
Parece que, en los contextos coetáneos de las democracias posindustriales, la libertad de expresión es un derecho tan interiorizado y garantizado constitucionalmente que es difícil darse cuenta de su erosión cuando los sectores más reaccionarios se encargan de desarticularla.
Hoy en día, factores como el auge de las tensiones internacionales por la guerra, la vuelta a la política de bloque, el retroceso de los componentes más humanistas de globalización, y el apogeo de los populismos y nacionalismos, hacen de la imposición de los relatos hegemónicos un peligro para otras interpretaciones de la realidad social.
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El pensamiento crítico que orbita en torno a estas cuestiones se manifiesta de muy diversas formas, pasando por el mundo académico, por medios de comunicación más heterodoxos y pequeños, e incluso por otros formatos menos convencionales, como los videojuegos, o con largo recorrido secular como el arte.
Es a través de este último, por las grandes posibilidades estéticas y conceptuales que permite, del que nos ocuparemos en este artículo.
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El caso de Nahuel
En principio, el vínculo entre Goya y Dragon Ball puede causar asombro o extrañeza, pero su conexión nace de la interpretación artística que Carla Cañellas hace del caso de Nahuel.
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Nahuel era un chico de origen peruano, asentado en Madrid, que pertenecía a un movimiento antiviolencia, antidrogas, vegano y anticapitalista, llamado Straight Edge. Por escribir, entre otros, un tuit que decía “Goku vive, la lucha sigue” fue encausado bajo la excusa de apología del terrorismo (la juez estimó que Goku era un terrorista del grupo ETA). La policía entró de madrugada en su casa y encontró col lombarda, tornillos y herramientas del montaje de una cama de Ikea, varias bebidas con gas y videojuegos como Red Dead Redemption.
Ello sirvió como excusa para declarar que eran elementos con los que se podría realizar un explosivo casero, además de aludir a juegos violentos aparentemente “anarcocomunistas” como Red Dead Redemption (un juego del oeste). Nahuel pasó un año y tres meses en prisión bajo régimen FIES, hasta que fue puesto en libertad, habiendo admitido las fuerzas del Estado que se trataba de un error.
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Este suceso hizo que la artista reflexionase históricamente acerca de cómo se ha ejercido la represión de la libertad de expresión encontrando paralelismos entre la Inquisición y la actividad judicial actual que nace con el marco jurídico que dispone la ley mordaza.
Una reflexión así condujo a la siguiente pregunta: ¿quién fue uno de los primeros artistas de la modernidad en este país que habló sobre la irracionalidad y falta de libertad?
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Goya.
Más que decorar
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A partir de la séptima serie de los cartones para tapices, se observa un punto de inflexión en el que Goya decide que ha de hacer algo más que decorar las estancias de la realeza. En este punto redirige su trabajo desmarcándose del gremio de los cartonistas y comienza a dotar de una sutil doble lectura a sus obras.
Ante las superficiales directrices que Carlos IV daba al pintor: “se saquen dibujos que agraden y que luzca el buen gusto”, “asuntos de cosas campestres y jocosas” y “diversiones aldeanas”, Goya asumirá el encargo con el objetivo de que para quien sepa captar las sutilezas la lectura no resultará superficial.
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Con estas premisas de base, la artista Carla Cañellas comenzó este proyecto, haciendo que los personajes de Dragon Ball vinculados a la historia de Nahuel protagonizasen las obras de Francisco de Goya, comenzando por los grabados de la serie de Los Caprichos y siguiendo por los cartones.

Goya vive
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Así pues, Carla Cañellas desarrollará su idea a través de técnicas plásticas como el dibujo a tinta (suibokuga) y la caligrafía japonesa (shodô) sobre papel de arroz/bambú (washi).
El uso del anime de Dragon Ball en la obra tiene varias funciones. Como ya hemos expuesto, por un lado sirve como excusa estética y metafórica para introducir los procesos de creación de una ficción. Debido a ello, es habitual ver en las pinturas de la artista a Goku, Bulma, Krilin y otros personajes de Dragon Ball juzgados, y con los famosos sambenitos que la Inquisición ponía a los acusados a modo de escarnio público.
Por otro lado, además de intentar tender un puente entre Japón y España, también existe el objetivo de dar a conocer el proyecto pictórico de Goya de una forma más amable a generaciones más jóvenes, con mayor ligazón con la cultura pop que con el arte duro del maestro aragonés.
Por último, en la obra también se hace especial hincapié en las formas en las que se ejercía y se ejerce el poder. La artista introduce a los personajes de Dragon Ball en estos cartones, siendo especialmente representativa la pieza El Balancín. En ella aparece el rey Freezer elevando a Mr. Satán en un columpio del siglo XIX.

Mr. Satán tan solo es un subproducto de la sociedad de masas, en las que los embaucadores se convierten en héroes, llevándose el rédito de las acciones de los subalternos o de aquellos alejados del foco. Freezer es el que tiene estatus de rey y el que eleva a este tipo de personajes, sin que estos sean conscientes de que, en cuanto el soberano cambie su peso en el columpio, el poder, la influencia y la fortuna se difuminaran en el aire.
En conclusión, este proyecto deja patente la capacidad que la artista tiene para articular problemáticas sociales atemporales, que vinculan las percepciones goyescas de la modernidad, con su representación pictórica contemporánea a través de la cultura pop nipona.
194 años después de su muerte, “¡Goya vive, la lucha sigue!”.
*Mario Malo Sanz es profesor asociado de Antropología Social y Cultural , UOC - Universitat Oberta de Catalunya.
Publicado originalmente en The Conversation.
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