
Pocas películas tienen tanto trasfondo como Gilda. Detrás de la tumultuosa historia de amor a tres que todo el mundo recuerda de esta película, y el guante que se quita Rita Hayworth mientras canta “Put the Blame on Mame”, hay una historia muy sórdida: la huida de los mayores criminales del siglo XX.
El trasfondo de la película
A partir de un contexto real, Gilda imagina el entramado de un cártel u oligopolio muy poderoso durante la Segunda Guerra Mundial, el del tungsteno o wolframio, un material cerámico tan duro como el diamante que recubría los misiles y otras armas. Como muchos materiales desarrollados para uso militar, posteriormente tuvo acomodo como material de uso civil para fabricar bombillas y las herramientas que taladran paredes, cortan baldosas y afilan cuchillos.
Gilda se estrenó en 1946 y fue interpretada por Rita Hayworth (Gilda), George MacReady (Ballin Mundson) y Glenn Ford (Johnny Farrell). La película narra la historia de Farrell, un jugador de poca monta que es contratado por el dueño de un casino en Buenos Aires, Ballin Mundson, para que descubra a los jugadores que hacen trampa.
Al poco tiempo, Farrell se convierte en la mano derecha del dueño y este le permite llevar el negocio a su manera. Cuando Mundson vuelve casado con una bella mujer, Gilda, antigua pareja de Farrell, comienza el triángulo amoroso más famoso del cine de los años cuarenta.

El personaje de Ballin Mundson podría ser el alter ego de Fritz Thyssen, afiliado al partido nazi e hijo del industrial y magnate alemán August Thyssen, dueño de empresas especializadas en acero que producían armas y municiones para el ejército alemán.
Fritz Thyssen trabajó para la compañía familiar y fue dado de baja en el ejército en 1914 por su mala condición pulmonar. En 1940 emigró a Francia y comenzó los trámites de emigración a Argentina. Poco se sabe de cuándo llego, pero allí se nacionalizó y vivió hasta su muerte en 1951.
¿Por qué y cómo viajaron los nazis a Argentina?
En 1933, entró en vigor en Argentina un decreto que permitía la reunificación de las familias. Una vez cumplidos dos años de residencia se podía realizar un llamado a un familiar. Entre 1933 y 1945, ingresaron en Argentina casi 7.000 alemanes, casi todos judíos.
En 1934 se dictó un nuevo decreto relacionado con los viajes de turismo. Las personas que viajaban en primera clase en el barco (los anteriores lo hacían en segunda o tercera clase) debían presentar tan solo un certificado de turismo otorgado por la autoridad consular argentina del punto de embarque y su pasaporte. En 1945 entraron 24 turistas alemanes en la Argentina por mar.
Para muchos jerarcas nazis que buscaban huir de los aliados, dicho viaje transatlántico era su última vía de escape. Esas rutas se han denominado ratlines (rutas de ratas, flechaduras), que es como en jerga marinera se llaman las escalerillas hechas con cabos que usaban los marineros para subir a lo alto de las velas, especialmente cuando el barco se hundía. Era posiblemente su última opción de mantenerse con vida. Al final, el origen náutico de la palabra resultó ser irónicamente adecuado para los nazis que huían de Europa.
El cártel del tungsteno o wolframio
El tungsteno es un material estratégico. El carburo de tungsteno es un compuesto cerámico de gran dureza perteneciente al grupo de los cermets (metales cerámicos). Tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales (3.422 ºC) y una alta densidad, además de ser muy estable térmica y químicamente y de ser un excelente conductor. Resumiendo, es el material más duro presente en la naturaleza (después del diamante) y es bastante respetuoso con el medio ambiente.
En Gilda, el personaje de Ballin Mundson controla el cártel de este metal. Cuando un individuo aparece muerto en el casino, Mundson tiene que improvisar. Decide dejar a Farrell como heredero y le da instrucciones para abrir su caja fuerte, donde encontrará unas cartas firmadas. Poco después, finge su muerte para evitar ser perseguido.

En la caja fuerte, Farrell descubre que ha heredado una mina de tungsteno, unas pocas patentes y una docena de pequeñas empresas. Se reúne entonces con los otros doce miembros del cártel para decirles que nada va a cambiar y, ante las protestas de algunos de ellos, concluye que “solo uno debe dirigirlos”.
Posteriormente, un mensajero alemán informa a Farrell de que “las patentes pertenecen a los principales”, es decir, que Mundson era uno más en el cártel. Explica que le dieron permiso a Mundson para comprar las patentes (y le adelantaron el dinero) con la condición de que las devolviera después de la guerra en un “pacto entre caballeros”.
Mundson se había llevado a Argentina algunas de las patentes más relevantes de uso civil. La presencia de los mensajeros y la persecución de la policía argentina hacen sospechar que tal vez alguna de ellas pudiera tener uso militar.
¿Y al final?
La película recrea una situación –la del cártel del tungsteno– que podría haber ocurrido en la vida real a partir de las historias de los emigrantes alemanes a Argentina, pero no deja de ser una fabulación. Actualmente, los mayores productores de tungsteno son Rusia, China y Vietnam, pero no se puede hablar de cárteles, sino más bien de mercados de materias primas (incluso de mercados de minerales raros).
En la gran pantalla, cuando Mudson finge su muerte, Gilda, ya viuda, se casa con Farrell. Después de varias acusaciones de infidelidad y discusiones entre la nueva pareja, se reconcilian. Pero Mundson los descubre cuando aparece por sorpresa. Al intentar atacarlos, es asesinado.
La policía argentina alega que, como había simulado estar ya muerto, el caso no se investigaría. Después le piden a Farrell que le indique dónde está la caja fuerte. Farrell se la descubre y se interpreta que todos los documentos del cártel quedan en manos de la policía, mientras la pareja se mantiene unida. Un final aceptable para el triángulo amoroso que es la trama central de la película.
Espero que al final de este artículo el lector vuelva a ver Gilda prestando atención a cómo la película encumbra a un jugador de medio pelo al estatus de jefe absoluto de un cártel en el que los cabecillas eran nazis alemanes.
*Ana Isabel Rosado Cubero es Profesora de Economía, Universidad Complutense de Madrid.
Publicado originalmente en The Conversation.
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