
Cada tanto, las artes escénicas sorprenden, como esta vez. Y “esta vez” no se refiere a una actuación espectacular, una puesta deslumbrante, una dirección puntillosa o una performance sorprendente. No. Bueno, o “sí”, pero no es este el objeto de la nota, sino la novedosa propuesta realizada por un grupo de actores y actrices, directores, dramaturgos, escenógrafos y ocupantes de cada puesto de batalla que requiere la puesta en escena de una obra teatral (y circundantes) en el sistema de circulación, producción e integración al público en un, escúchese bien, club. Un club. Como aquellos clubes barriales, de comunidades migratorias, el famoso club social. Señoras y señores: hace su aparición en las tablas el Club Paraíso. Pero eso, ¿qué es?

La cosa es así: desde hace un tiempo un grupo importante de trabajadores del campo de la dramaturgia viene craneando acerca de cómo poder poner sus obras sobre las tablas (o donde sea) sin tener que acudir a los fondos (y demandas) empresariales o los cada vez menores aportes estatales a la esfera artística. Un problema nodal el del dinero, siempre y en todas partes. Pero el razonamiento fue simple: al fin y al cabo, la taquilla que deviene de la venta de entradas es la que produce los fondos de reinversión en lo teatral, ¿por qué no acudir al espectador que paga esas entradas no el día del espectáculo sino con una anticipación más mediata? ¿Y por qué no ofrecerle al público otras actividades de las que seguramente gustaría participar? Y, más aún, ¿por qué no invitarlo a participar de una comunidad con los hacedores mismos del acto teatral? Y todo el abono de este Netflix teatral por el monto que vale “una entrada y un poco más”, por mes.
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Así explica Pilar Gamboa, integrante de Piel de Lava –el celebrado grupo de actrices, dramaturgas y directoras– y actriz ella misma de cine y televisión, su participación en el cronograma 2023. “Me fascina lo grupal y siempre pienso en lo cooperativista y me parecía genial que la audiencia financiara la obra con una cuota muy barata porque esto no está pensado para millonarios, sino para todos nosotros. Y no sólo va a estar integrado por quienes ya somos parte de Paraíso, sino que va a haber artistas invitados. Es un proyecto muy colaborativo y a la vez va a permitir conocer a la audiencia mucho más de cerca. Todos los meses se produce una obra y también hay talleres. Este año yo doy un seminario sobre actuación”.

Romina Paula, escritora, actriz y directora, comenta cómo proyecta la participación del público en todo este asunto: “No tengo tanta experiencia con una participación más directa del público en las obras. Cuando se hacen giras se suele compartir el desmontaje con el público o realizar alguna charla en la que el público participe. Acá se parte de la idea de que la membresía convierta al público en productor de las obras y que participe del proceso ayudando a que, de manera anticipada, las obras puedan producirse, invierte el camino usual del proceso. Vamos a ver hasta qué punto se puede hacer realidad. Estamos pensando e imaginando mientras lo llevamos a cabo”.
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La novelista, dramaturga y directora de teatro Cynthia Edul fue la primera que tiró la piedra a la comunidad teatral con la idea. Así lo cuenta: “Surgió como una propuesta para activar en el campo de las artes escénicas experimentales, que es muy prolífico en la Argentina y que es muy independiente, que se financia a sí mismo, a pesar de que cada vez es más difícil esa financiación. Pensé en cómo construir un puente directo con la audiencia y, tomando la idea de los clubes de lectura, la tecnología de la preventa permite que, en lugar de recaudar después de la función, el espectador se convierta en productor de la obra. Es la idea más contemporánea del abono pero también otra más arcaica que es la de los clubes, que agrupaban por identidades. Acá se incorpora el público como un actor central.

—El proyecto surge de un estado de las cosas en el teatro independiente, pero a la vez varios de sus miembros son muy reconocidos y, sin perder la independencia, forjaron una trayectoria. ¿Qué los lleva a encarar el club?
—Es un proyecto que nos une después de haber adquirido una cantidad de experiencias, una cantidad de saberes y haber llegado a la comprensión de las condiciones materiales de producción.
—La cuota por mes al club es muy económica, está en tres mil pesos.
—La idea es que equivalga a una entrada al teatro y un poquito más. Estos precios de diciembre y enero tal vez en febrero suban un poquito.
—Pueden funcionar como regalo para determinado mes.
—Eso te organiza. Pongamos la suscripción anual, la persona a la que le gusta ir al teatro pero a la que no le gusta recorrer toda la cartelera para ver qué ver, queda más organizada y tal mes ya tiene una obra.
El director, actor y dramaturgo Ariel Farace es otro de los miembros de la iniciativa.
—El planteamiento de que los abonos o membresías formen parte de los montos económicos de la producción teatral parece ser una crítica al estado de las cosas.
—Sin duda. Es una respuesta, al menos, y hasta una provocación. ¿Qué pasaría si hacemos esto? Creo que hay un montón de personas que van al teatro y que excede a la comunidad del teatro, es gente a la que le interesa, gente que lee, gente a la que la llevaban cuando era chica, es gente que estudia, gente que para marcar una cita va al teatro. Esto es invitarlo a participar de algo más.

—Una de las novedades será la asamblea de fin de año donde los hacedores y el público, todos miembros del Club Paraíso, debatan. Ahí, ¿no podrían surgir diferencias políticas fuertes?
—Los modos con que los lenguajes de las artes escénicas dialoguen con el presente van a ser políticos, sin duda, pero no en un plano tal como para que la programación de Paraíso cambie. Yo no sé qué adherencia política tienen mis compañeros y compañeras y no es algo que interese. Personalmente creo que a la cultura no nos han prestado atención ni unos gobiernos ni otros.
—¿Y cómo imagina al público socio de Paraíso?
—Yo creo que una creación es una pregunta y es una pregunta que se comparte y está en desarrollo y hay que ver cómo vibra en una comunidad. Creemos que hay gente interesada en hacer esas preguntas y en participar desde el lugar de espectador. En Buenos Aires el público de teatro es un público activo, en las peores situaciones imaginables se llenan salitas y hay gente que se emociona y te abraza, que demuestra un grado de diálogo con eso que se hace con lo cual, por un tiempo, tener la experiencia con la excusa de estas preguntas, después de haber estado tanto tiempo guardados, de la orfandad por la falta de políticas públicas actuales y no tan actuales, a mí me parece que esto es necesario.
Club Paraíso, mientras esperaba que se abriera el telón, realizó varias performances públicas, la última, una lectura de La tempestad, de William Shakespeare en el Museo Larreta. Ahora ya está sobre las tablas la propuesta de construir una comunidad. Para hacerlo sólo hay que dirigirse al Instagram @paraiso_club donde se especifican las actividades del Club y a linktr.ee/paraisoclub, donde se pueden abonar las membresías (o comprarlas como regalo, rezagados de las navidades incluidos). Como todo club y a fin de año, están abiertas las puertas para también bailar.
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