
El beso ha sido una expresión de afecto y conexión humana desde tiempos inmemoriales. ¿Qué sucedería si existiera un repositorio que recogiera todos los besos dados (y por dar), sus “técnicas”, quiénes los ejecutaron, entre otra información relevante del caso? El beso puede analizarse y estudiarse desde diferentes aspectos, desde la ciencia, la cultura, la historia, la sociología, no es ajeno a ningún rasgo antropológico.
En la Mesopotamia, hacia el sur de Asia, ya se practicaban los besos hace aproximadamente 2500 años a. C., según registros arqueológicos en tablas de arcilla que muestran a dos personas abrazadas. En el ámbito del arte, el beso ha sido inmortalizado en obras icónicas. El pintor Gustav Klimt es conocido por su obra El beso, una de las más reproducidas en la historia del arte. En el cine, el beso entre el marinero y la enfermera en Times Square al final de la Segunda Guerra Mundial, capturado por dos fotógrafos, se ha convertido en una imagen emblemática.
El Museo del Beso es un volumen dedicado a explorar esta expresión en todas sus formas. Con ensayos, relatos y reflexiones, los autores Andrés Gallina y Matías Moscardi trazan un recorrido que abarca desde lo clásico hasta lo inesperado, en el que muestran cómo el beso ha sido representado y percibido a lo largo de la historia y en diferentes culturas.
Este recorrido por los besos icónicos en el arte, la historia, la literatura, el cine y la cultura popular muestra la universalidad y la importancia de esta expresión humana. Desde los antiguos registros en Mesopotamia hasta las imágenes capturadas por el Hubble, el beso sigue siendo una manifestación de afecto y conexión que trasciende el tiempo y el espacio. En este fragmento que comparte Infobae Cultura, se registra el primer beso en el cine.
————
El primer beso del cine: May Irwin y John Rice (1896)
Thomas Edison es conocido por ser el inventor de la bombilla eléctrica, el fonógrafo, el micrófono de carbón, el kinetófono y el tasímetro. Inventó, también, el quinetoscopio, la máquina precursora del moderno proyector de películas. Y todavía más: fue el productor del primer beso en la historia del cine.
Las primeras imágenes filmadas tienen un carácter enigmático. Ante ellas aparece una pregunta: ¿por qué a los hermanos Lumière se les ocurrió filmar eso y no otra cosa? La salida de los obreros de la fábrica Lumière y La llegada del tren (1895) responden: la tecnología se filma a sí misma, la máquina se mira en un espejo narcisista, hipnotizada con el propio progreso técnico. Marx dejó en claro que la locomotora y la fábrica son los blasones monstruosos de la modernidad.
Edison, en cambio, tiene la fabulosa ocurrencia de filmar un beso. Eso sí que es una verdadera ocurrencia, un invento aventurado. Además del foquito de luz, ¿no habrá sido Thomas Edison el inventor de la electricidad amorosa? ¿No hay una relación poética entre una lamparita y un beso?
The Kiss (1896), dirigido por William Heise, es un cortometraje que dura apenas 16 segundos. John Rice y May Irwin —estrellas de la obra de teatro The Widow Jones, cuyo final replican para siempre en esta escena— no se besan de inmediato.

Primero se los ve hablando como si nada, con un telón negro de fondo. Queda instalado un enigma: ¿qué se dicen? ¿Qué palabras habrán sido el prólogo al beso inaugural en la historia de las imágenes?
Se ríen, se miran. Él tiene un bigote frondoso, como un cepillo para lustrar zapatos.
John acerca su boca a la boca de May y la distancia exacta que los separa es la del grosor de ese bigote: dos centímetros y medio.
Hacen la mímica de hablar —hablan—, entre sonrisas, hay intimidad incluso ante la presencia inédita del ojo voyeurista del quinetoscopio.
Como si el beso fuera un signo ortográfico del amor, el punto final de la conversación, John se aleja de pronto, se peina el bigote, toma delicadamente entre sus manos las mejillas de May y, como si midiera el ángulo exacto del deseo, apunta y la besa con decidido pudor. Lo curioso es que no deja de hablar: su boca sigue moviéndose, sigue diciendo algo. El beso es una extensión natural del lenguaje verbal: las palabras son el pintalabios invisible de todos los besos que le siguen a este.
La Iglesia condena la película por considerarla pornográfica. Sin embargo, dos años después, en 1898, Edison produce el segundo primer beso del cine y el primero afroamericano, en el corto Something good. Esta vez la escena es más pasional, sin tanto palabrerío, y los enamorados terminan bailando.
¿Por qué son tan conmovedoras estas imágenes? Quizás porque el beso es, en ellas, un verdadero documento histórico. “Se aprende lo que es un beso en el cine, antes de aprenderlo en la vida”, dice Jacques Derrida. Si la civilización occidental fuera a apagarse como una vela soplada por el viento, sería importante —este parece ser el mensaje en la botella— que entre los escombros de las ciudades en ruinas algún robot encontrara, en una arqueología última y desesperada, un fósil del amor humano: el monumento fílmico de un beso.
Fotos: Guinness World Records y Prensa Penguin Random House.
Últimas Noticias
Ludovico Einaudi llega por primera vez al Teatro Colón con su versión más íntima, solo frente al piano
El músico y compositor italiano, ineludible referencia del minimalismo y la música de cámara europea, se presentará el 1 de marzo de 2027 en el coliseo lírico porteño

Marta Minujín será distinguida con el título de “Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación”
La artista porteña pionera de los happenings y las instalaciones masivas recibirá el jueves 13 la distinción que ya fue otorgada a Mirtha Legrand, Luis Brandoni y Moria Casán, entre otros

El actor que interpreta a los gemelos Buendía en ‘Cien años de soledad’ cuenta cómo construyó dos personajes a la vez
El colombiano Julián Román, de larga trayectoria en teatro y televisión, encarna a José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo en la serie basada en la famosa novela de García Márquez

Lo mejor del fin de semana en la FED: Kartun, Kohan, Julieta Venegas y el avance de la ultraderecha
De 14 a 21 con entrada gratuita, la Feria de Editores se desarrolla este sábado y domingo en C Art Media del barrio de Chacarita, con ocho mesas literarias y de debate político

El amor clandestino que hizo escritora a Victoria Ocampo vuelve cuarenta y dos años después
Se reeditan los tres primeros tomos de su ‘Autobiografía’, con ‘La rama de Salzburgo’ como pieza central: el relato de los trece años de pasión que coincidieron con el nacimiento de su prosa



