A Safo de Lesbos la conocí en el colegio, gracias a mi profesora de latín, Sylvia Nogueira. Al estudiar al poeta Catulo, llegamos a una mujer: era la primera poeta de la que se tenía noción, y que a la par de haber sido silenciada, ocultada y destruida, fue enaltecida y copiada por infinidad de poetas, gramáticos y filósofos a lo largo de los siglos. Años después me encontré con un librito, de esos de bolsillo, en la librería Edipo de la calle Corrientes. En su tapa se veían mujeres desnudas danzando y una palabra en letras muy grandes “SAFO”. Al mirar la contratapa leí: “Yo te buscaba y llegaste y has refrescado mi alma que ardía de ausencia”. Allí comenzó el idilio. Compré el libro.
Tiempo después musicalicé el primer poema, una especie de balada, “De verdad morir yo quiero”, y luego, un bolero, “Y voy a acostarme sola”; este lo armé uniendo los muchos fragmentos de versos en que nos llegó su poesía. Los grabé en mi disco Entre las fieras y los lirios, de 2016, con arreglos de Analía Rosenberg, pero luego sentí que Safo era personaje muy grande y merecía algo más, entonces armé una obra de teatro musical, un unipersonal, El dulce amargo, canciones de Safo. Allí canto las canciones que compuse a partir de su obra, y me acompaño de guitarra, piano y lira. La estrené en 2017 en el Teatro El Extranjero, e hicimos varias temporadas.

En septiembre de 2018 viajé a la Isla de Lesbos, a Eressos, Lesbos, en Grecia, al Festival Internacional de Mujeres en honor a Safo, a través del Instituto Nacional de Teatro. En la isla monté la obra con las canciones en español, pero los textos en inglés, para la audiencia femenina internacional. Fue una experiencia maravillosa. Recorrer los caminos que había caminado Safo 2600 años atrás, cantarle a la luna, a las pléyades, al mar de un azul indescriptible y a las encinas gruesas, mientras los miraba, e imaginaba que no habrían cambiado mucho desde aquellos tiempos.
En Buenos Aires, vino a una de las funciones, una filósofa y traductora de griego: Mariana Gardella Hueso, ella había escrito un libro sobre la primera filósofa mujer, Cleobulina de Lindos, y ahora estudiaba a otra poeta, 300 años posterior a Safo, que se decía heredera artística de ella, Nosis de Locri. Me contó todo sobre ella y volví a apasionarme, luego sacó el libro sobre ella, Besada por Cipris, por la editorial Rara Avis.

En Buenos Aires, vino a una de las funciones, una filósofa y traductora de griego: Mariana Gardella Hueso, ella había escrito un libro sobre la primera filósofa mujer, Cleobulina de Lindos, y ahora estudiaba a otra poeta, 300 años posterior a Safo, que se decía heredera artística de ella, Nosis de Locri. Me contó todo sobre ella y volví a apasionarme, luego sacó el libro sobre ella, Besada por Cipris, por la editorial Rara Avis.
De Nosis sobrevivieron solo 12 epigramas, pero completos. Yo los leí y decidí musicalizarlos con ritmos argentinos, por eso pueden escucharse, por ejemplo, un huayno, un triunfo, un pericón, un aire de chacarera, un aire litoraleño, una milonga campera, un vals, y un candombe. Y además cada una de las canciones está compuesta en un modo griego, jónico, dórico, frigio, lidio, mixolidio, eólico y locrio.

Hernán Reinaudo, compositor, guitarrista, arreglador y director musical, realizó los arreglos para orquesta sinfónica, que esperan pacientemente ser ejecutados por las orquestas del mundo, y también realizó la reducción para cuarteto de cuerdas, piano, guitarra, percusión, voz y lira que es lo que presentaremos este sábado.
Yo me enamoré de estas poetas porque a pesar de los siglos que nos separan las siento cercanas. Ellas fueron mujeres que lograron transmitir su deseo, su fuerza vital, su amor por otras mujeres, amantes, madres, abuelas e hijas de forma directa, con sensibilidad, virtuosismo y humor. Hoy siento que a través de ellas puedo desplegar mi propia visión del arte, de la poesía y de la música, como si hubiéramos hecho esta dupla de letra y música en la mesa del comedor, o como si nos conociéramos de todas las vidas.
* Daniela Horovitz se presenta este sábado a las 18, con entrada libre y gratuita en la Sala de Cámara de la Usina del Arte, Agustín R. Caffarena 1, C. A. B. A.
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