En Ciudad de México, un 14 de enero de 2014, hace diez años exactos, murió Juan Gelman. Insuficiencia cardíaca; tenía 83 años. ¿Cómo definir a este hombre que entregó su vida a la poesía? En principio, claro, poeta. Pero fue también un activo militante de organizaciones guerrilleras como FAR y Montoneros. Por tal motivo, tuvo que exiliarse durante la última dictadura militar, y aunque retornó a la Argentina en 1988, se radicó en México. Pero sobre todo, dejó libros sensibles y versos inolvidables.
Ya durante la presidencia de facto de José María Guido fue encarcelado junto a varios escritores por pertenecer al Partido Comunista. El Golpe del 76 se produce estando él en Roma en una misión militante que buscaba concientizar sobre la violación de Derechos Humanos en Argentina. Salvo un breve regreso clandestino a la Argentina, permaneció exiliado en diferentes países trabajando como traductor de la Unesco. Al oponerse a la contraofensiva, Montoneros lo acusó de traición.
El 26 de agosto de 1976 la dictadura militar secuestró a sus dos hijos y a su nuera, que estaba embarazada. En 1990 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de su hijo en un río de San Fernando. En el año 2000 encontró a su nieta, nacida en cautiverio y apropiada por una familia de Uruguay. Esta dura historia de vida atraviesa toda su obra: desde las utopías militantes y la mirada social y combativa hasta la tristeza del exilio y la muerte de los seres queridos.

Este “expresionista del dolor”, como muchos colegas lo llamaron, y Premio Miguel de Cervantes en 2007, es considerado uno de los grandes poetas de habla hispana. Algunos de sus libros son Velorio del solo, Gotán, Cólera buey, Hacia el Sur, Carta a mi madre, Salarios del impío y Valer la pena. Para él, la poesía “es una forma de resistencia: con la poesía no vas a comer ni vas a hacer la revolución, pero enriquece interiormente a aquel que alguna vez se le acerca”. Esta es una selección de Infobae Cultura con 5 poemas que definen el estilo único e inolvidable de Juan Gelman.
Ausencia de amor
Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.
Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.
Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.
Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Certezas
A ver cómo es.
Estaba quieta la inquietud por una vez.
La desazón en sazón y
¡cómo se parecía el mundo a Gerarda
envuelta en sensaciones de encaje!
Las palabras chocan contra la tarde
/y no la descomponen.
La furia no me deja solo conmigo.
Habrá que recortar la sombra militar.
¡Camaradas especialistas en esperar cansancios:
apaguen el amor dudoso
que baja humilde y despacito!
Hasta el revés del cosmos morirá!

Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

Así es así es
es buena y bella como el mar
es oscura anterior rostros de mi silencio
ella es inmensa bajo el sol
en la noche crepita su profundo animal
tierra sin descubrir
no tenés nombre todavía.
Oración de un desocupado
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
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