
Ganadora de tres premios en el Festival de Locarno y como “mejor película” en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián, Tengo sueños eléctricos es una de las revelaciones cinematográficas del año. La película de la directora costarricense Valentina Maurel ofrece, además, una perspectiva alejada de lo que suele ser el cine latinoamericano que triunfa en festivales europeos. Se trata de una historia familiar, que transcurre en el marco de la clase media de Costa Rica y se centra más que nada en la ambivalente relación que Eva (Daniela Marín Navarro), una chica de 16 años, tiene con su padre, que se ha separado de su madre. El disparador pasa por el deseo de Eva de irse a vivir con él y las dificultades, problemas y contradicciones que aparecen en el camino.
Maurel, radicada en Bélgica y gran admiradora de Lucrecia Martel (“me cambió la vida”, dirá), presenta su film en la competencia latinoamericana del Festival de Mar del Plata. Con Infobae Cultura, la realizadora habló de los temas de la película –la violencia familiar y la complicada relación padre-hija, entre otros–, de lo que significa ser hoy una cineasta mujer y de cómo su película hizo su propio recorrido con un tipo de película latinoamericana diferente a las que usualmente triunfan en Europa.
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-¿Cómo apareció el tema de Tengo sueños eléctricos?
-Yo siempre digo que no escojo mis temas de forma muy racional. Hay muchas películas sobre padres. Una vez un seleccionador de un festival me dijo que ya estaban todas hechas y que lo tenían un poco harto. La verdad, hubiese preferido escribir sobre otra cosa pero mi deseo me llevó ahí y a la vez creo que no hay tantas historias de padre e hija, o las que conozco y me gustan –como las de Yasujiro Ozu– son más delicadas y no me siento tan representada en ellas. Yo tengo una fascinación por la parte más brutal de mis personajes y me gusta esa violencia y ambivalencia que hay en esa relación. El tema de la violencia, de hecho, salió de una forma más importante de lo que imaginaba.
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-Pero es una película que se corre de los lugares comunes sobre el tema…
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-Se habla mucho de la violencia doméstica y es cierto que es un tema complicado con el que hay que tener precauciones pero yo escribí un personaje de una adolescente que está fascinada por su papá y que en un momento se da cuenta de que la brutalidad de su padre no es tan fascinante porque genera mucho sufrimiento a su alrededor.
-Alguna vez dijiste que para vos no era un coming-of-age, una película de crecimiento. ¿Por qué pensás eso?
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-Yo creo que cuando la gente piensa en un coming-of-age piensa en la trayectoria de un niño, niña o adolescente que se convierte en adulto. Yo creo que aquí no sucede eso. Aquí cuento la trayectoria de una adolescente que en realidad se da cuenta de que no hay un puerto de llegada, que no hay una cosa como la madurez o la adultez a la que uno llega y en la que se instala. Es, más bien, una adolescente que se da cuenta de que los adultos alrededor suyo están igual de extraviados que ella. Los adolescentes nos incomodan porque tienen preguntas existenciales muy fuertes, cuestionan el funcionamiento del mundo y los adultos ya no queremos estar atormentados por eso, pero en realidad no hemos contestado ninguna de esas preguntas.

-¿Cuánto de autobiográfico o de inspirado en tu propia historia tiene la película?
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-Tiene cosas pero no es una película autobiográfica. Hay bastante más ficción de lo que la gente piensa. Mis papás escribían poesía, como los personajes, y eso sí es autobiográfico. Pero otras cosas no lo son. Hay un momento de la escritura del guion en el que una ya no se pregunta tanto eso. Escribí la película inspirándome en muchas cosas que conozco de mi familia y también de otras personas, pero también como una manera de digerir la vida.
-Hay una relación también un tanto límite que la protagonista tiene con un amigo de su padre. ¿Cómo manejaste esa situación en el rodaje?
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-Es más complicada la recepción de esa relación de lo que yo pensaba. Hay gente a la que no le gusta la película por esa parte o esa escena, pero bueno, yo quería hablar de la sexualidad desde un lugar más complicado. Creo que en esa escena están las dos cosas: hay consentimiento pero a la vez hay una enorme disparidad en términos de relación de poder. Él es adulto y ella es menor de edad. De todos modos, el personaje es menor de edad, pero la actriz no. Ella sabía de lo que estábamos hablando.
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-Eso me gusta mucho del personaje, que casi nunca es una víctima de las circunstancias…
-Un adolescente no siempre desea cosas que le “hacen bien”. Es un personaje femenino que no es heroico pero que tampoco es una víctima. Pues una a esa edad desea cosas y no siempre son las correctas, sino las que asustan y las que son peligrosas y tenebrosas.
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-En este último tiempo, quizás por esto de la corrección política, da la impresión de que esas cosas no existen y que todo tiene que ser sano. Pero una persona puede tener deseos y pulsiones que van en contra de las que “debería” tener…
-Así es el ser humano y yo encuentro interesante poder representar situaciones así para que un espectador se sienta identificado con los personajes y que le sea más fácil enfrentar esas situaciones. Siempre estamos inmersos en zonas grises, nunca somos heroicos, nadie nace listo ni feminista ni preparado para saber qué es lo mejor para uno. Las ficciones de ahora quisieran imaginar que sí. El cine no es una herramienta didáctica ni un lugar en el que uno va a dar un ejemplo o a aportar soluciones. Las mujeres pasamos de ser objetos sexuales o de solo hablar sobre hombres en las películas a personajes femeninos heroicos o víctimas.
-Eva es un personaje complejo, con pulsiones y deseos muy contrapuestos con las mismas personas y a veces al mismo tiempo.
-Quería un personaje que tuviera la misma complejidad que los masculinos, quería hablar de la violencia como algo que no es solo de los hombres. La violencia genera fascinación en la chica y ella la quiere reproducir. Es un lenguaje que sabe, que conoce y que le da un sentimiento de superpoder, de adrenalina a su vida. Es un tema que quiero seguir explorando en otras películas.

-Cuando ganaste un premio en San Sebastián dijiste algo sobre el escenario acerca de la falta de apoyo al cine en Costa Rica. ¿Podrías explayarte un poco sobre eso?
-Yo tengo una posición un poco especial porque vivo en Europa, tengo ciudadanía francesa, pero me harta tener que depender siempre del dinero europeo para poder filmar, porque eso formatea a los cineastas latinoamericanos, los obliga a satisfacer un imaginario muy de ellos respecto a lo latinoamericano. Tener financiamiento local o regional te da más autonomía. Eso existió en algún momento pero, paradójicamente, ahora que hay más que nunca cine costarricense acaban de reducir el presupuesto de cultura y eso pone en peligro el fondo cinematográfico. Tampoco tenemos Ley de Cine, aunque se viene negociando hace años. Traté de aprovechar la difusión que pueden dar los premios para que sucedan cosas. Algunos dirán que yo puedo acceder a fondos igual, pero no es algo que hago pensando en mí sino por todos los cineastas que están allá y a los que les cuesta muchísimo poder financiar una película.
-Tu película es un buen ejemplo además de que se puede tener éxito y ganar premios haciendo algo bastante distinto al imaginario europeo que hay del cine latinoamericano. ¿Pensabas que iba a tener tanta repercusión?
-No me lo esperaba la verdad. Yo creo que la película está en un lugar un poco particular, podría ser un coming-of-age ordinario pero tiene una cosa más intensa, y estoy muy sorprendida y contenta por la cantidad de gente que lo notó. Más que nada jóvenes y mujeres, que se conectaron con la propuesta. No tenía tan claro que iba a suceder algo así, pero pasó. Y eso me da seguridad de que se puede ser una directora mujer, latinoamericana y ser una cineasta libre, y que la gente va a conectar con lo que haces.

-Es una película, además, que no apela a los clichés del cine latinoamericano que triunfa en festivales europeos y eso le da, quizás, un valor mayor a su éxito.
-Yo tenía ganas de hablar del mundo que conozco y ese es el de la clase media. Quería ser brutalmente crítico con ella. Entiendo que hay temas urgentes de los que hablar pero si eso se hace como fórmula, si no se pueden escribir personajes complicados que no sean víctimas, no sé si me interesa. Hay que autorizarse a ser crítico y mordaz, a tener personajes con una coherencia propia porque de ahí salen mejores películas y esas son las que mejor representan las historias de la gente. Hay muchas películas que son condescendientes, con una mirada paternalista y estetizante contada desde la clase media que muestra al “pobre heroico” y creo que eso es algo muy violento también. A mí, de hecho, me llama la atención la gente a la que le molesta la violencia que hay en mi película y luego ven una película colombiana con un nivel de violencia mucho más extremo, con drogas y tortura, y no tienen problemas con eso. Para ellos eso es lejos, es la otredad, no somos nosotros.
-Los espectadores y no solo los europeos sienten eso en ese tipo de películas, esa suerte de otredad, mientras que la tuya los toca más de cerca, los interpela más directamente.
-Me han preguntado mucho si mi película habla de la violencia latinoamericana y eso me hace reír porque la violencia familiar es universal. Creo que eso habla mucho de cómo ven el cine latinoamericano, lo que están esperando de nuestras películas y cuál es su imaginario de cómo somos los latinoamericanos. Y yo quiero salir un poco de todo eso.

-Quería preguntarte por tus influencias cinematográficas. Imagino que la obra de Lucrecia Martel debe ser una referencia, ¿no?
-Yo conté algunas veces que a los 16 años me llevaron a ver La niña santa y Lucrecia estaba presentando la película, que eso cambió mi vida. Es un modelo, una influencia clara. Después descubrí otras cosas. No solo el cine me influye, especialmente cuando me pongo a escribir. Me gusta la poesía y el teatro. Chejov es importante en mi vida. Cuando hablo de Chejov la gente me dice que ya están hartos, pero a mí me gusta y me gustan sus personajes. Creo que también es bueno que no sea solo el cine lo que te marca sino también otras cosas.
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