Kim Gordon ataca el capitalismo tecnológico con un sonido que la desmarca del rock alternativo

‘Play Me’, tercer álbum solista de la exbajista de Sonic Youth, encarna en apenas 29 minutos una reflexión crítica sobre la economía digital en un contexto de consumo cultural fragmentado

Kim Gordon - Play me
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Play Me es el tercer álbum solista de Kim Gordon, con 12 canciones que enfatizan ritmos industriales y una lírica cargada de sátira que siguen la impronta iniciada con disco anterior, The Collective (2024). En este punto, sirve detenerse en el personaje en cuestión: Kim Gordon fue la bajista de Sonic Youth , banda-buque insignia de lo que se dio en llamar a principios de los años 90, “rock alternativo”, eso que el huracán Nirvana ubicó en el centro de la escena de la música global entonces -cuando la música global era menos global que ahora, por cierto-. Por sonido y actitud, la imagen de la mujer rubia de pelo semicorto y actitud impasible que hacía sonar su instrumento para sumarse a la tormenta eléctrica de las guitarras de Thurston Moore y Lee Ranaldo. La señora era sonido y actitud.

Tres décadas después, la huella de Kim Gordon se percibe hoy en figuras como Courtney Barnett, Jenny Lewis y St. Vincent, quienes reconocen su influencia en la escena indie actual. En este punto, también, es bueno recordar que su presencia pionera en el rock alternativo de los 90 no solo desafió la hegemonía masculina, también impulsó el surgimiento del movimiento Riot Grrrl, que abrió camino a mujeres dispuestas a explorar los límites más radicales de la música sin someterse a la mirada masculina. A lo largo de casi cuarenta años, Kim Gordon ha sido una referencia ineludible.

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Volviendo a Play Me, la novedad de Kim Gordon. Su alianza con el productor Justin Raisen ha transformado el enfoque sonoro y obrado un pequeño milagro: de la distorsión nihilista de los años de la Nación Alternativa a las bases de rap y elementos electrónicos que potencian la cadencia y el espacio en cada canciones. Ella misma ha reconocido que su voluntad de colaborar con Raisen surgió “por accidente”, pero terminó traduciéndose en mayor libertad creativa. El énfasis en los beats industriales y una disposición a dejar en segundo plano la guitarra han delineado un territorio sonoro donde el spoken word vulnerable y crítico cobra centralidad.

Kim Gordon
Kim Gordon acaba de publicar 'Play Me', con 12 canciones que exploran ritmos industriales y una lírica satírica

En Play Me, incorpora nociones propias del universo rap, donde el remix y la reconceptualización de materiales preexistentes son parte de la dinámica habitual. La lírica del último track retoma palabras como “Injusticia”, “Oportunidad” y “Vivienda para el futuro”; términos que ella seleccionó en referencia a la política del presidente Donald Trump, quien asoció estos conceptos con las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión que su administración denunció. La reescritura convierte al ejercicio en un tipo de contundente declaración conceptual.

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También, a diferencia de discos previos, Play Me es más breve y enfocado, tal vez en diálogo directo con la atención reducida que predomina el consumo cultural actual. Según ella, la evolución desde The Collective se concreta en “un disco más enfocado e inmediato”, con canciones diseñadas para impacto rápido y lírica confrontativa, sin concesiones a una narrativa lineal.

Kim Gordon contra las playlist

Play Me responde a la pregunta del momento: cómo una figura consagrada de la música alternativa puede intervenir activamente en la discusión sobre el valor del arte en la economía digital. Con sus actuales herramientas, Kim Gordon ha construído una crítica explícita al consumo pasivo que fomenta el actual ecosistema de streaming, utilizando títulos ficticios de playlists de Spotify y géneros por estado de ánimo como parte de la letra central: “Chica popular rica / Modo villana / Jazz y de fondo / Relajándome tras el trabajo”. Para ella, la música “siempre representó una cuota de libertad” y que esa libertad parece “cubierta por una manta” en el presente.

Kim Gordon
La influencia de Kim Gordon en el rock alternativo impacta a generaciones de mujeres en la música contemporánea (Foto: Jordan Strauss / Invision / AP)

El título del disco y de la canción principal juega con esa doble tensión: es tanto una constatación de la pasividad del oyente en la era de los algoritmos como un desafío contra el estado de cosas. “También podría leerse como desafiante. Como si dijera: te reto a que me escuches”, puntualizó. El registro refuerza esos planteamientos con piezas como “Subcon”, donde la letra apunta al ascenso de la clase multimillonaria tecnológica y su obsesión reciente por la colonización espacial. Gordon ha convertido su preocupación por la realidad sociopolítica en motor central de sus canciones, asumiendo “más el rol de socióloga que de artista”, una vocación que atribuye a la influencia de su padre, académico de la Universidad de California.

De Sonic Youth al presente

Durante las más de dos décadas que pasó junto a su entonces marido Thurston Moore y el guitarrista Lee Ranaldo en Sonic Youth, el bajo de Kim Gordon funcionó como marca registrada del grupo. En su etapa solista, esa identidad se mantuvo, aunque mutó en dirección a bases electrónicas y estética industrial que, según la artista, le permiten “trabajar con el foco puesto en los ritmos”, clave de su asociación exitosa con el productor Raisen.

Sonic Youth - Death Valley '69
Sonic Youth en tiempos de surgimiento de la etiqueta "rock alternativo" (Foto: X/@thesonicyouth)

La decisión de ceder espacio a experimentaciones electrónicas y adoptar frontales referencias al mundo hip-hop, el uso de recursos propios del IDM y el punk, así como el ajuste de la duración de las canciones, revelan una estrategia deliberada de adaptación a la fragmentación de la escucha contemporánea. “Me inspiran más los beats que las melodías”, resumió, ratificando el cambio.

En 29 minutos, el disco intercala crítica directa, abstracción lírica y un retrato de la cultura digital, subrayando la condición de esta mujer de 72 años (forever young a juzgar por su imagen) no solo como cronista de su tiempo, sino también como una voz radical en la discusión sobre el valor del arte frente al avance del capitalismo tecnológico y los paradigmas de la música contemporánea. Amén.

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