su poesía más reciente. Y es autora de los libros de relatos El sistema del silencio y Furia diamante. Obtuvo el primer premio en el Concurso Latinoamericano de Cuento Marta Brunet de la Universidad de Chile en 2022, y dirigió proyectos como Revista Pájaro y la Audioteca de poesía contemporánea.
Si bien Valeria se ha construido una carrera en el ámbito literario “para adultos”, en ella se cumple esa idea de que un buen escritor puede producir textos para todos los públicos. Así en 2021 se publicó Viaje al fondo del río, ilustrado por Guido Ferro y editado por Pípala. Y este año salieron en simultáneo, “por esas casualidades ingobernables”, dice, dos libros más, ¡Quién iba a decir!, con Mariana Ruiz Johnson, en Portaculturas, y Cabeza abajo, con María Elina Méndez, por AZ. Uno de poesía, otro de narrativa. A estos, se le va a sumar uno más, Dos trenes, un tren, con Martín Armada y Sabina Álvarez Schürmann, también por en Pípala. “Un libro para el que también grabamos una canción”, cuenta entusiasmada.

“Vengo escribiendo para adultos desde hace varios años ya, y seguiré haciéndolo, pero desde que salió Viaje al fondo del río, en 2021, quedé fascinada con hacer libros ilustrados, con el trabajo con ilustradores e ilustradoras y ese diálogo que encuentro muy profundo y revelador, también con las posibilidades que se abren en cuanto a los textos. Siempre pensando en los libros de aventuras como telón de fondo, puedo explorar un montón de caminos”, señala.
—¿Cómo se construye la identidad lectora?
—Creo que la identidad lectora es una construcción de largo aliento: lleva años de hallazgos y extravíos, recomendaciones y desobediencias. El armado de una biblioteca personal es mucho más que un apilado de libros, y quizás nada la defina mejor que los que quedan afuera, incluso por accidente. La lectura es un ejercicio tan creativo como la escritura.
—¿Crees que un libro podría despertar el interés por leer?
—¡Sí, sin dudas! Un solo libro es capaz de despertar el amor por la lectura, aunque claro que después tendrán que venir otros que lo recuerden y lo fortifiquen. Pero, por ejemplo, en la memoria de todos los grandes lectores y escritores suele haber un libro o dos que los convirtieron para siempre. Por eso mismo es tan delicado el acto de poner un libro en las manos de un niño o de una niña: si les damos uno, dos, cinco libros olvidables, quizás se pierda la oportunidad de un entusiasmo y se provoque el malentendido de que los libros aburren. Y si bien hay libros que “aburren”, el camino hasta encontrar el indicado para cada quien vale la pena, y con el paso de los años se vuelve cada vez más fácil y rápido llegar a los que “no aburren”.

—De un hogar sin madre ni padre ni familiares lectores ¿puede surgir un ávido lector?
—Es difícil, pero no imposible que de un hogar sin familiares lectores surja un ávido lector. La lectura es un hábito, los hábitos se imitan... Pero puede que aparezca otra hada madrina; un maestro, una amiga en el recreo, un bibliotecario de escuela, un personaje de película, una biblioteca popular.
—Pensando en esto, ¿hay un momento para empezar a leer?
—Se puede empezar a leer en cualquier momento. El editor de mi último libro, uno de los lectores más sofisticados que conozco, comenzó a leer a los treinta. Pero es cierto que la lectura en la infancia produce una imaginación más propositiva, lo que probablemente se traduzca en niños más despiertos (por no decir inteligentes), más activos y preparados para una vida adulta decididamente desafiante. Por otro lado, cuando se alcanza el placer de la lectura (un tipo de placer que pide cierto grado de entrenamiento y combate con incontables distracciones, ¡especialmente en la infancia!), ese placer nunca nos falla. Siempre habrá un libro ahí para acompañarnos.
—¿Qué es ser mediador de lectura? ¿Es algo ligado a la educación o creés que hay otros tipos de mediadores?
—Entiendo que hablamos de un rol que pueden ocupar muchas personas, aunque sin duda, adultas, como puente entre los libros y los niños y niñas. Sin ir más lejos, un niño no puede entrar a una librería y comprar un libro –para empezar, no maneja dinero, y para seguir, quizás no sabría por dónde empezar, aunque eso puede pasarle también a una persona adulta–. Ante el mar infinito de libros, quien ocupe el rol mediador oficiará como guía y, ojalá, compañía no invasiva que potencie una exploración personal.

—¿Recordás tu primer encuentro con libros?
—Mi mamá solía leernos todas las noches antes de dormir a mi hermano y a mí. Se sentaba en una sillita entre las dos camas y nos leía hasta que nos quedábamos dormidos. Ella dice que yo dormía abrazada a una bolsa de tela en la que guardaba mis primeros libros, que conservo en una caja. Mi hermano también resultó muy lector, así que probablemente le podamos echar la culpa.
—Para cerrar, sobre esta faceta de escritora para niños y niñas, decías que fue, incluso, una sorpresa grata trabajar con los ilustradores. ¿Qué podés decir de ese “nuevo público lector”?
—Por lo mismo que venimos hablando aquí, sé que son textos que piden una enorme responsabilidad; en un tiempo trabajé precisamente como mediadora de lecturas ante niños y niñas en una biblioteca, y sé de su alto nivel de involucramiento con lo que leen, cómo releen y cuestionan e interpretan e inventan a partir de lo que leen, y también sé de su genial incapacidad para simular gusto por algo que no les gusta. Los niños son los lectores más exigentes de todos, así que es todo un desafío.
[Fotos: Gentileza prensa Portaculturas]
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