Desde Bilbao. La ciudad vasca capital de la provincia de Vizcaya, donde reina el imponente edificio del Museo Guggenheim de arte contemporáneo y se habla tanto castellano como euskera (una lengua más antigua que el latín, suelen comentar sus habitantes), se convierte esta semana en la capital iberoamericana de la música. Desde este miércoles y hasta el sábado, el Encuentro Internacional de Música BIME (siglas de “Bizkaia International Music Experience”) celebra su décima edición con una intensa programación de cuatro días, en donde se reúnen unos 4.500 profesionales de la industria musical de 50 países y se realizan más de 70 shows al aire libre, con entrada libre y gratuita. Es decir: esta semana en Bilbao, además de la pasión futbolera por “Los Leones” del Athletic -el histórico equipo rojiblanco de la ciudad, cuyo estadio San Mamés lleva el mote de “catedral”- y la fama gastronómica mundial de sus pintxos y el marmitako, se habla de música. Del presente y futuro de la música, y de su industria.
BIME tiene dos patas. Por un lado, BIME PRO donde se habla de la industria y se realizan toda clase de encuentros de negocios, ponencias masterclasses y talleres, de y por profesionales de la música (músicos, managers, productores, sellos discográficos de los multinacionales a los más independientes), se desarrollará desde este miércoles y hasta el viernes. De lo local a lo universal, aquí tendrán lugar más de 70 paneles protagonizados por referentes de la industria cultural y musical de Iberoamérica. Y por el otro, BIME LIVE SON, el ciclo de recitales auspiciado por una popular marca de cerveza gallega (al fin y al cabo, “vecinos” en el Norte de España), con una cantidad impresionante de shows repartidos, desde este miércoles y hasta el sábado 29 en diez escenarios de la ciudad.
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Luego de una exitosa primera edición latinoamericana celebrada en Bogotá en mayor de este año, BIME regresa a su tierra natal para mostrarse como el gran encuentro hispanoparlante de la industria musical. De todo eso y algunas cosas más (el tema de la violencia política en el País Vasco, tópico inevitable para cualquier visitante), Infobae Cultura dialogó con Julen Martin Larrinaga, director de BIME PRO/LIVE. Natural de Basauri, un pequeño municipio de Vizcaya, pero bilbaíno por adopción, Larrinaga parece reunir en sí mismo los rasgos distintos de BIME: arte, cultura y economía. Julen es economista de profesión, con un master en gestión cultural y ocio, pero también es músico y melómano apasionado. En la que seguramente, es la semana más estresante (y feliz, también) de su año, este hombre amable y locuaz cuenta sus impresiones antes de comenzar el gran encuentro musical de Iberoamérica.
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—Empecemos por la obviedad. ¿Qué es BIME? ¿Cómo llegaste hasta aquí?
—Es un encuentro para toda la industria musical, desde el más chico hasta el más grande. Y en el caso de las ediciones de Bogotá y Bilbao, digo que uno de nuestros principales objetivos es ser el puente entre dos continentes. Y también que seamos una herramienta de conocimiento y relacionamiento. Al final eso es lo que tiene que servir este tipo de encuentros, ¿no? Por una parte para hacer negocios, pero también para hacernos mejores profesionales en nuestro entorno. BIME es un encuentro de calidad de formación para profesionales y amateurs, gente que también quiere entrar en esta industria. Y sobre todo, queremos que sea una casa para todos, porque ese es uno de los grandes éxitos innovadores de los que yo me enamoré.
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—¿Cómo caracterizarías a Bilbao hoy, en tanto relevante ciudad cultural de Europa? ¿Y en el caso de lo musical?
—Bilbao sí es una ciudad muy rockera, pero que en todo tipo de música tiene mucho talento. Hay una corriente underground muy fuerte, siempre activa. Sin embargo, no ha sido una ciudad que se haya destacado por ser gran creadora de artistas grandes, por ejemplo, o que haya tenido un éxito más global. Hay otras ciudades pequeñas de nuestro entorno que han tenido mucho más importancia en ese aspecto.
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Veo también que hay gente joven que está haciendo cosas súper interesantes y sí que hay mucho movimiento cultural que fue creciendo con los años. Antiguamente Bilbao tenía mucho meneo, mucho punk, mucha suciedad (risas) Que a mí me encantaba… Ahora es una ciudad que se ha ido abriendo al mundo y acoge también a talento y artistas que vienen de otras partes, desde el resto de España y de todo el mundo también. Y creo que eso enriquece mucho. Por otro lado, los vascos siempre hemos tenido muy presente esa parte de hacer las cosas por nosotros mismos. La cultura del DIY (N. de la R: siglas de la expresión en inglés “Do it yourself”, hazlo tu mismo en castellano). Sin pedir ayuda a nadie. Eso con los años, y también estoy hablando de BIME en este caso, ha sido compensado con mucha actividad y con gran apoyo por parte de las instituciones. Sí que es verdad que igual es la pandemia, claro. Y estamos resurgiendo luego de la pandemia, por cierto.

—Visto desde el exterior, el País Vasco estuvo muchos años relacionado con la violencia política. Y cierta reciente producción cultural, novelas, series (Patria es el mejor ejemplo, pero hubo otras), ha vuelto sobre el tema. Como habitante de la ciudad, ¿qué puedes decir al respecto? ¿Qué ha cambiado en los últimos años?
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—Tengo recuerdos de cuando era muy pequeño. Pero nunca, desde dentro, tuve una sensación de inseguridad ni nada. No sé en qué hemos cambiado, si es que hemos cambiado… Es difícil de explicar. Yo creo simplemente que la sociedad ha evolucionado al ver que hay otras maneras de intentar encarar los problemas y sus soluciones. Creo que ha sido siempre un error pensar que un problema surge siempre solo de un lado o de una parte. Puede que esa parte esté tomando las decisiones erróneas y esté utilizando los medios que no son los adecuados para conseguir sus objetivos, pero tampoco se puede negar que había un conflicto. Porque el conflicto sigue y así seguirá. Pero creo que ahora por lo menos abordamos el conflicto desde una posición más racional. Creo que hemos aprendido más a hablar y a escucharnos. Y a entender que se puede convivir de una manera mucho más natural y sana, con quien no piensa igual que tú.
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