La belleza de la semana: de Botticelli a Klimt, las obras que convirtieron a la primavera en una gran musa de la pintura

Un recorrido por cuadros de distintos siglos muestra cómo varios artistas imaginaron la estación entre diosas, flores, columpios y paisajes, con guiños a la mitología, la vida cortesana y hasta el trabajo rural

Cuatro obras pictóricas contiguas que presentan un rostro floral, campesinos en el campo, una pareja en un columpio y una mujer con flores.
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“Un Color se alza fuera

sobre Campos Solitarios

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del que la Ciencia no puede capturar

pero la Naturaleza Humana siente"

Este verso de la poeta estadounidense Emily Dickinson

El recorrido empieza por la obra más conocida sobre el tema que, obviamente, se llama La primavera. La pieza icónica de Sandro Botticelli, realizada entre fines de la década de 1470 y comienzos de 1480, situó a la alegoría de la estación en un naranjal en flor poblado por figuras de la mitología clásica, como las Tres Gracias, Cupido y una figura femenina central, la protagonista, a quien se debe el nombre de la obra.

"La Primavera", de Sandro Botticelli
"La Primavera", de Sandro Botticelli

En el extremo derecho aparece Céfiro, personificación masculina del viento de marzo, que persigue a la ninfa Cloris, de cuya boca ya brotaron flores. Botticelli superpuso a Flora, diosa de la primavera, sobre la joven: viste un traje y una corona de flores mientras las esparce por el suelo.

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En la serie Las cuatro estaciones de Giuseppe Arcimboldo (1526-1593), que produjo entre 1563 y 1573, el pintor milanés convirtió cada estación en un retrato de perfil compuesto por elementos vegetales. De ese conjunto solo sobrevivieron las pinturas originales de invierno y verano, mientras que la primavera se conserva dentro de una serie copiada que fue enviada a Felipe II de España.

Busto de perfil compuesto por flores en el rostro y la cabeza, con un cuello de margaritas y vestimenta de hojas verdes sobre fondo negro
Reproducción de "La Primavera" de Giuseppe Arcimboldo, conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

En esa versión, la figura femenina de Primavera quedó formada por pétalos y capullos de rosas para la piel, lavanda en las cejas, bayas de belladona en los ojos y un ramo como cabello. Las hojas de fresa, las de lechuga y otros vegetales construyeron su vestimenta verde, en una imagen destinada a entretener a las cortes europeas.

Em 1633, Pieter Brueghel el Joven tomó un dibujo inconcluso de su padre, Pieter Bruegel el Viejo, para su Primavera, en la que vinculó la estación con las labores agrícolas, extendiendo así la tradición de su progenitor que ya había realizado una serie sobre los meses, de la cual sobreviven cinco pinturas.

Pintura clásica con campesinos que trabajan la tierra con palas, podan plantas, reparan estructuras y cuidan un rebaño de ovejas
Pieter Brueghel el Joven tomó un dibujo de su padre para "Primavera" (Museo de Bellas Artes de Montreal)

La escena integró a las personas dentro de un paisaje con ganado, árboles en flor y un río sinuoso y que se entiende dentro de una tradición de representar los meses a partir de ilustraciones calendáricas de manuscritos medievales.

La veneciana Rosalba Carriera realizó varias versiones de Primavera durante los primeros años del siglo XVIII, dentro de sus alegorías femeninas de las cuatro estaciones. Una de sus versiones de invierno también funcionó como autorretrato.

Pintura de una mujer con cabello castaño y flores, vestida con manto azul y túnica blanca, que sostiene una flor con los dedos
La "Primavera" de Rosalba Carriera (Museo del Settecento Veneziano)

La piel blanca y tersa de sus figuras, los pliegues suaves de las telas y las flores respondieron a los ideales de belleza femenina de Europa occidental de su tiempo, donde la artista tuvo un papel central en la difusión del pastel.

Todo vieron alguna vez a El columpio, de Jean-Honoré Fragonard, en los libros de historia del arte. Y es que esta obra, de 1767, oscila entre lo bello y lo inquietante, presentando a una risueña mujer aristocrática con un vestido rosa de amplios volados, que es impulsada por un hombre que podría ser su esposo, mientras debajo de ella, otro hombre, la observa desde una posición oculta.

“El columpio” - Jean-Honoré Fragonard
El columpio, de Jean-Honoré Fragonard (Wallace Collection)

El cuadro formó parte de tres escenas que el pintor dedicó a mujeres sobre columpios. En ellas, la diversión cortesana sugirió cortejo e intimidad mediante situaciones de apariencia inocente.

También con un columpio como elemento, Pierre-Auguste Cot presentó su Primavera en el Salón de París de 1873, el mismo año en que la pintó, donde incorporó estos versos: “¡Oh primavera, juventud del año! ¡Oh juventud, primavera de la vida!”.

Un hombre y una mujer vestidos con túnicas ligeras se abrazan mientras están sentados en un columpio entre los árboles
Una pareja de jóvenes se abraza sobre un columpio en la obra "La primavera" del pintor Pierre Auguste Cot (Met)

La obra revela a una pareja joven que se columpia con un gesto íntimo: el vestido de la mujer se mueve, aunque ambos cuerpos permanecen quietos. Durante los 150 años posteriores a su creación, la imagen circuló en impresiones, postales, tazas y otros formatos de reproducción.

Vincent van Gogh pintó Pesca en primavera en 1887, junto al Sena, en el Pont de Clichy, cerca de Asnières, en una obra que reflejó su amistad y admiración por Paul Signac, con quien trabajó allí en varias ocasiones.

Un hombre sentado en un bote verde sobre un río, con otra embarcación en primer plano, árboles a la izquierda y un puente al fondo
"Pescando en primavera, el puente de Clichy (Asnières)" de Vincent van Gogh, en el Instituto de Arte de Chicago en Estados Unidos

El neerlandés conoció en 1886 las obras puntillistas de Signac y Georges Seurat en la exposición de los impresionistas, aquel encuentro cambió para siempre su técnica y comenzó el camino hacia su postimpresionismo que le daría celebridad postmortem.

Flora, de la prerafaelita Evelyn De Morgan, se realizó en 1894 y tomó como referencia la Primavera de Botticelli construyendo a partir de la diosa de la primavera y de Florencia, quien aparece rodeada por vegetación, flores, aves y ropajes, y en la que aplicó óleos de color sobre pan de oro, un método propio inspirado en retablos medievales de la ciudad.

Evelyn De Morgan
La versión de Evelyn De Morgan (The De Morgan Foundation en el Reino Unido)

De Morgan vivió en Florencia durante los inviernos desde 1890 y pintó la obra para William Imrie, un magnate escocés del transporte marítimo y propietario de White Star Line, famosa en la historia por el Titanic. El pergamino situado al pie de la pintura aludió a Escocia, ciudad natal de su mecenas.

Otro pintor británico, John William Waterhouse, también vinculado a los prerrafaelitas, realizó Una canción de primavera, en el que una mujer pelirroja -muy presentes en este movimiento por su asociación con la pasión- surge con los pechos descubiertos, como evocación de la vitalidad y fertilidad, entre la naturaleza y los niños.

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"Una canción de primavera", de John William Waterhouse (colección privada)

Jardín italiano, de Gustav Klimt, 1913, es una pintura al óleo sobre lienzo vinculada al Art Nouveau. El paisaje reunió flores rosas, rojas y blancas entre el follaje verde, con un tratamiento centrado en las texturas y los patrones.

La pintura combina el detalle naturalista con una sensibilidad decorativa y convierte el paisaje en una exploración de los patrones y las superficies como formas de expresión artística. Se puede observar, además, cómo el estilo que el austríaco utilizó para sus famosos retratos se desprender de la composición, casi como arrastrándaso en lo compositivo.

Gustav Klimt
La obra de Gustav Klimt se encuentra en el Kunsthaus Zug, de Suiza

La composición está casi por completo cubierta de vegetación, con poco espacio vacío, lo que genera una sensación envolvente. En la esquina superior derecha apenas se distinguen elementos estructurales, posiblemente partes de un edificio o de una construcción de jardín, ocultos por el crecimiento vegetal; las pinceladas tienen una textura dinámica y la disposición de las flores sugiere movimiento, como si una brisa recorriera el conjunto.

José Américo Malanca
La obra de José Malanca, circa 1949-1954, en el Museo Evita Palacio Ferreyra, Córdoba, Argentina

Finalmente, una obra argentina, en manos de José Malanca, quien abordó el tema en Las cuatro estaciones, en una serie realizada en un mismo paisaje para registrar los cambios de luz y matices a lo largo del año.

Reconocido por su obra paisajística dentro del posimpresionismo, la obra fue realizada cuando el ya se había mudado de forma permanente a su quinta Huerta de los Álamos, a 15 kilómetros de Río Ceballos, luego de una carrera que lo había llevado por Europa para perfeccionarse, influenciado por la obra del italiano Giovanni Segantini, y una constante participación en los salones nacionales.

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