
En el atardecer del lunes, la vereda de Clásica y Moderna era un revuelo de gente. Decenas de personas de la alta cultura, del espectáculo y de la gestión político-cultural se iban presentando en el acceso a la tradicional librería de Callao, entre Córdoba y Paraguay. Alguien chequeaba nombres y apellidos para poder ingresar. Faltaban unos minutos para que otros empleados colocaran una “alfombra roja” a modo de pequeña pasarela, por donde luego desfilaron personajes de la cultura porteña y flamantes funcionarios nacionales y municipales del área.
Al día siguiente de la asunción del presidente Milei, Raquel Rodrigo -flamante propietaria de la librería fundada en 1916, al 800 de la avenida por donde la luna va rodando- fue la anfitriona en la reapertura del tradicional local cultural que perteneciera a la familia Poblet. Lo hizo con una fiesta en la que procuró recrear la típica fusión de amor por la literatura con los placeres gastronómicos, que fue sello característico de Clásica y Moderna.
Participaron, entre otros, el nuevo secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli; la flamante ministra de Cultura de C.A.B.A. Gabriela Ricardes; la periodista Silvina Chediek, el escritor Santiago Kovadloff; la cantante Amelita Baltar; el periodista y escritor Jorge Sigal, el editor Mariano Roca y el ex diputado Francisco De Narváez. Por la galería de arte Praxis, Cecilia Molina controlaba que las obras que lucían en las paredes de la librería, estuvieran bien colgadas.

Casi sobre la puesta de sol de un día ardiente (25 grados a la sombra, al atardecer) se dieron cita en este sitio emblemático académicos, empresarios, estrellas locales y funcionarios entrantes y salientes, algunos de ellos habitués de Clásica hasta el cierre en 2017 por la muerte de su madre nutricia, Natalia “Natu” Poblet.
“Habrá un acto breve a las 19.45, con tres personas que hablarán, y a las 20 comenzará la cena”, le había adelantado Rodrigo a Infobae Cultura, a través de un audio de Whatsapp. Ya durante la reinauguración, su hija y su nieto paseaban con un ramo de flores espectacular destinado a la anfitriona, quien convocó a un miembro de la iglesia a bendecir la librería.
“Lamentablemente tenemos todo cubierto porque el lugar no es grande, quedó muchísima gente afuera, inclusive familiares míos que no pude convocar porque vienen muchos de la cultura: la presidenta de la Academia Nacional de Letras, el presidente de Medicina Nacional del país, (el filósofo y escritor) Santiago Kovadloff con toda su gente, editores, periodistas. Nos han desbordado. No hay ni una mesa”, agregó Raquel Rodrigo un rato más tarde.

En este contexto de un local desbordado, la mayoría de los invitados se detuvo para conversar con los medios antes de ingresar. De modo que la vereda de Clásica funcionó como una sala de prensa espontánea, una franja o checkpoint en la que periodistas e invitados al ágape pudieron despacharse. Y la enorme ventana vidriada permitió, además, satisfacer la curiosidad de los transeúntes ante el alboroto.
Mientras algunos amigos del Secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, especulaban con quién es la figura que ocupará la dirección de la Biblioteca Nacional, se escuchó decir -mitad en serio mitad en broma- que “nadie quiere agarrar”. En el vecino Café Martínez, Santiago Kovadloff repasaba la lectura de unos poemas que luego leyó. Y el director general de la Feria del Libro de Buenos Aires, Ezequiel Martínez, acompañado por su hija, saludaba a algunos amigos.

También se hicieron presentes la cantante Ana Fontán, el coreógrafo Gerardo Litvak, el músico y compositor Gustavo Mozzi -director del CCK en la gestión de 2015-2019- y Josefina Delgado, subsecretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el período 2007-2011.
Luego de la apertura con las estrofas del himno nacional en la voz de un cantante del Teatro Colón, acompañado en vivo por el toque del piano “de Sandro” (en referencia al gusto que tenía el cantante por visitar el bar de la librería en las madrugadas y tocar ese instrumento), habló el nuevo secretario de Cultura Leonardo Cifelli. “Qué alegría estar rodeado de historia, artistas y amigos. Es un honor acompañar a Raquel en este emprendimiento que significa esfuerzo personal, inversión y, al mismo tiempo, un aporte a la cultura argentina. Porque eso es Clásica y Moderna. Hoy Raquel nos demuestra que cultura, inversión y trabajo van de la mano. Acá está el ejemplo de lo que queremos hacer en la Secretaría de Cultura: proyectos de calidad que promuevan la cultura nacional y generen trabajo. Porque, como demuestra Raquel, es completamente posible”.
Las copas y las delicatessen relucían sobre los manteles blancos. Se confirmaban alrededor de las mesas algunos nombramientos, como el cineasta Javier Torre al frente del Fondo Nacional de las Artes, el escenógrafo Alberto Negrín en el Centro Cultural Borges y el periodista Gustavo Lladós, como coordinador de prensa de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Así prosiguió el secretario, sonriente y trajeado de negro: “Creo que tenemos un potencial increíble y que la cultura va a ser parte del crecimiento. La Argentina que viene va a premiar el esfuerzo de quienes trabajan por un país mejor, la industria cultural va a cumplir un rol protagonista de la escena.
Hoy es el primer día de gestión de Javier Milei y no encuentro mejor forma de honrarlo que reabriendo este espacio emblemático para la cultura argentina, para nuestra identidad. Clásica y Moderna hoy es el símbolo de lo que viene: una Argentina mejor que, con una gestión eficiente, que ponga las cosas en orden, va a reabrir sus puertas al mundo, va a generar confianza y esperanza, Y, sobre todo, va a generar el crecimiento que el país necesita. La cultura será protagonista de este gran proceso”, finalizó.
De muy buen humor, el funcionario agregó “yo soy simpático, chicos. Hice función pública en la gestión de Ángel Mahler en la ciudad y en el Colón dos años, pero vengo del teatro. Los del teatro somos distintos. Se lo contaba a Javier Milei y a Karina cuando me convocaron. Se nota, me dijeron. Porque no soy el típico político. Voy por una cultura libre y federal, vamos a hacer trabajar más a los organismos estables, quiero terminar el Palais de Glace, es una deuda que le debemos a los ciudadanos, a los artistas plásticos, porque está cerrado hace como siete años”.

En un breve diálogo con Infobae Cultura, Cifelli brindó algunas precisiones de lo que será su gestión al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación.
—¿Qué pasará con el presupuesto de Cultura?
—El presupuesto creo que viene bien. Ayer lo escucharon al presidente, hay poca plata, no hay plata. Con lo que haya lo vamos a hacer valer, con los recursos que tengamos lo vamos a ir manejando. No va a ser un problema, creo. No voy a dejar de hacer cosas por pagar millones por un show al aire libre. Esas cosas este año no las van a ver. Es muy interesante ese tipo de show pero no se le va a pagar a un artista una cifra millonaria.
—¿Los empleados del ministerio se quedan?
—No lo sé todavía, llegué hoy...Tenemos que ir viendo todo, espero que sí.

El autor del Diccionario Etimológico del Lunfardo, el académico Oscar Conde, fue otro de los invitados “Vine a esta librería desde antes de cumplir 20 años, porque primero estudié en el (colegio, ubicado a la vuelta, sobre Marcelo T. de Alvear) Pellegrini, después hice Letras, después trabajé en la Facultad de Filosofía de El Salvador, en Rodríguez Peña y Córdoba, siempre estuve por este barrio”.
Sandra Mihanovich cantó algunos clásicos de su repertorio, Amelita Baltar no dejaba de saludar a sus admiradores y el secretario Cifelli, que iba y venía, era el más demandado por los fotógrafos.
La nota de color la puso el ex secretario de Cultura de la ciudad, Enrique Avogadro, quien llegó al local de Callao en bicicleta y zapatillas, levemente demorado por la presentación del nuevo libro de la escritora y librera Paula Vázquez, en otro de los barrios de este sur, de pobres corazones.
[Fotos: Nicolás Stulberg]
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