
Un lobo solitario de su tiempo. Un artista de la cámara que, como Giuseppe Arcimboldo en la pintura, generó vida con objetos cotidianos, y dotó a sus personajes de fuerza, de características, de emociones. Un creador que, como el Dr. Frankenstein, construyó bestias incomprendidas, pero admiradas.
El legado olvidado de Jaime Bolotinsky renace y se presenta por primera vez para el público en la sección Artista Homenaje de Pinta BAphoto, la gran feria fotográfica de la región, que desde el viernes hasta el domingo se desarrolla en La Rural, con las obras de más de 200 artistas de la lente, en la participación de casi 60 galerías de la región.
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Bolotinsky nació en 1894 en Gadich, en la provincia ucraniana de Poltava, entonces territorio ruso, y se trasladó a Argentina a principios del XX, donde fundó su estudio Foto Nobel frente a Plaza Italia y desde allí desarrolló no sólo su trabajo profesional sino también un cuerpo de obra que explora la relación entre la fotografía y la escultura; allí creó la “fotoplástica”, mientras trabajaba como freelance cameraman en el mundo del cine, según recoge la Production Encyclopedia de 1952.
En ese sentido, el trabajo detrás de las cámaras cinematográficas no resultó anecdótico ya que para Juan Cruz Pedroni y Francisco Medail, co-autores del libro Fotoplástica. Jaime Bolotinsky, pudo haber sido crucial al aportar “un dinamismo especial” a su obra, ayudándolo en su gran invento, al mixturar, pensar, dos manera de capturar lo real. Y es que ese enfoque lo llevó a desafiar la concepción de la representación estática, la instantánea, la captura, sino también a recrear cierta vitalidad que se asocia a las películas. Así, Bolotinsky no fue un cazador de las formas, de los ángulos y de la luz, no fue un rehén del estilo del momento, sino un generador, su propio dínamo, un lobo solitario.
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En diálogo con Infobae Cultura, Medail -quien además es curador de la sección Artista Homenaje- relata que el encuentro con la obra de Bolotinsky “sucede a partir de un mensaje por parte de sus hijos, Bernardo y Berta en 2018″, quienes lo contactan porque deseaban “ponerlo en valor, darle visibilidad”.
A partir de allí, comenzaron a trabajar junto a la familia en un plan de acción y, a través de varios mecenazgos, se pudo realizar la catalogación, el inventariado, la limpieza y la guarda apropiada del archivo que estaba en bolsas y ahora se encuentra “en cajas de libres de ácido, cada una con su sobre de papel”.
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El libro, que se presenta el domingo en la feria, se fue realizando a la vez que se trabajaba en el archivo y contó con los aportes de la conservadora Pilar Gesualdo. Por su parte, el rastreo del currículum artístico de Bolotinsky, explica, se simplificó debido a que el artista “tenía un cuaderno con todos sus clippings de prensa”.
Su estilo, la fotoplástica, consiste en una serie de paisajes y retratos conformados a partir de la yuxtaposición de objetos cotidianos y a partir de esta técnica el fotógrafo logra reforzar las texturas y los pliegues de materiales comunes para resaltar “un distinguido manejo de la luz” y dar vida a personajes imaginativos creados dentro de un contexto histórico específico.
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Sus primeras exposiciones en Buenos Aires se remontan a la década de 1930, como su debut en una individual en el Nordiska Kompaniet, un salón para la promoción de artes plásticas. El evento destacó su estilo excéntrico y lo presentó como un artista marcado por la “doble travesura” del humorismo y la ironía.

Su obra, a menudo exhibida en lugares no convencionales como la Feria de la Industria y del Comercio en 1936 o en La Rural y la Sociedad Hebraica Argentina, oscilaba entre el arte y la cultura de masas. Esta dualidad representó un desafío constante para las publicaciones que intentaban clasificarla, un punto de mudez y perplejidad al intentar capturar el “punto irreductible de una originalidad”, según Alejandro C. Del Conte, destacado crítico de la época.
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“Si bien él se puede asociar al grupo de Boedo, su práctica fotográfica no lo es y tampoco logramos encontrar otra relación con los artistas fotográficos de esa época. Por ejemplo, otro ruso de entonces era Anatole Saderman y no hallamos ningún tipo de relación ni documento que pruebe que se hayan conocido, ni tampoco con Annemarie Heinrich, ni con nadie de ese entonces”, sostiene Medail.
Y agrega: “Para mí, justamente, al tratarse de unas obras bastante particulares, que coquetean con el surrealismo, pero es previo al surrealismo, también hacía que no tenga una interlocución con lo que estaba pasando con la fotografía, que era una fotografía más moderna, más buscando el juego de las formas, pero desde otro lugar”.
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El “retratista psicológico” Bolotinsky, como se lo describía, tuvo su impacto en la prensa, apareciendo en revistas como Ímpetu, Desfile y Correo Fotográfico Sudamericano, donde se destacaban su técnica original y capacidad de infundir “alma a un trozo de género, a un recorte de papel, a un puñado de lana”.
“Esta imaginación de Jaime, esta producción que tiene que ver con un uso de la luz, pero también con una danza, genera una fotografía como escultura, que lo hacía muy particular y cuesta en ese sentido establecer relaciones con fotógrafos. Sin embargo, encontrás más relaciones con los artistas escultóricos y plásticos de la época, como con sus amigos Raúl González Tuñón y los escultores José González Castillo y Stepán Erzia”, agrega Medail.
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Bolotinsky murió en 1967 y sus personajes desaparecieron del ojo público para permanecer en una baulera familiar esperando por décadas el momento de volver. En Pinta BAphoto, finalmente, tendrán su oportunidad.
*Fotoplástica. Jaime Bolotinsky, de Juan Cruz Pedroni y Francisco Medail se presenta el domingo 27, a las 16, en el Foro de Pinta BAphoto, en el Pabellón 8 de La Rural, Av. Sarmiento 2704
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