
I
En el siglo III, alrededor del año 248 d. C., se conmemoró el milenio de la fundación de Roma. En algunos lugares las festividades se tornaron violentas, como en Alejandría. La furia de la muchedumbre se convirtió en ira, y se cometieron sangrientas atrocidades contra los cristianos, que las autoridades del entonces emperador Filipo I no se esforzaron por detener.
Entre las víctimas estaba una joven alejandrina llamada Apolina.
Hija de un calificado funcionario de la ciudad, había recibido una educación de excelencia con el plus de tener a su disposición la Biblioteca de Alejandría, lo que reforzó sus dotes intelectuales. Según dice la tradición, se convirtió al cristianismo al saber que su madre rezaba a la virgen María para poder concebir.
Predicó la fe cristiana durante casi toda su vida, lo que la llevó a ocupar uno de los grados máximos de la jerarquía católica para una mujer: dictante de catequesis y presbítera. Era una figura importante, todos la conocían.
II
Durante las festividades del milenio de Roma se la acusó de promover un levantamiento contra la autoridad romana. No hubo tiempo para defenderse. El castigo corporal fue arrancarle todos sus dientes. Por eso, al santificarla, se la consideró la patrona de los odontólogos.
El obispo Dionisio, que también era poeta, relató la escena: “En ese tiempo Apolonia, parthénos presbytis [probablemente se refiere al cargo de diaconisa], era considerada importante. Estos hombres la agarraron también y con repetidos golpes rompieron todos sus dientes”.
Y continúa: “Entonces amontonaron palos y encendieron una hoguera afuera de las puertas de la ciudad, amenazando con quemarla viva si ella se negaba a repetir, después de ellos, palabras impías, como blasfemias contra Cristo o invocación a dioses paganos. Por petición propia, fue entonces ligeramente liberada, saltando rápidamente en el fuego, quemándose hasta la muerte”.
II
Su historia conmovió a todo el mundo durante los siglos posteriores y se convirtió en un emblema del cristianismo. Francisco de Zurbarán, uno de los más destacados pintores del Siglo de Oro español, la representó en una obra de 113 centímetros de alto y 66 de ancho, un óleo sobre lienzo pintado en 1636 que desde 1867 se encuentra en el Museo del Louvre, en París, Francia.
Zurbarán fue contemporáneo y amigo de Velázquez, y un importante referente en la pintura religiosa donde da muestras de su gran fuerza visual y su profundo misticismo. También fue un artista representativo de la Contrarreforma. Su influencia más temprana es Caravaggio y su estilo fue evolucionando hasta aproximarse a los maestros manieristas italianos. Lejos del realismo de Velázquez, el énfasis de este artista está en el modelado claroscuro con tonos más ácidos.
Pintó muchas santas. Tal vez los cuadros más importantes de esta serie sean Santa Águeda y Santa Margarita. A Santa Apolonia se la suele representar con dos elementos clásicos: en una mano una tenaza (se cree que con esa herramienta extirparon sus dientes) y en la otra una bandeja con sus dientes.
En su Santa Apolonia de 1636, Zurbarán optó sólo por la tenaza.
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