
La arquitecta mexicana Frida Escobedo (1979) fue elegida junto a la pareja francojaponesa Nicolas Moreau e Hiroko Kusunoki para acometer la renovación del Museo de Arte Moderno Pompidou, en París, que deberá cerrar sus puertas el año que viene para una reapertura prevista en 2030. Su estudio tiene además otros importantes proyectos en ciernes, como la construcción de una nueva ala de arte moderno en el Metropolitano de Nueva York.
Frida Escobedo es uno de los nombres que más suena en la escena arquitectónica internacional, y ha recibido premios como el Charlotte Perriand, el pasado enero, otorgado por la Asociación de Creadores y Diseñadores franceses. En el Centro Pompidou su misión será repensar la biblioteca pública y crear un nuevo centro de acogida para jóvenes y niños.
—¿Qué representa para usted trabajar en este Museo?
—El Pompidou es quizás el museo que más me ha impactado en mi carrera. Creo que tiene que ver mucho con la idea del espacio público, como algo que no pertenece a un contenedor cerrado. No es solamente el Pompidou, es una plaza que se extiende, que genera contenidos. Y también la parte del programa educativo, la biblioteca, las aulas, los foros, los teatros... Forman parte tan importante como los espacios de galerías y eso me parece como muy especial en este momento. Y bueno, la arquitectura, que fue completamente radical en su momento y que sigue muy vigente.

—La fachada del Pompidou generó polémica en su momento. No es una obra neutra, sino con tubos de colores chillones. ¿No le parece que está lejos de sus propuestas?
—En ese momento había esta intención de mostrar esa honestidad técnica, los colores para cada uno de los usos, para cada uno de los sistemas. Por eso es importante recuperar esta idea de la porosidad y la transparencia, porque ese es el otro componente que tiene que ser revelado. Es el uso de las personas, cómo van ocupando el espacio, lo que va moldeando su uso.
—Usted tiene una larga carrera internacional. ¿Qué guarda de sus raíces mexicanas?
—Tengo muchas referencias porque vengo de ahí. Arquitectos icónicos que obviamente he estudiado y me han marcado, como Luis Barragán o Pedro Ramírez Vázquez, Juan O’Gorman... pero también otros arquitectos latinoamericanos; Lina Bo Bardi, todos los arquitectos brasileños... Tiene que ver con la autoconstrucción, cómo se van generando las ciudades en capas y que creo que es algo muy relevante para este proyecto, porque es un proyecto que se va haciendo en una ciudad que ya tiene un lenguaje muy particular y en donde se introduce un lenguaje nuevo y después se va completando. Las ciudades son procesos inacabados y tienen que estar abiertas a recibir más capas de información.
—¿Le interesa más la arquitectura como un oficio de construcción, o la de interiores?
—A mi esa división entre interiores y arquitectura me parece muy complicada, porque en realidad se viven atmósferas completas. ¿Dónde termina una experiencia y donde empieza la otra? Tiene diferentes gradientes, la arquitectura habla del espacio y eso se puede hacer a través de un mueble o se puede hacer una escala urbana. Es parte de lo mismo.
Fuente: AFP
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