Como otra muestra de la extrema literalidad que dicta el signo de los tiempos para leer sucesos y fenómenos, la decisión de colocar próximamente una escultura de Virginia Woolf en un banco junto al Támesis fue considerada como “desafortunada, insensible e imprudente”, dada la naturaleza de la muerte de la escritora, que se suicidó ahogándose en el río Ouse a los 59 años.
El monumento de la autora será colocado en un banco del parque con vista al río en la orilla del río Richmond en el suroeste de Londres, donde vivió durante aproximadamente una década a partir de 1914, pero en la misma lógica de interpretación simplista por la cual en los tiempos actuales se pretende por ejemplo que el rol de un personaje trans en una película sea encarnado por alguien que asuma esa condición en la vida real –así ocurrió con la actriz Scarlett Johansson que debió renunciar a representar un transexual, presionada por grupos LGTBQ+– los objetores a la iniciativa temen que el modelo a tamaño real pueda provocar que las personas se quiten la vida de la misma manera que la autora de Un cuarto propio, que murió en 1941.
Hace unos días, el comité de medio ambiente, sostenibilidad, cultura y deportes del consejo de la localidad de Richmond había aprobado el plan para colocar en un banco junto al Támesis la estatua de la escritora nacida en Kensington el 25 de enero de 1882, que vivió en esta pequeña ciudad al oeste de Londres durante una década, desde 1914, junto a su marido, el también escritor Leonard Woolf, con quien se había casado dos años antes. Ambos formaban parte del conocido como El Círculo de Bloomsbury, un grupo de artistas e intelectuales británicos de clase media alta que defendían los derechos de las mujeres y su inclusión en las artes, los derechos de las personas homosexuales y otras ideas poco comunes para la época.

Las primeras maquetas de la obra de arte del escultor Laury Dizengremel en el suburbio de Londres revelan una Virginia de tamaño natural descansando en un banco mirando hacia el río. La iniciativa fue criticada por un grupo conservacionista local, para el cual ubicar la estatua de Woolf al lado del Támesis podría ser “de mal gusto” dada la naturaleza de su muerte. Barry May, presidente de la Sociedad de Richmond, señaló que la agrupación había sugerido tres ubicaciones alternativas en Richmond, donde la escritora vivió hasta 1924, cuando se mudó a Tavistock Square en el centro de Londres. ”Dada la forma de su enfermedad y, finalmente, la forma en que murió, nos pareció un poco insensible tener esta estatua y figura de Virginia Woolf –indicó May, según consigna el periódico The Guardian–. Ella se ahogó en un río a la edad de 59 años después de una historia de enfermedad mental que arruinó su vida. Una figura reclinada en un banco mirando por encima del agua podría angustiar a cualquiera que conozca su historia y se encuentre en un estado mental vulnerable”. Y agregó: “Apoyamos las propuestas de una estatua para ella en algún lugar, pensamos que debería ser conmemorada en algún lugar, no hay nada de malo en eso. Es solo cuando tiene vista al río”.
Por su parte, los defensores de la estatua dicen que “esconderla” en una calle residencial sería ofensivo para el legado de la autora, citando la falta de esculturas de mujeres en Londres. “La intención de la estatua es celebrar vidas diversas y fomentar conversaciones sobre salud mental, feminismo, sexualidad y género. Esto no se puede hacer si la estatua está escondida en una calle residencial”, indicó Charlotte Banks, de Aurora Metro, una organización benéfica londinense que hace campaña y recauda fondos para la estatua. Según la entidad, el intento de cambiar la ubicación de la obra de arte se presenta como “un intento de empujar a personas como ella fuera de la vista”.
Fuente: Télam
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