
Dos caballos de bronce creados por el artista Josef Thorak para Adolf Hitler, que decoraban la entrada de la Cancillería de Berlín durante su régimen, fueron recuperados por Alemania. Tras un acuerdo judicial al que se llegó luego de que las icónicas obras del nazismo, que durante años se creyeron destrozadas, fueran descubiertas en propiedad de un coleccionista particular en el año 2015, las esculturas ya integran el patrimonio del Gobierno alemán.
De enormes dimensiones (tres metros de altura), los caballos de Thorak se creían destruidos por la artillería rusa en abril de 1945, pero gracias a una investigación del detective Arthur Brand –lo llaman el “Indiana Jones del mundo del arte”– se descubrió que las piezas habían sido adquiridas por un coleccionista privado tras ser abandonadas en una base militar soviética, informó la agencia de noticias DPA.
Tras una redada policial en el año 2015, la policía encontró los caballos junto con obras de los escultores Arno Breker y Fritz Klimsch, también apreciadas por los nazis, en un depósito de una persona que fue acusada de traficar con bienes federales obtenidos de manera ilegal.

En ese entonces, Alemania reclamó las obras alegando que habían pasado a ser de su propiedad tras la Reunificación alemana, mientras que el empresario demandado aseguraba haberlos adquirido de manera legal.
Los caballos, que Hitler podía ver desde su ventana en la Cancillería, habían sido vistos por última vez en la llamada República Democrática Alemana antes de la caída del Muro de Berlín. Si bien durante muchos años se creyeron perdidos y destrozados, una investigación liderada por Brand –narrada en el libro Los caballos de Hitler– encontró una pista que cambió la historia de lo que se creía.

Desde entonces, Alemania disputó la tenencia de las obras y luego del fallo judicial el Gobierno manifestó en un comunicado su intención de exponer los caballos al público, según lo citado por el medio español ABC.
“No queda mucho de la Cancillería del Reich, que ocupaba un lugar muy destacado en la propaganda nazi”, afirmó en ese texto Stephan Klingen, historiador del arte del Instituto Central de Historia del Arte de Múnich, quien agregó: “Estos caballos deben estar en un museo, no en el sótano de un coleccionista privado. Es mejor que podamos verlo”.
Fuente: Télam
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