
El escritor español Javier Pérez Andújar ha ganado la 39 edición del Premio Herralde de Novela, que convoca la editorial Anagrama con una dotación de 18.000 euros, por su obra “El año del Búfalo”, una novela que él mismo ha definido como “rara” y el jurado como “artefacto hipnótico”. El jurado, integrado por Marta Ramoneda, Gonzalo Pontón Gijón, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos y la editora Silvia Sesé, ha analizado las ocho novelas finalistas seleccionadas entre las 598 presentadas y ha decidido proclamar finalista del premio El baile y el incendio, del mexicano Daniel Saldaña París, presentada bajo el falso nombre de Petra Barreto.
Javier Pérez Andújar, que se había presentado bajo el seudónimo de Ingo Folke, escribe en El año del Búfalo sobre cuatro artistas de una generación sin suerte que, tras haber perdido los sueños e ideales, se encuentran recluidos en un garaje donde un buen día aparece una extraña criatura que les propone un pacto siniestro. Según ha explicado este lunes el ganador, se trata de una novela sobre “la vida de un escritor finlandés hispanófilo y comunista llamado Folke Ingo, que resulta ser el autor de las andanzas de los cuatro artistas”.
En este “libro raro”, como él mismo ha definido, el escritor finlandés ha dejado una novela póstuma, que edita el Ministerio de Humanidades de España. En el texto aparece un variopinto grupo de personajes que, desde las notas a pie de página, apostillan y comentan el texto de Folke Ingo: su traductora española, su madre finesa, un burocrático profesor del Ministerio de Humanidades, los padres de uno de los artistas encerrados en el garaje, el presidente del Club de Amigos de Gregorio Morán y la exdirectora de un peculiar cineclub de Santa Coloma de Gramenet.
En la novela, centrada en 1973, el año del búfalo como también lo es 2021 en el horóscopo chino, afloran una serie de psicofonías que envía el escritor finlandés desde el más allá en las que van asomando una infinidad de “figuras históricas” integrada por “rebeldes con causa, idealistas asesinados, líderes revolucionarios, guerrilleros convertidos en jefes de Estado, golpistas a sueldo y dictadores de todo el mundo, desde Agostinho Neto hasta Lumumba, desde Franco a Mussolini”. Es también una novela sobre “utopías políticas y crudas realidades” en las que conviven Klaus Barbie, Modiano, Gadafi, Bing Crosby, el Cola Cao, los Conguitos, Mauriat, Mauriac, Maurois, el detective Cannon, la CNT, el coronel Sanders del pollo frito de Kentucky, José Luis López Vázquez y Joseph Beuys, entre otros.

Pérez Andújar comenta que en su novela “hay compromiso con la historia” y se reafirma en que es normal que en un libro caótico aparezca la política: “La dinámica política es caótica, hay golpes de estado de revolucionarios que luego son derrocados por amigos de ellos, que castigan a los pueblos que dicen defender”. Se combinan asimismo elementos de la cultura popular como el Cola Cao: “He tomado mucho Cola Cao, y también Nesquik, pero todo tiene relación, el chocolate provenía de las plantaciones coloniales de Guinea Ecuatorial, e incluso se decía que Carrero Blanco había amasado su fortuna en esas plantaciones, pero no está probado”.
Encuentra Pérez Andújar que en un contexto de terror como las dictaduras haya momentos hilarantes “como cuando Muñoz Seca fue fusilado en Paracuellos y ante el pelotón de fusilamiento les dijo: ‘Me podréis quitar la vida, la familia, los bienes, pero una cosa que no me podréis quitar es el miedo que tengo ahora mismo’; y es así como se combina el humor y el horror”.
En El baile y el incendio, Saldaña se sitúa en Cuernavaca, donde se entrecruzan tres amigos que se conocieron en la adolescencia: Natalia, Erre y Conejo. ”Di con la voz, Natalia, una coreógrafa que vive en Cuernavaca, pero en un momento decidí cambiar de narrador y así nacieron las otras dos voces que componen el libro”, ha dicho el autor mexicano, que observa que su novela tiene algo de pandémico, pues para la escritura investigó los eventos de “epidemia de danza” que hubo en diferentes lugares durante la Edad Media. Hay también, reconoce, una vinculación con Bajo el volcán y la Cuernavaca de Malcolm Lowry, la ciudad a la que fue a morir Charles Mingus y por la que se pasearon estrellas de Hollywood de antaño.
Fuente: EFE
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