
Cosa hecha. Cosecha. Echar a andar. Irse… En torno a esas palabras ronda la obra de Ignacio Torres, que siendo muy joven cuenta con un destacado currículum y varios reconocimientos. No es azarosa ni ingenua la mención de su juventud, ya que varios de los temas de esta pieza teatral aluden al tiempo presente. Si bien la puesta y el vestuario bien podrían remontarse a los ochenta y noventa –el teléfono rojo, los equipos de gimnasia de siré–, muchos de los acontecimientos están atravesados por la cultura y la sociedad de todo el siglo XXI.
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Gael (Francisco Bertín) y Lola (María Canale) abren Cosa hecha con un conflicto que se irá configurando, reconfigurando y desconfigurando a lo largo de 70 minutos. Discuten por la mapaternidad –deseada o no–, pero en el medio se entrometen la carrera de él –influencer/ youtuber de riesgo–, el emprendimiento de ella –el cultivo y venta de cerezas–, los padres de él y una fan coreano-coya de él, Ailin (Lourdes Varela).

Están recién instalados en su nueva casa, en una nueva ciudad, mientras en el Congreso se discute la mapaternidad determinada por una app. Lola se siente interpelada por su propio deseo de ser madre –que se irá desdibujando–, de su yo en torno al cuerpo, al ser y al hacer, y le increpa a Gael sentirse abandonada. Él la quiere, eso es evidente e innegable; sin embargo está focalizado en superar otro desafío para no decepcionar a su público.
Gael y Lola se alejan sin quererlo, y mientras eso sucede, la vida transcurre, y como en el juego que se da con la minimalista escenografía, se abren y cierran puertas. Juana (Adriana Ferrer) y Gabriel (Marcelo Pozzi), los padres de Gael, por su parte, también “están de vuelta”, no solo por edad y experiencia, sino porque les pasa la vida por delante sin que puedan detenerla. Mientras Juana deriva el amor hacia un perro que recibe como regalo, él no puede huir de la angustia.

En el medio de este caos, aparece Ailín, puro aire fresco, cuya lozanía bajará a Lola a tierra, cuando más lo necesite.
Cosa hecha es drama puro: los hechos y las palabras, al igual que las lucidas actuaciones lo corroboran. Sin embargo, la presión ejercida por lo kitsch, la muerte y la superficialidad, lo coya-k-pop con sabor a cerezas, la decadencia, la espectacularización –tan vigente y latente– de la vida, la muerte, lo políticamente (in)correcto, provocan risas y carcajadas para mudar a ¿comedia dramática?

Cosa hecha cumple con lo que se espera del teatro. Es fantasía y entretenimiento, las actuaciones son sólidas, conmovedoras, y el texto es consistente. Pero además tiene un plus: brinda la posibilidad de la reflexión posterior. Como dice su director, la obra es una pregunta que el público irá construyendo, armando y desarmando a lo largo de un poco más de una hora.
* Cosa hecha reestrena temporada el lunes 3 de abril a las 20:30. Funciones: todos los lunes hasta el 22 de mayo en el Teatro El Extranjero: Valentín Gómez 3378, C. A. B. A.
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