Jorge Drexler encantó a Buenos Aires en una noche de palabras, tambores y baile colectivo

El cantautor uruguayo que está presentando su nuevo disco ‘Taracá’, brindó un show impecable con todos sus clásicos y una sensibilidad e ingenio únicos, propios de un fino artesano de la canción

Jorge Drexler presentó su disco 'Taracá' con un show emotivo y contagioso en el Movistar Arena de Buenos Aires
Jorge Drexler presentó su disco 'Taracá' con un show emotivo y contagioso en el Movistar Arena de Buenos Aires
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“Bailar, bailar, bailar...” El mantra que incluye el estribillo de “Bailar en la cueva”, una de las últimas canciones que Jorge Drexler interpretó en la noche del viernes en el Movistar Arena de Buenos Aires -repite este sábado- marcó el pulso de un show optimista, emotivo y sobre todo, contagioso. Por el ritmo de los tambores uruguayos que, a su vez, marcan el pulso de Taracá, el nuevo disco que el cantautor uruguayo (y un poco español a esta altura, vive allí hace más de 30 años) está presentando en esta gira continental.

Al frente de una nueva banda con mayoría de mujeres -excelentes instrumentistas y cantantes todas, Miryam Latrece (coros), Ale López (contrabajo), Florencia Gamba (coros, guitarra y teclados), Eva Catalá (percusión)-, Drexler paseó a una entregada audiencia por los clásicos de su repertorio pero hizo hincapié en las nuevas canciones, todas ellas cruzadas y determinadas por el ritmo del candombe como ley superior de composición. Así es Taracá, una especie de vuelta a las raíces uruguayas para un artista que, en más de un cuarto de siglo, ha plasmado una sólida obra en donde su lengua materna musical (el candombe, la milonga) se combina con variadas influencias de ritmos globales.

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Un hombre de pelo gris canta en un micrófono al frente de un escenario oscuro, flanqueado por músicos tocando baterías y percusión bajo potentes luces
El ritmo del candombe define la propuesta de 'Taracá', última producción de Jorge Drexler

La combinación de esos géneros criollos tradicionales con una suave dosis de música electrónica, ha servido para alumbrar un tipo de canción que es la marca registrada-Drexler: guitarras acústicas y máquinas, letras ingeniosas con todo tipo de referencias, callejeras y eruditas, siempre con una antena pendiente del ritmo de los tiempos: referencias a computadoras, teléfonos inteligentes, geolocalizadores e inteligencia artificial se cruzan con sencillas historias de amor y declaraciones confesionales con una mirada sensible del violento mundo que nos rodea.

Algo de todo eso, entre las nuevas y las viejas y queridas canciones que ya son clásicos (“Polvo de estrellas”, “Guitarras y vos”, “Al otro del río”, “Sea”, “Me haces bien” y por supuesto, “Todo se transforma”), flotaba en el aire del estadio en donde el público come papas fritas y toma gaseosas y cerveza mientras aprecia la música. Toda una novedad, no del todo beneficiosa para una sencilla y tradicional forma de vivir un espectáculo musical en vivo. En fin, los tiempos modernos.

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Fotografía en blanco y negro de dos músicos tocando guitarras eléctricas y cantando en un escenario iluminado, con un letrero de 'SALIDA' al fondo y público
Momentos de intimidad y comunión colectiva se vivieron cuando Jorge Drexler compartió escenario con Mateo Sujatovich

Un sólido show de casi dos horas sirvió para repasar buena parte de la nueva cosecha -canciones desparejas donde el autor parece, por momentos, repetirse en sus cualidades de compositor- y entregar, en puntuales momentos, momentos únicos de emoción y comunión colectiva, de esos en los que se piensa que vale la pena estar ahí. Cuando bajó el escenario y se dirigió al otro extremo de la planta baja del estadio, para un mini set acústico de algunos de sus celebrados hits, cantar con la gente la bellísima alegoría del camino revolucionario del Che Guevara (la oscarizada “Al otro lado del río”) e incluso sumar al carismático Mateo Sujatovich (Conociendo Rusia) en una emotiva versión de “Desastres fabulosos”, impregnó su actuación de una intimidad y sensibilidad únicas.

Con una puesta en escena sencilla y despojada que evidentemente apunta a privilegiar la música que los músicos tocan en vivo por sobre cualquier artificio multimedia, Jorge Drexler da rienda suelta a su tímido carisma que ahora y desde hace más de una década tal vez, lo ha convertido en un sabio encantador de multitudes. Se mueve en escena con soltura e incluso se anima a bailar. No siempre fue así. Hace más de 20 años escribió: “… Soy aquel tipo callado / Con aires de intelectual / Que te mira de costado / Sólo por disimular / … “Gracias, pero no, no bailo / Quizás la próxima vez / Tengo torpes las rodillas”.

Vista trasera de Jorge Drexler y su banda inclinándose en el escenario, frente a una multitud masiva y aplaudiendo en el Movistar Arena iluminado
El cantautor uruguayo combinó clásicos como 'Al otro lado del río' y 'Todo se transforma' con las canciones de su nuevo disco

Ahora en 2026 Drexler, el músico que ganó un Oscar por una canción que no le dejaron cantar (tal vez por considerarlo demasiado tímido para el standard de Hollywood) y que cuando subió al escenario, respondió entonando a capella como todo discurso, domina enteramente la escena con una sabia soltura.

Y en ciertas pausas entre canción y canción, saca a relucir una verba florida e ingeniosa para contar historias -deliciosa la anécdota sobre su llegada a Madrid, el encuentro con su padrino Joaquín Sabina y la noche en que conoció a Enrique Morente-, puntualizar sus puntos de vista y por supuesto, comunicarse con el público. Aquí en Buenos Aires, él y la gente lo saben, es local por cariño y simpatía. Ha recorrido un largo camino de más de un cuarto de siglo -lo recordó en un momento, cuando aludió a sus primeras presentaciones en La Trastienda para un centenar de personas- en donde se consolidó como una de las voces más originales y lúcidas de la música popular de habla hispana en el siglo XXI. La multitud que este viernes y sábado saludó su música, cantó con él y se fue con una sonrisa por las calles del barrio de Villa Crespo, puede dar fe de eso.

[Fotos: Simón Canedo; Juan Ignacio Roncoroni/EFE]

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