Llegó el momento del estreno de Entre hombres, algo postergado por esas cosas de la pandemia y los tiempos de la industria del entretenimiento. Desde este domingo se podrá ver en la señal premium HBO y en la plataforma de streaming HBO Max, la miniserie que contempla ciertos tópicos habituales del policial negro y que, sin embargo, se corre hacia los márgenes más filosos del género. Estos cuatro capítulos impactan por su ritmo vertiginoso, a caballo de situaciones violentas, lenguaje explícito y como suele decir el aviso legal que antecede a este tipo de programas, “consumo de sustancias tóxicas”.
Con esos explosivos ingredientes que ya estaban en la novela bestseller de hace 20 años escrita por Germán Maggiori, el director Pablo Fendrik (El asaltante, La sangre brota, El ardor y la serie, también de HBO, El jardín de bronce) cuenta una historia que vincula sexo, drogas y… poder político, que muchas veces se vuelve un rock and roll (no hace falta recurrir a ejemplos muy lejanos, ni en el tiempo ni en la distancia para comprobarlo).
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Hay un capo del conurbano bonaerense que se llama “El Tucumano” (Claudio Rissi, pintado para el personaje) y que contrata a dos travestis y a una chica para una full-fiesta con un senador nacional, un juez federal y un poderoso banquero. Vaya trío. En medio del descontrol, la chica muere por sobredosis. Y hay que ocultarlo, dada la entidad de los participantes. Ahí aparecen dos policías dispuestos a todo (Gabriel Goity y Diego Velázquez, impecables en la caricatura) para resolver el caso pero claro, sin tocar ningún interés y mucho menos, involucrar a celebridades del establishment, evidentes partícipes del hecho.

La potente trama circula, casi siempre de noche por ese mundo marginal y peligroso que vincula al vicio con el delito. Hay caravana por tugurios de toda clase y van apareciendo personajes laterales de distinto pelaje, interpretados magistralmente por actores de la talla de Pompeyo Audivert, Luis Machín o Norman Briski entre otros. El resultado es una montaña rusa de escenas jugadas, en el estilo pulp que remite a la estética del cine de matones de Guy Ritchie o Quentin Tarantino. Y no le queda mal, por cierto. Entre hombres tuvo su bautismo de prestigio el año pasado en la Berlinale y ahora llega a las pantallas con su aura de policial negro del conurbano bonaerense. De todo esto parece muy satisfecho Maggiori, quién hace rato —y por eso se ríe en la entrevista con Infobae Cultura—- dejó de ser el “joven escritor exitoso” que sorprendió al continente con su novela en 2001, cuando ganó el premio “La Resistencia/Alfaguara” en México.
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Él mismo escribió los guiones de estos cuatro capítulos que reflejan el espíritu y la impronta de su narración. “La calidad del material que se estaba haciendo y la entrega de todo el equipo que estaba alrededor, me terminaron de convencer. Tuve la oportunidad de ir a un par de jornadas de rodaje y fue increíble. Uno cuando arranca en una adaptación así, por ahí no tiene la dimensión clara de lo que implica. Y el resultado está a la vista”, dice Maggiori sobre la miniserie. “Yo había tenido propuestas de adaptación previas a la de HBO, de Pol-Ka, en realidad, para hacerlo a formato de largometraje. Ninguna me había terminado de convencer en el sentido de que todas implicaban, de alguna manera, cercenar parte del material. En la adaptación se iba a perder algo que tenía la novela en cuanto el desarrollo de las distintas tramas y los personajes. Había que comprimir demasiado para hacer un largo de una extensión normal, digamos… Entonces surgió esta posibilidad y ahí me gustó porque tuve la libertad de presentar la adaptación como me pareció que debía hacerse”.

—¿Cómo fue trabajar con Pablo Fendrik?
—Fue muy importante su mirada. No solamente hizo su trabajo del director y se despegó del proyecto, sino que se comprometió a full. Está a la vista su impronta, su manera de narrar y ciertas cosas que aportó. Eso me parece que sumó al resultado final. Es la novela, porque está la novela contada como yo quería, pero al mismo tiempo tiene un aporte extra de un grupo de gente talentosa encabezada por Pablo. Así que todo me cerró.
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—¿Crees que se adaptó bien a un contenido de proyección internacional el aire evidentemente “porteño” y “argentino” de la historia? Hasta por el tipo de lenguaje que se utiliza…
—Ese es otro condicionamiento que no existió nunca, porque cuando empiezan estos procesos capaz que tratan también de, digamos, eliminar el “color local” o llevarlo a un lugar en el que pueda pasteurizarse, de tal manera que sea asequible a todas las audiencias. Eso no sucedió, y se va a notar cuando lo vean. Toda la riqueza de lenguaje, de slang, de jerga de bajomundo sigue estando. Y por momentos, yo me imagino que para un espectador extranjero se entenderá todo en función del contexto del relato, pero también va a resultar muy llamativo. Me gustó el hecho de poder mantener la esencia de la novela, ese “rescate” de una lengua baja que es -para decirlo de alguna manera- la marca de estilo que tiene. Si uno lo piensa en términos narrativos y tal, empezás a ver que tiene una impronta ultra local, un anclaje muy fuerte en una cultura de bajomundo porteño. Pero al mismo tiempo eso lo hace también internacional…
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—Esta es una “era dorada” de las series, pero supongo habrás arrancado con cierta precaución al observar cómo resultaba una adaptación de tu novela.
—Las series, por generalizar, resultan ahora un lugar de prestigio en un medio -la televisión- que antes estaba “desprestigiado” o era visto de costado por la literatura. Hay una cierta efervescencia y una potencialidad para explotar cosas que antes no estaban tan a la mano. Y siempre es desafiante poder probarse en este formato, en donde otros han salido tan victoriosos como en las series que hicieron historia hace más de 20 años, no sé, The Wire, Los Soprano… Soy sincero si digo que esos ejemplos fueron los que me impulsaron a tomar la decisión de decir que sí a la adaptación de mi novela.
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