
En el marco de las charlas organizadas por la Feria de Editores (FED) y bajo la consigna Lo verosímil y lo quimérico, las escritoras y periodistas Leila Guerriero y Mariana Enriquez dialogaron sobre las zonas de confluencia de sus obras, los desafíos de la ficción y la no ficción, el tipo de compromiso que entablan con la escritura cuando abordan la realidad más coyuntural y cierta aversión ante los temas de moda que impone la industria editorial o las tapas de las revistas.
El diálogo, en formato virtual, comenzó cuando la periodista Lala Toutonian, moderadora del encuentro, citó El otro lado, el libro que reúne la obra periodística de Enriquez y que fue editado por Guerriero para la Universidad Diego Portales, y las convocó a reflexionar sobre los límites de la no ficción. “En mi cabeza, la no ficción y la ficción están escindidas. La no ficción tiene otra responsabilidad y límites a los que adscribo. El otro lado, que editó Leila, es la recopilación de mi trabajo urgente en medios y bajo presión monetaria: era lo que se me pedía, yo necesitaba la guita y escribía. Esas son cosas que no me pasan en la ficción”, contó Enriquez, aún cuando aceptó que “hay vasos de comunicación conscientes e inconscientes” entre su obra literaria y su obra periodística.
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Toutonian retrucó el planteo y le preguntó si acaso no había “contaminación cruzada”, pero la escritora descartó la hipótesis: “Llevar cuestiones de la realidad a lo literario lo saqué de Stephen King. Ese fue mi momento de eureka, vino de la literatura y no lo real”.

Después, Toutonian citó La otra guerra, editado recientemente por Anagrama, una crónica de Guerriero sobre la identificación de los muertos en la Guerra de Malvinas para consultarla sobre cómo se planteaba ese tipo de libros. “Es un libro sobre la identificación de los soldados argentinos enterrados en Darwin. Me interesaban todas las cuestiones que se generaron alrededor de la identificación. Yo no escribo ficción y aún no haciéndolo, puedo entender cabalmente lo que dice Mariana sobre los límites. A veces es difícil explicar, cuando me preguntan si siento tentación de ficcionalizar algo, que no, que de ninguna manera. No es que no haya tentación, no está dentro de mi campo. Pero sí trabajo con la memoria de los otros y por ese motivo hago tantas entrevistas para tratar de reflejar todas las voces”, explicó la autora. Además, advirtió que eso le da seriedad al trabajo pero que también le permite sentir que es “una voz autorizada sobre el tema”: “Mi actitud siempre es la de ir a averiguar. Sin embargo, sé que la no ficción maneja cuestiones propias de la literatura como el punto de vista, la tensión dramática o la importancia de un buen comienzo que yo aprendí leyendo ficción. La no ficción tiene un corset, un borde, que a mí me interesa y me resulta muy satisfactorio”.
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Guerriero contó que editó El otro lado mientras leía la novela Nuestra parte de la noche y que fue justamente esa lectura cruzada la que le permitió entender los mecanismos de diálogo entre la obra de ficción y la obra periodística de Enriquez. “Fue muy impresionante ver cómo todo ese trabajo periodístico se desató en la ficción. Fue como ver a alguien que está desarrollando una manera de ver y resultó un superpoder para la novela”, recordó.

La autora de Las cosas que perdimos en el fuego coincidió con esa interpretación: “Claro, es vampirismo. Tomo de lo real para mi beneficio y entretenimiento. Tengo, además, la enorme suerte de poder hacer periodismo con los temas que me interesan”.
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Al analizar cómo y por qué usar la primera primera persona en una crónica, Guerriero contó que le llevó tiempo adoptarla con naturalidad. “Tardé mucho en llegar a la primera persona y me saqué la virginidad muy rápido con un libro”, dijo en referencia a “Los suicidas del fin del mundo”. “Cuando escribo en primera persona siempre pienso cómo transformar eso individual en algo mayor. ¿Para qué aparezco yo? Me gusta que el yo salga de lo anecdótico”, aclaró y contó que además emprende una búsqueda permanente para sostener un estilo sin que eso implique copiarse a sí misma.
“Yo soy muy old school y creo que hay que usarla cuando el periodista se convierte en actor -definió, por su parte, Enriquez-. Y yo también me saqué las ganas con la primera persona en un libro, en Alguien camina sobre tu tumba”.
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Consultada sobre el tipo de “compromiso” que sienten como escritoras con la realidad, Enríquez planteó la paradoja alrededor de la ciencia ficción que, si bien durante muchos años fue vista como un género de evasión, pudo dar cuenta de la Guerra Fría con mucha astucia y llegar a muchos lectores por ser un género popular.
Toutonian las consultó sobre su deseo de no ser madres, un tema sobre el que ambas escribieron y sobre cómo leen la tendencia editorial de publicar libros de ficción y no ficción vinculados a lo maternal. “Hay todo un mercado de la maternidad. Yo no tengo el menor interés en los chicos, pero me entero igual por el mercado. Creo que esto viene a partir de una mayor visibilidad del mundo de las mujeres, y entonces es algo más de lo que se les ofrece. Es muy de la época y son cosas con las que no tengo conexión, pero el mercado desborda y me sigo enterando”, propuso Enriquez como hipótesis.
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Guerriero advirtió que la inquieta como, en forma paralela a esa percepción de lo maternal, creció en los últimos años un relato incorrecto de la maternidad y una reacción posterior muy encendida contra esos libros. “Y la verdad venimos de mil años de congraciar la maternidad y sin embargo ahora estamos hartas de esos relatos. Me dio un poco de pesar escuchar esa queja.
Tras casi una hora de charla, Toutonian las despidió con un saludo televisivo: “El tiempo es tirano”. Ellas, que saben cuánto se juega en el registro y en las palabras, respondieron en sintonía. “Como te ven te tratan”, aportó Enríquez. “Y si te ven mal, te maltratan”, cerró Guerriero.
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Fuente: Télam
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